17JUL26 – MADRID.- El pasado 5 de julio, el presidente electo de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, tomó posesión por tercera vez de su cargo, al frente de un Gobierno de coalición formado por el PP y Vox.
Pacto de Gobierno entre PP y Vox
El 17 de mayo de 2026 se celebraron las elecciones autonómicas en Andalucía, que fueron ganadas por el PP con 153 diputados, seguido del PSOE con 28, Vox con 15, Adelante Andalucía con 8 y Por Andalucía con 5. Al PP le faltaron dos diputados para lograr la mayoría absoluta, por lo que Moreno no pudo formar un Gobierno en solitario cómo era su deseo, lo que era razonable dado que había ganado ampliamente en los comicios, sacándole 26 escaños de diferencia al PSOE y 38 a Vox, pero ni éste ni los partidos de la izquierda aceptaron abstenerse para permitir un Gobierno del partido ganador, por lo que tuvieron que iniciarse unas negociaciones nada fáciles entre el PP y Vox, que dijo que no iba a conceder nada gratis y puso un alto precio a su apoyo.
La única alternativa posible a la formación de un Gobierno de coalición era la repetición de las elecciones, una solución que el propio Moreno descartó, porque supondría un amplio periodo inestabilidad por la ausencia de un Gobierno durante varios meses y por la incertidumbre sobre el resultado de unas nuevas elecciones, ya que las urnas las carga el diablo. El pueblo andaluz había sido muy claro en su veredicto. Quería que siguiera gobernando el PP, pero no en solitario, sino apoyado en la muleta de Vox. Muy a su pesar y haciendo de tripas corazón, Moreno tuvo que optar por la única alternativa razonable y mantener negociaciones con el partido que estaba dispuesto a cederle sus votos, aunque fuera en términos leoninos. El presidente andaluz tenía además en su contra que el PP de Extremadura, de Aragón y de Castilla y León ya había firmado con Vox pactos de Gobierno con la venia del presidente nacional, Alberto Núñez Feijóo, quien -aunque dijera que dejaba la decisión en manos de su filial andaluza- ejerció una evidente presión sobre Moreno. Como ha comentado Manu Sánchez, “yo sosp+echo que a Juanma Moreno le ha sido muy difícil firmar este pacto de 150 puntos con Vox, pero creo que es algo firmado en Madrid, y que ha tenido que pasar por el aro”.
PP y Vox firmaron un “Pacto de Gobierno para la estabilidad en Andalucía“ y acordaron un programa al efecto, en el que Moreno ha tenido que tragar más de un sapo y aceptar algunos de los postulados ideológicos de Vox, especialmente en el ámbito de la inmigración. Como sus otros colegas, ha tenido que ondear el estandarte “voxiano” de la “prioridad nacional” -que había criticado durante la campaña electoral, calificándolo de eslogan vacío incompatible con la legislación andaluza-, si bien matizándolo debidamente -como en las otras Comunidades- al señalar que se trataba del “arraigo” o de una “prioridad andaluza” y que, en cualquier caso, siempre se aplicaría de conformidad con la ley. Mayor gravedad han tenido -más por su carácter simbólico que por su alcance práctico- las concesiones en materia de inmigración: “No más menores extranjeros no acompañados”; no construcción de centros de acogida, ni ampliación de plazas en los existente; fortalecimiento del régimen de seguridad en estos centros; favorecimiento de la devolución de los menores a sus países de origen; realización de auditorías anuales de los gastos provocados por la inmigración masiva; supresión de subvenciones a las ONG que promuevan la inmigración ilegal; oposición a la política migratoria del Gobierno; no participación en reformas normativas o en acuerdos presupuestarios destinados a facilitar, consolidar o financiar la entrada, acogida o permanencia de inmigrantes ilegales; negativa de acceso al empadronamiento a las personas que carezcan de un título habilitante de ocupación o de vivienda…
