Aviación y Turismo

Cambre d'Aze: el Pirineo francés donde el verano también se vive sobre dos ruedas

Por: Gabriel L. Goold – desde Alicante

Jueves 16 de julio de 2026

15JUL26 – ALICANTE.-El Bike Park de Cambre d'Aze demuestra que una estación de esquí puede reinventarse sin perder su esencia. Naturaleza, deporte, gastronomía y un trato cercano convierten este rincón de la Cerdanya francesa en un destino ideal para quienes buscan montaña durante todo el año



Cuando pensamos en el Pirineo francés, lo primero que viene a la mente suele ser la nieve, el esquí y los deportes de invierno. Sin embargo, basta pasar unas horas en Cambre d'Aze para comprender que la montaña ha cambiado de estación, aunque no de atractivo.

Nuestra primera parada del viaje de prensa organizado por Trio Pyrénées nos llevó hasta una estación que ha sabido reinventarse apostando por un modelo turístico sostenible, familiar y abierto durante los doce meses del año.

La jornada comenzó en Saint-Pierre-dels-Forcats, a 1.640 metros de altitud, desde donde ascendimos en telesilla hasta el Chalet Sylvain, a 1.940 metros, con unas vistas privilegiadas sobre el espectacular circo glaciar de Cambre d'Aze, una de las joyas paisajísticas del Pirineo Oriental. Antes incluso de montar en bicicleta, el paisaje ya justificaba el viaje.

Una montaña pensada para todo el mundo

Durante la visita pudimos conversar con Llorenç Balart, jefe de explotación de Trio Pyrénées, empresa creada en 2021 para gestionar conjuntamente las estaciones de Cambre d'Aze, Formiguères y Porté-Puymorens. Su filosofía quedó resumida en una idea muy sencilla: convertir las tradicionales estaciones de esquí en destinos de cuatro estaciones, donde el visitante encuentre actividades durante todo el año.

El Bike Park de Cambre d'Aze cumple ahora su segundo verano abierto al público. Balart nos contó que algunas de las pistas ya existían de un primer intento de la estación por abrirse al mountain bike años atrás, y que hubo que recuperarlas y adecuarlas antes de sumarles, esta temporada, cuatro trazados completamente nuevos.

Lejos de competir por ser el Bike Park más extremo, Cambre d'Aze apuesta por la diversidad: aquí hay espacio para familias, para aficionados que se inician en el ciclismo de montaña y también para deportistas con un nivel técnico elevado. Balart nos explicó que el objetivo no es únicamente atraer a expertos, sino ofrecer un entorno donde cualquiera pueda descubrir este deporte con seguridad.

Mi estreno en el enduro

Confieso que afronté la actividad con cierto respeto: nunca había practicado enduro y desconocía realmente las diferencias con una bicicleta de montaña convencional. Tras recibir el equipo —casco integral, rodilleras, protecciones y una bicicleta específica equipada con suspensiones de largo recorrido y neumáticos de gran anchura— llegó el momento de comenzar.

La primera bajada fue por la pista Tippie Toppie, de perfil azul. Aunque está perfectamente acondicionada, para alguien que se inicia resulta una experiencia intensa, con curvas, desniveles y tramos entre vegetación que obligan a mantener la concentración desde el primer momento. Durante unos minutos comprendí que el descenso es mucho más técnico de lo que parece.

Después llegó el descanso. En el Chalet Sylvain, junto a la llegada del telesilla, recuperamos fuerzas antes de afrontar una segunda bajada, esta vez por Tutti Frutti, la pista verde de la estación: seis metros de ancho y hasta seis kilómetros de recorrido con muy poco desnivel, aprovechando parte del trazado que durante el invierno utilizan los esquiadores. Según nos explicó Balart, es un descenso tan suave que apenas hace falta pedalear, y perfectamente asequible para un niño a partir de seis o siete años.

La diferencia fue enorme: al disponer de mayor anchura, desaparece esa sensación de ir encajonado entre árboles y aumenta considerablemente la confianza del ciclista. Para quienes nunca han probado esta modalidad, considero que este tipo de recorridos son fundamentales, porque muchos aficionados abandonan la idea del descenso después de una primera experiencia demasiado exigente. Disponer de pistas progresivas, en cambio, permite aprender disfrutando.

Aprender desde pequeños

Otra imagen que llamó especialmente mi atención fue ver varios grupos de niños acompañados por monitores especializados. En grupos reducidos, de apenas cinco participantes, aprendían las técnicas básicas de conducción bajo la supervisión constante de sus instructores.

La estación también ofrece la posibilidad de contratar clases para adultos, una opción especialmente interesante para quienes desean iniciarse con seguridad antes de enfrentarse a recorridos de mayor dificultad. Porque el descenso no consiste simplemente en dejarse caer montaña abajo: hay técnica, preparación, control y un importante componente de seguridad detrás de cada bajada.

Un Bike Park para todos los niveles

El Bike Park dispone actualmente de recorridos adaptados a distintos niveles de dificultad, desde pistas verdes, ideales para principiantes y familias, hasta itinerarios rojos y negros destinados a ciclistas mucho más experimentados.

