17SEP26 – MADRID.- La muerte de Vidal Peña García, fallecido en Oviedo el 11 de septiembre de 2026 a los 85 años, supone la desaparición de una de las figuras más relevantes de la filosofía española contemporánea y de la llamada Escuela de Filosofía de Oviedo.
Catedrático de Filosofía de la Universidad de Oviedo, investigador, traductor, profesor y también profundo conocedor de la música y la ópera, Peña desarrolló una trayectoria intelectual caracterizada por la erudición, el rigor conceptual y, especialmente, por su extraordinario conocimiento de Baruch Spinoza.
Nacido en Oviedo el 1 de enero de 1941, su formación universitaria fue inicialmente singular. Se licenció en Derecho en 1962 y posteriormente en Filosofía y Letras, en la sección de Filología Románica, en 1967; en ambos casos obtuvo el Premio Extraordinario de Licenciatura.
Durante sus primeros años universitarios ejerció como profesor ayudante de Derecho Romano, pero su interés por la filosofía fue creciendo progresivamente, en un contexto especialmente positivo: desde 1960, Gustavo Bueno era catedrático de Filosofía en la Universidad de Oviedo.
La relación intelectual con Bueno fue decisiva. En 1972, Peña se doctoró en Filosofía con una tesis titulada El materialismo de Espinosa, dirigida por Gustavo Bueno. Aquella investigación no fue simplemente un trabajo académico sobre un filósofo clásico: constituyó el fundamento de una de las líneas esenciales de toda su trayectoria intelectual. En 1974 apareció publicada como El materialismo de Spinoza. Ensayo sobre la ontología spinozista, convirtiéndose en una obra de referencia para comprender la interpretación materialista de Spinoza desarrollada desde Asturias.
¿Qué encontraba Vidal Peña en Spinoza? Fundamentalmente, un pensamiento capaz de enfrentarse radicalmente a las concepciones dualistas y espiritualistas de la realidad. Spinoza permite pensar la realidad como una totalidad necesaria, sin recurrir a un mundo trascendente separado del mundo material.
Su concepto de sustancia, su crítica de la libertad entendida como indeterminación absoluta y su concepción de los seres humanos como parte de la naturaleza constituyen problemas filosóficos que Peña estudió con extraordinaria profundidad.
Pero su interés por Spinoza no se reducía a la metafísica. También investigó la relación entre necesidad, razón, libertad y felicidad. En Spinoza, comprender la necesidad no significa resignarse pasivamente al mundo, sino alcanzar una forma superior de libertad mediante el conocimiento. De ahí el interés de Peña por cuestiones como la alegría, las pasiones y el orden racional.
Entre sus trabajos se encuentra precisamente Espinosa: orden geométrico y alegría, que muestra cómo su lectura del filósofo holandés se extendía desde la ontología hasta la ética. Otro aspecto fundamental de su trayectoria fue su labor como traductor e intérprete de los clásicos de la filosofía moderna. Tradujo y prologó obras de Spinoza y Descartes y su traducción de la Ética de Spinoza para Alianza Editorial adquirió especial prestigio.
Su trabajo tenía una importancia filosófica que iba más allá de la traducción lingüística: traducir a un filósofo significa decidir cómo deben entenderse conceptos fundamentales y, por tanto, interpretar filosóficamente el texto. Vidal Peña fue también un historiador de la filosofía en un sentido profundo. No entendía la historia de la filosofía como una simple sucesión de doctrinas y autores. Su producción muestra interés por Aristóteles, Spinoza, Wittgenstein, el pensamiento moderno, la idea de progreso y las relaciones entre filosofía, literatura y ciencia.
Dialnet recoge una producción que incluye libros, artículos académicos dedicados tanto a problemas metafísicos como históricos y culturales. Su trayectoria universitaria culminó en 1982, cuando obtuvo la Cátedra de Filosofía de la Universidad de Oviedo, institución en la que prácticamente desarrolló toda su carrera hasta su jubilación en el año 2011. Pero quizá su legado más importante no se encuentre solamente en sus publicaciones, sino en sus clases. Quienes fueron sus alumnos destacan precisamente su capacidad para explicar problemas filosóficos complejos con enorme claridad y su extraordinario dominio de la historia de la filosofía.
Y existe una dimensión de Vidal Peña que resulta particularmente interesante: la música. Fue un apasionado de la ópera, escribió crítica musical, colaboró en programas de temporadas operísticas y reflexionó sobre las relaciones entre filosofía, literatura y música. En La razón siempre a salvo abordó precisamente esas conexiones. Su conocimiento de la ópera llegó a ser considerado excepcional incluso por personas estrechamente vinculadas al mundo musical asturiano.
En definitiva, Vidal Peña representó una concepción de la filosofía como investigación rigurosa de los problemas fundamentales de la realidad. Su legado puede resumirse en tres grandes dimensiones: el estudio materialista de Spinoza, la enseñanza rigurosa de la historia de la filosofía y la apertura de la filosofía hacia la cultura.
Fue un filósofo que hizo de la universidad su espacio natural, pero que no redujo el pensamiento a las aulas. Y quizá esa sea una de las mejores formas de recordar a un profesor: no solamente por las generaciones de estudiantes a quienes enseñó a pensar con mayor rigor.
Aunque Vidal Peña perteneció a una generación intelectual anterior a la expansión de la inteligencia artificial y del actual mundo digital, su reflexión filosófica es valiosa para afrontar algunos de los problemas que plantean las nuevas tecnologías. Especialmente, su defensa de la racionalidad y el pensamiento crítico.