El candidato de Vox, Manuel Gavira, apuntó que el contenido del Pacto era de sentido común y garantizó que sería un socio leal. Moreno y Gavira subrayaron que se trataba de un acuerdo de estabilidad para toda la legislatura e incluyeron una “cláusula de lealtad”, que obliga a los dos partidos a garantizar que mantendrán la unidad de voto en todas las iniciativas que emanen del Gobierno. Como ha editorializado “El Español”, Moreno ha querido ahuyentar cualquier inquietud, al asegurar que la entrada de Vox en su Gobierno no alterará su aspiración transversal de seguir gobernando para todos. Renunció a su deseo de gobernar sin aliados con una resignación pragmática, que aconsejaba evitar una repetición electoral e incorporó a Vox al Gobierno mediante una fórmula que rebajaba el impacto de su presencia. Cedió a su exigencia de estar presente en el Gobierno de la Junta, pero lo ha hecho de manera minimalista aceptando un único representante, Gavira, al que ha concedido una vicepresidencia y una macro cartera que agrupa las competencias de las Consejerías de Justicia, Turismo, Administración Local y Desregulación, las mismas que tuvo el vicepresidente Juan Marín en el primer Gobierno de coalición con Ciudadanos, salvo la última de ellas, que es una cartera de escasa entidad. Solo gestionará unos €1.200 millones en un presupuesto de €51.600 millones, lo que supone tan solo el 2.3% del total. Se ha negado a concederle Consejerías importantes que reclamaba -como las de Agricultura, Políticas Sociales o Cultura- y además ha emparedado a Gavira entre otras dos vicepresidencias, una política -encomendada a su hombre de confianza, Antonio Sanz, vicepresidente 1°- y otra económica, a cargo de Carolina España, consejera de Economía y de Hacienda y portavoz de la Junta. También ha cedido un senador autonómico a Vox, un lujo que se podía permitir dado que el PP goza de amplia mayoría en el Senado. Moreno ha declarado que no va a abandonar la senda de la moderación y que la vía andaluza -inclusiva y no excluyente- seguirá vigente. Vox tiene ahora una oportunidad para mostrar que ha optado por la institucionalidad y abandonado su posición antisistema.
Reacciones al Pacto PP-Vox
De la firma del Pacto de Gobierno entre el PP y Vox y del subsiguiente desarrollo cabe extraer las siguientes conclusiones: 1) Victoria condicionada del PP: El electorado andaluz ha premiado a Moreno por su gestión y le ha abierto la puerta a que continúe presidiendo el Gobierno, pero siempre que lo haga con Vox, y -como reconoció el presidente- lo democrático era respetar la voluntad del pueblo. 2) Hipocresía de la izquierda: Pese a rasgarse las vestiduras ante el terrible peligro de que la ultraderecha de Vox accediera al Gobierno, el PSOE y la extrema izquierda se negaron hacer algo tan sencillo para evitarlo -y que estaba a su alcance- como la abstención de unos pocos diputados. 3) Enfrentamiento entre bloques: La polarización política impuesta por Pedro Sánchez, con la construcción de un muro infranqueable que excluía el acceso al poder de la derecha, ha llevado a un enfrentamiento entre dos bloques, del que está saliendo vencedor el bloque de la derecha según todos los sondeos, salvo el del CIS. 4.-Cambio radical en Vox: El partido de Santiago Abascal ha iniciado un cambio de rumbo, tanto en el plano interno, al acceder a participar en un Gobierno de coalición con el PP, como en el internacional, al criticar públicamente por primera vez a su ídolo Donald Trump por su desconsideración a Giorgia Meloni-. 5.-Anticipo de otro Pacto de Gobierno entre el PP y Vox a nivel nacional: Tras el previsible triunfo del bloque de la derecha en las próximas elecciones generales, se perfila la firma de un Pacto de Gobierno entre los dos partidos, y Feijóo ya se ha tragado su tajante afirmación de que nunca formaría un Gobierno con Vox.