La apuesta de Cambre d'Aze resulta especialmente interesante porque evita la masificación y mantiene un ambiente tranquilo y cercano, muy distinto al de otros grandes centros turísticos de montaña. Precisamente esa cercanía fue uno de los aspectos que más destacó Balart durante la visita: aquí todo parece más personal, más humano, más auténtico.

Un dato confirma esta apuesta: la propia estación ha duplicado su oferta de trazados en apenas un año, pasando de seis a diez circuitos de enduro —dos negras ya terminadas, con una tercera en fase de acabado, cuatro rojas, dos azules y una verde—, con un equipo estable de seis shapers dedicados a mantener y ampliar los recorridos durante todo el verano. Cambre d'Aze permanecerá abierta hasta el 30 de agosto, con la remontée en marcha de 9:30 a 18:00 horas los siete días de la semana, y el casco integral es obligatorio en todo el dominio.

Gastronomía con vistas al circo glaciar

La jornada deportiva terminó alrededor de una buena mesa. En el restaurante Chalet Sylvain, a 1.940 metros de altitud, la oferta gastronómica mantiene un excelente equilibrio entre calidad y precio: probé un magnífico entrecot con patatas, aunque uno de los productos más representativos de la zona es el pato, presente incluso en la Burger au Canard.

Pero antes de sentarme a comer me detuve un momento en la terraza. Desde allí, el panel de orientación instalado junto al chalet permite identificar buena parte de las cumbres que rodean el valle: el Pic de Lorry (2.541 m), el propio pico de Cambre d'Aze (2.750 m), el Balaza (2.774 m) y, más al este, la Pica del Quer (2.286 m), con el pueblo de Eyne asomando a 1.770 metros al fondo del valle. En el centro de todo, imponente, el circo glaciar de Cambre d'Aze, tan protagonista del paisaje como cualquiera de las pistas que se descuelgan bajo sus paredes. Pocas veces un mirador transmite tanta calma después de un descenso técnico: es, sencillamente, disfrute y tranquilidad a partes iguales.

Los postres merecen un capítulo aparte. Por 4,50 euros, el banoffee —ese clásico de base de galleta, plátano, toffee y nata montada— se convirtió, sin duda, en uno de los mejores descubrimientos gastronómicos del viaje, acompañado de otra agradable sorpresa: la tradicional Perrier con sirop, una bebida muy popular en esta zona del Pirineo francés.

Junto a la barra, un cartel resumía bien el espíritu de la casa: el pack EndúGrill, por 35 euros, combina el forfait de un día de VTT con un menú completo a elegir entre grillades (entrecot, pollo marinado o salchicha) o burger (Montagnard, Crispy Rösti o la versión vegetal Végé Double Rösti), bebida incluida. Una fórmula sencilla, pensada para que el hambre después de varias bajadas no se convierta en un problema.

Cuando la montaña decide

Después de comer estaba previsto continuar la jornada y desplazarnos hacia Formiguères, la segunda estación del grupo Trio Pyrénées y la siguiente parada de nuestro viaje de prensa. Pero la montaña tenía otros planes.

En apenas unos minutos el cielo cambió por completo. Comenzó a granizar y la tormenta obligó a detener el telecabina; la organización suspendió la actividad prevista por motivos de seguridad.

Fue un recordatorio de que, en alta montaña, la naturaleza siempre marca el ritmo. Y quizá ahí resida parte de su encanto.

No llegué a pisar sus pistas, así que prefiero no inventar una experiencia que no viví. Pero sí puedo adelantar, con datos contrastados, lo que Formiguères tenía preparado para nosotros. La estación, situada entre los 1.500 y los 2.400 metros de altitud, ha apostado igual que su vecina por el enduro en bicicleta de montaña: dispone de dos pistas de BTT accesibles para todos los niveles y ha reabierto por segundo año consecutivo su telemix, que facilita el acceso al macizo de Camporells y a nuevos senderos habilitados específicamente para bicicleta. Un equipo de cuatro shapers trabaja allí durante el verano para seguir desarrollando el proyecto, hermano del de Cambre d'Aze dentro de la misma apuesta por el turismo de cuatro estaciones que nos detalló Balart. Quedará pendiente para una próxima visita, con mejor cielo.

Una experiencia para repetir

Llegué a Cambre d'Aze pensando que iba a conocer un Bike Park y me marché descubriendo una forma diferente de entender la montaña. No encontré únicamente bicicletas, senderos o remontes, sino una estación que apuesta por el turismo sostenible, por el deporte accesible y por un trato cercano que todavía conserva el carácter de las pequeñas estaciones pirenaicas.

Si alguien me preguntara hoy si recomendaría probar el enduro, mi respuesta sería sí. Pero añadiría algo más: que lo haga en un lugar donde el aprendizaje importe tanto como la adrenalina. Y Cambre d'Aze ha demostrado que sabe combinar ambas cosas con acierto.