07AGO26 – MADRID.- Fue el filósofo que mostró cómo el poder moldea nuestras vidas. Michel Foucault nació en 1926 en Poitiers (Francia) y falleció en 1984 en París, a los 57 años. Es un pensador que ha elaborado una historia de las ideas que ha influido decisivamente en la filosofía de los siglos XX y XXI.
Demostró que el poder no actúa únicamente mediante la fuerza, sino también a través del conocimiento, las instituciones y las normas sociales.
Estudió en la prestigiosa Escuela Normal Superior donde recibió una sólida formación en filosofía, psicología e historia.
Durante su juventud atravesó profundas crisis personales, pero su brillante capacidad intelectual le permitió desarrollar una obra original que influyó en varias generaciones de investigadores. Fue profesor en diversas universidades francesas y extranjeras y, desde 1970 hasta su muerte, ocupó la Cátedra de Historia de los Sistemas de Pensamiento en el prestigioso Collège de France.
Su método consistió en estudiar históricamente cómo cambian las formas de pensar y cómo las instituciones producen determinadas maneras de comprender la realidad. Entre sus obras más importantes destaca Historia de la locura en la época clásica, donde analiza cómo la sociedad occidental fue modificando su concepto de la enfermedad mental y también que el internamiento de los considerados locos respondió tanto a criterios sociales como médicos.
En El nacimiento de la clínica estudió el desarrollo de la medicina moderna y la transformación de la mirada clínica sobre el cuerpo humano. Otra obra fundamental es Las palabras y las cosas. En ella sostiene que cada época posee unas estructuras profundas de conocimiento que determinan qué puede considerarse verdadero y qué no. Estas formas históricas de pensamiento cambian con el tiempo, produciendo auténticas rupturas culturales.
En su libro La arqueología del saber desarrolla con mayor precisión su método de investigación histórica. Afirma que las ideas no evolucionan simplemente por acumulación, sino mediante transformaciones que modifican profundamente los discursos científicos, filosóficos y políticos.
En su libro quizá más influyente que es Vigilar y castigar investiga el surgimiento de las prisiones modernas.
Inspirándose en el modelo del panóptico de Bentham considera que es evidente que las personas terminan controlando su propia conducta: porque sienten que pueden estar siendo observadas en cualquier momento. Actualmente, en la era digital todo lo que se realiza a través de internet y de los móviles queda registrado.
Según Foucault, el poder produce discursos constantes sobre la sexualidad clasificando comportamientos, creando categorías e influyendo en la forma en que cada individuo comprende su propia identidad. El núcleo de la filosofía de Foucault gira alrededor de una idea fundamental: el conocimiento y el poder están profundamente unidos y yo añadiría que el dinero. Desde su análisis el poder no debe entenderse únicamente como algo ejercido por el Estado o por los gobernantes.
El poder circula por toda la sociedad: aparece en la escuela, los hospitales, las cárceles, los cuarteles, las familias e incluso en las relaciones cotidianas entre las personas. En lugar de actuar solamente mediante la prohibición, produce costumbres, comportamientos y formas de pensar.
Durante sus últimos años desarrolló una nueva línea de investigación centrada en el cuidado de sí mismo. La filosofía griega y romana le sirvió para mostrar cómo los individuos pueden construir éticamente su propia existencia mediante prácticas de reflexión, autocontrol y libertad personal. Es la expresión de las posibilidades de la autonomía individual.
La influencia de Foucault ha sido extraordinaria.
Autores muy diversos han utilizado sus conceptos para analizar las instituciones modernas, los sistemas educativos, los medios de comunicación, la medicina y las nuevas formas de vigilancia digital.
También ha recibido críticas. Algunos consideran que concede demasiado protagonismo al poder y reduce la capacidad de los individuos para actuar libremente.
Otros le reprochan que no elaborara una teoría moral suficientemente sólida o que sus análisis históricos fueran, en ocasiones, discutibles. A pesar de ello, incluso muchos de sus críticos reconocen la enorme originalidad de sus investigaciones.
Considero que el poder pone límites, pero los sujetos poseen libertad de acción y esto es lo esencial. Las conductas humanas son más abiertas y diversas de lo que puede parecer siguiendo los planteamientos de Foucault. Esto se puso de manifiesto, por ejemplo, con la pandemia del coronavirus. El confinamiento de las personas para evitar contagios masivos fue muy difícil de realizar. Esto muestra de forma clara que la libertad humana supera numerosas barreras: algo que parece increíble, pero que sucede.
En pleno siglo XXI el poder del dinero está más presente que en el siglo XX y también la influencia de las grandes multinacionales y empresas. El poder económico está concentrado y domina la sociedad.
De todos modos, la libertad individual es lo esencial y es la verdadera fuerza de cada ser humano. Es lo que hace posible una existencia realmente humana en todos los sentidos.
La humanización de la vida es uno de los retos del siglo XXI en todo el mundo. El legado de Foucault invita a cuestionar críticamente aquello que suele darse por evidente y a reflexionar sobre cómo las formas de poder influyen en nuestra manera de vivir, pensar y comprender el mundo.