La dirección nacional del PP emitió un comunicado en el que se congratulaba de “poder proteger a los andaluces de Gobiernos de izquierdas”, y afirmaba que “los cuatro procesos electorales que se han celebrado en España entre diciembre de 2025 y mayo 2026 se saldan con cuatro Gobiernos para el PP y con el PSOE destrozando su suelo histórico. Por tanto, salimos más fuertes y más preparados que nunca para volver a medirnos con el sanchismo en las urnas”. Como ha observado Jorge Bustos, el abrazo del oso es más eficaz que un cordón sanitario. Vox, por su parte, ha emprendido el camino de la institucionalización, al aceptar convertirse en el socio menor del PP. “De acusar al PP de ser el PSOE azul, a pactar cuatro gobiernos bajo premisa de absoluta mano tendida y, de alinearse con cada disparate de Trump, a criticarle abiertamente por su machistada contra Meloni”. Se ha resignado al posibilismo de la cohabitación y ”si media España aceptó que Pablo Iglesias fuera vicepresidente, la otra media tendrá que aceptar que lo sea Abascal”. Según “El Español”, aunque Vox haya dejado su impacto en algunos de los 150 puntos del Pacto, se trata de concesiones eminentemente retóricas, que -en virtud de los matices incluidos en el articulado- no obligan realmente a modificaciones sustanciales. La prioridad nacional figura en el Acuerdo únicamente como un rótulo con el que denominar lo que en su aplicación práctica no es sino la preferencia de quienes acrediten vinculación y permanencia en el territorio andaluz, un arraigo real, duradero y verificable. “El nuevo experimento de Gobierno es una oportunidad para que Vox demuestre que es capaz de aportar a la política española y ya no podrá disfrutar de la comodidad de criticar sin responsabilidad de gobierno. Se pondrá a prueba si es capaz de realizar una labor constructiva en la Junta como un partido adulto”. Para “El Mundo”, Feijóo no ha logrado emanciparse de Vox, pero, en cambio, ha puesto las bases para una relación aparentemente operativa con su socio radical, que finalmente ha optado por avanzar hacia la institucionalidad tras la deriva antisistema en la que estaba sumido. “El ciclo ha acabado por configurar una alternativa de gobierno con un partido mayoritario y otro complementario, que básicamente obtiene dos ganancias: la entrada al poder y la prioridad nacional”.
Han caído sobre el Pacto las críticas descalificadoras procedentes del PSOE y de la extrema izquierda -como es natural-, pero también de sectores no afines al Gobierno. Según Manuel Arias en “El Mundo”, para pactar con Vox, Moreno ha tenido que tragarse sus palabras y aceptar esa prioridad nacional contra la que se había revuelto inicialmente. “Se equivocan quienes veían en el líder andaluz un modelo alternativo de relación con la extrema derecha dentro del PP. No es el caso”. En “The Objective”, Román Cendoya ha afirmado que Moreno priorizó mantenerse en el poder a repetir elecciones, que era una respuesta firme en pro de la centralidad y para no ceder ante los extremistas -lo que era una pena porque los números lo permitían-, y Antonio Carro que el Pacto implicaba el desvanecimiento de cualquier esperanza de moderación en el centro político y el entierro definitivo del espíritu de la Transición. Javier Carballo ha hablado en “El Confiddencial” de “las falsedades racistas del pacto andaluz”. Incluso mi admirado Carlos Alsina -al que sigo asiduamente en su excelente programa “Mas de uno” en Onda Cero y al que voy a echar mucho de menos tras su “espantá”- no hizo gala de su habitual ecuanimidad, al pedir a Moreno que firmara de una vez con Vox un pacto que era inevitable pero que, una vez firmado, lo ha puesto a caer de un burro, calificándolo de “Brutus”, aunque no haya matado a ningún César “Tu quoque, Carlos?” .
¿Los pactos autonómicos entre el PP y Vox se repetirán a nivel nacional?
Amparada en su autoproclamada, pero falsa, superioridad moral, la izquierda ha establecido “ex cátedra” las reglas del juego democrático, y pontificado ” pro domo” en su catecismo laico que el PSOE puede pactar con partidos pro terroristas, sediciosos, independentistas, ultraizquierdistas, anticonstitucionales y corruptos de toda laya, e imponer un Gobierno Frankenstein ”anti natura”, pero el PP no puede acordar nada -ya que sería herético- con un partido como Vox, que -por caudillista y antipático que sea- nunca ha violado la Constitución, a diferencia del PSOE y de sus más incondicionales aliados, que lo hacen a diario. Lo peor del caso es que una derecha acomplejada -la que Abascal menosprecia calificándola de “derechita cobarde”- ha asumido esa supuesta inferioridad moral y, cuando accede al poder, no se atreve a derogar o a modificar las leyes adoptadas por los Gobierno de izquierdas, por injustas y disparatadas que sean.
