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San Juan de la Cruz celebra su Jubileo en 2026

Por Jesús Caraballo

Jueves 27 de agosto de 2026

27AGO26 – MADRID.- San Juan de la Cruz, el gran poeta místico y reformador de la Orden del Carmelo Descalzo -en su rama masculina-, junto con su gran amiga y también abulense Santa Teresa de Jesús -ésta impulsora de la reforma carmelitana-, celebra este 2026 un Jubileo especial, bajo el lema “La esperanza tanto alcanza cuanto espera”, con motivo del tercer centenario de su canonización, decretada en 1726 por el Papa Benedicto XIII, y el centenario de su proclamación como Doctor de la Iglesia, proclamada por el Pontífice Pío XI, en 1926.



Hasta diciembre de este año, quien lo desee puede ganarse la indulgencia, siguiendo las disposiciones habituales, en alguna de las sedes dispuestas para la ocasión: Ávila (Basílica de La Santa), con la que mantuvo una estrecha relación, al igual que con Teresa de Jesús; en la Iglesia conventual de las Carmelitas Descalzas de Duruelo (Blascomillán); en la localidad abulense de Fontiveros, su lugar natal, en la Parroquia de San Cipriano (conserva la pila bautismal); en la Iglesia Oratorio del Convento de los Carmelitas Descalzos de Úbeda (Jaen), donde desarrolló buena parte de su labor y entregó su vida, y Segovia, que guarda sus restos morotales (Iglesia de los Carmelitas Descalzos).

El lema para este acontecimiento, “La esperanza tanto alcanza cuanto espera”, está tomada de uno de los poemas más famosos del gran místico español, y expresa la gran hondura de la esperanza cristiana.

La relación del Santo con Ávila fue especialmente intensa. Para empezar, Juan de Yepes Álvarez nació en Fontiveros. Allí, siendo aún niño, pierde a su padre. La familia, viéndose en situación apurada, debe trasladarse a Medina del Campo. Allí se despierta su temprana vocación religiosa, pero dada la falta de recursos de su familia, debe ingresar en calidad de pobre, en el Colegio de la Compañía de Jesús. Luego cursa Teología en Salamanca.

En 1567, conoce a Teresa de Jesús, e inmediatamente, coinciden ambos en la necesidad de reforma que precisaban las órdenes monacales, ya que algunas habían caído en cierta disolución de las costumbres. En realidad, la Reforma que luego se atribuirá al hereje Lutero, se emprendió mucho antes en España, de la mano de La Santa, que muy merecidamente fue proclamada como primera Doctora de la Iglesia.

Ella fue quien emprendió la reforma de la Orden del Carmelo, secundada en seguida por su gran admirador San Juan de la Cruz, con quien forjaría una estrechísima amistad. Precisamente esa amistar hace que el santo de Fontiveros pase largas temporadas en la Ciudad de los Caballeros, residiendo en el Convento de la Encarnación, donde ejerce como confesor. Una tarea que apuntaba ya maneras de su santidad, lo cual trascendió al resto de conventos de la ciudad.

Además, ese retiro le proporcionó, según reconoció el propio San Juan de la Cruz, la paz que habría de influir de forma decisiva en sus escritos, y que le llevarían a encumbrarle como uno de los grandes literatos místicos de la religión Católica.

La ciudad de Ávila le rinde justo reconocimiento a este insigne abulense, con una estatua suya, en la Plaza del Corral de Campanas, muy cerca de la Basílica de Santa Teresa de Jesús.