Opinión

El alma

Opinión: “Mi Pequeño Manhattan”

Germán Ubillos Orsolich | Miércoles 15 de julio de 2026

15JUL26 – MADRID.- El cuerpo humano es un estuche que alberga en su interior una energía invisible que no la mata el tiempo. Desde la infancia hasta la senectud, nos sorprenderá el hecho de que tenemos conciencia de nosotros mismos, de nuestro ser.



El estuche envejece. Los Vikingos del norte de Europa acostumbraban a quemarlos sobre unas planchas de madera ardiente, que hacían deslizarse mar adentro.

Los romanos y los primeros pueblos cristianos tomaron la costumbre de enterrarlos, primero en las llamadas catacumbas y más adelante en los cementerios, que en su semántica significan dormitorios.

En más de una ocasión cuando el Ser superior creador, artífice y conservador del universo visible e invisible, paseaba por el Oriente Medio, decía: “¿ No veis que no está muerto, que está dormido ?”.

Esa energía invisible, esencia y conciencia de nuestro ser, entra en otra dimensión cuando el estuche se deteriora, se incinera o se entierra. Pero hay una promesa del Ser Supremo creador de todo, que llegará un día que esos estuches – los cuerpos – volverán a la vida para nunca más morir.

Esa es nuestra creencia, los que tenemos la fe de que todo esto va a pasar. ¿ Porque qué sería de nosotros si no ocurriera, qué sería de los hambrientos, de los menesterosos, de los miles y millones muertos en las guerras, en los terremotos, incendios y maremotos?.

Mi hermano menor, al que echo muchísimo de menos, decía la final de su vida terrestre, “La vida es nacer, reproducirse y morir”. Sé, ante esa frase y para hacerle justicia, que su “alma” está en la vida eterna, gozando de la contemplación del Padre de todas las cosas.

De esta forma y como resumen de todas mis creencias; el estuche, el cuerpo, es poca cosa, no obstante es respetado por el Padre de todas las cosas. Pero es el “alma”, el ánima” que decían los antiguos, lo que en esencia somos; algo inmortal que una vez amanecidos en el horizonte de la existencia ya nunca puede extinguirse, ni quemarse, ni pudrirse.