Según ha mantenido Antonio Naranjo en “El Debate”, España no tiene un problema de extrema derecha, sino más bien el problema de una extrema izquierda alojada en el populismo y el separatismo, e instalada plenamente en el PSOE chiquito y matón de Sánchez, cuya única posibilidad de supervivencia pasa por avanzar por la hoja de ruta separatista y republicana. Esta tropa ágrafa y subvencionada considera más peligroso a Abascal que a Otegui, Junqueras y Puigdemont juntos, y más amenazante la prioridad nacional que una organización que ha costado torturas, vidas y exilios, y una reducción constante de los parámetros de libertad e igualdad en una parte de España. Su ”prioridad nacional” consiste en echar a los españoles del País Vasco y de Cataluña, para quedarse con España con el fin de esquilmarla, gracias a la complicidad de un presidente del Gobierno entregado a sus captores. Solo Sánchez tiene derecho a gobernar. “Si el PP no puede pactar con Vox, si el PSOE no puedo entenderse con el PP, y si Sánchez tiene derecho a rendirse ante Sumar, Podemos, Bildu, PNV, ERC o Junts, la conclusión es bien sencilla: En España queda abolida la alternancia”. Sin embargo, un pacto entre el PP y Vox no asusta ya en realidad a nadie, agrada a los votantes de ambos partidos y nace de un elemental sentido común. Uno preferiría no necesitar al otro, y el otro poder superar al uno, pero sus convicciones privadas no pueden contradecir lo que les une, ni ayudar a los que lo combaten. Si a ambos les preocupa tanto el sanchismo, nadie entendería que lo prolongaran por su falta de colaboración.
La situación de polarización, crispación y corrupción generalizada provocada por el Gobierno de Sánchez y por el partido que lo sustenta solo puede terminar mediante un acuerdo en el seno del bloque de derechas, como prevén todos los sondeos. De ahí, la oposición numantina del presidente en ejercicio a convocar unas elecciones anticipadas, a pesar de no tener presupuestos generales, ser incapaz de adoptar ninguna ley importante en las Cortes y carecer de apoyo parlamentario, por lo que ha decidido gobernar, no ya sin el Parlamento, sino contra el Parlamento. Para Ignacio Varela, el Parlamento es el corazón de una democracia parlamentaria, y si falla esa válvula y el Gobierno deja de contar con su confianza y no puede legislar, la única solución lógica y correcta es la convocatoria de elecciones generales para que el pueblo soberano se pronuncie y zanje la cuestión. Aunque vaya camino de ello, España no es aún un Estado autocrático, pero el PSOE sanchista sí es un partido autocrático que vulnera los principios más elementales de una democracia liberal, y además está sumido hasta el tuétano en la corrupción. A pesar de ello, sigue contando con un suelo mínimo del 20% del electorado, que lo apoya incondicionalmente por motivos sentimentales, aunque no esté de acuerdo con su actuación. Es el emocional e irracional “patriotismo de partido”, que le permite mantenerse como uno de los dos partidos sistémicos que llevan gobernando España desde que se estableció la democracia.
Sánchez ha obtenido los 5 peores resultados en la historia del PSOE y en las cuatro ultimas elecciones autonómicas el partido ha sufrido un tremendo varapalo. En las elecciones en Andalucía -antaño tierra de promisión en la que durante muchos años monopolizó el poder- el PP lo superó ampliamente, ganó en las 8 provincias y en 599 de los 785 municipios, le sacó 19 puntos y obtuvo 26 diputados más, pero -a pesar de los pesares- consiguió mantener un suelo de 22.7% de los votos, pese a las catastrófica situación que atraviesan el Gobierno y el partido, y a la endeblez de su candidata, la ex vicepresidenta del Gobierno, María Jesús Montero, que presumía de ser la mujer más poderosa de España. Su enorme sacrificio de “bajarse al moro” no le reportó ningún beneficio y obtuvo los peores resultados en la historia del PSOE andaluz.
Sánchez es un maestro en el arte de estimular los sentimientos patrióticos de los votantes socialistas, como demostró en las elecciones generales de 2023, en el que protagonizó la fábula de “Pedro y el lobo”. Esgrimiendo la alarmante amenaza de que venía el lobo fascista disfrazado de la abuelita de Vox, consiguió que “Caperucita-Feijóo” no obtuviera los votos necesarios para poder gobernar, ni siquiera con el apoyo del lobo, que tampoco se lo aseguró. Ahora la situación es bien diferente y el lobo -que se ha amansado y convertido en un perro de presa- ya no atemoriza a los habitantes del país y Caperucita está más cerca de comerse la tarta con la abuelita. Feijóo se ha caído del guindo y ha comprendido que no puede acceder al Gobierno sin el apoyo de Vox y. de ahí, su cambio de táctica, la firma de pactos de gobierno en cuatro Comunidades y los preparativos para un pacto decisivo a nivel nacional que le permita pernoctar en la Moncloa, aunque para ello tenga que dejarse algunos pelos en la gatera.
Hay intelectuales populares que tienen sus dudas sobre el Pacto, porque Vox no es de fiar. Según Miguel Ángel Quintanilla, abrazarse a Vox es suicida, porque se sustituiría un extremismo de izquierdas por otro de derechas y se formaría un Gobierno que sería al poco tiempo fallido. El PP no puede pactar con un partido que ataca las instituciones básicas del Estado, como la Corona o el régimen autonómico. Para el profesor Armando Zerolo, las derechas no suman porque el PP y Vox son dos productos distintos y, para gobernar con el PP, Vox le exige que deje de ser el PP. Sin embargo, las circunstancias han variado de forma notable y Feijóo tendrá que adoptar el principio estoico asumida por Sánchez de “hacer de la necesidad virtud” y aplicar el refrán popular“ del lobo, un pelo”. Al fin y al cabo, Feijóo y Abascal son lobos de la misma camada, dada la amplia militancia “pepera” de éste durante años y las muchas cosas que tienen en común, si bien aquél deberá prestar atención para no seguir su ejemplo en lo que Juan Diego Mandueño ha denominado su “caída en la marmita del populismo”. A juicio de Bustos, la integración constitucionalista de Vox podría ser más rápida, profunda y sincera que la presunta aproximación de Bildu, Junts, ERC o Podemos a la socialdemocracia española. Sánchez no se lo va a poner fácil con su intensa y rentable campaña de explotación del sentimiento emocional socialista para luchar a muerte contra la tragedia que supondría la restauración del fascismo a lomos de las derechas.
Conclusión
El PP ganó las elecciones andaluzas por goleada, pero le faltaron dos diputados para obtener la mayoría absoluta, por lo que no ha tenido más remedio que pactar con Vox con el fin de formar un Gobierno de coalición, el único posible. Como se ha sincerado Moreno, “aspiraba a tener una mayoría suficiente y no la hemos obtenido. Nos hacen falta dos escaños. Esa es la realidad y cerrar los ojos a la realidad sería un error. Los andaluces han hablado y nos han indicado que hay que buscar apoyos. No era lo que yo quería, pero éste ha sido el deseo democrático del pueblo andaluz y hay que respetarlo”. El pragmatismo y el sentido común se impusieron y los dos partidos del bloque de la derecha han firmado un Acuerdo, que es en buena medida un calco de lo ya acordado en otras tres Comunidades.
Los Acuerdos alcanzados por el PP y Vox en cuatro Comunidades y le evolución de Abascal hacia posiciones menos intransigentes y más colaboradoras presagian un Pacto de Gobierno entre los dos partidos de la derecha a escala nacional. Las bases ya han sido establecidas y solo falta concretarlas en un programa de Gobierno que afronte y solucione los muchos problemas heredados de un Gobierno inmerso en la corrupción y entregado a sus aliados independentistas, que apenas ha podido gobernar a lo largo de toda la legislatura por falta de apoyo en las Cortes. Según todos los sondeos -salvo en los papelucos del CIS- las próximas elecciones generales serán ganados por el bloque de la derecha, por encima del 50% de los votos y con más de 200 escaños. Con ello se podrá volver a la alternancia del poder, elemento esencial en un Estado de Derecho, principio que Sánchez ha ignorado y pervertido.
*José Antonio Yturriaga, Embajador de España, profesor de derecho diplomático de la UCM y miembro de la Academia Andaluza de la Historia.
(Enviado por José Antonio Sierra)
Madrid, 15 de julio de 2026