12JUL26 – ALICANTE.- Cuando los telesillas de Les Angles, Saint-Lary o Peyragudes dejan de subir esquiadores en marzo, no se detienen. Solo cambian de pasajero. Desde finales de junio, esos mismos remontes vuelven a ponerse en marcha para transportar bicicletas y riders hacia la segunda gran temporada del año en el Pirineo francés: la del mountain bike.
Quince estaciones, repartidas entre los Pirineos Orientales, la Ariège, la Alta Garona, los Altos Pirineos y el Bearne, forman ya una de las mayores concentraciones de bike parks de Europa, con personalidades tan distintas que conviene tratarlas como capítulos de un mismo relato de montaña más que como una simple lista de destinos.
En los Pirineos Orientales, Les Angles se ha ganado fama de ser uno de los mejores destinos de "flow" del sur de Europa. Según los datos oficiales de la estación, su dominio suma nueve pistas y alrededor de 500 metros de desnivel, con un abanico que va de la pista verde Frodon accesible y con zonas de pícnic hasta las negras Mordor y Sauron, de perfil mucho más vertical. Los trazados azules y rojos, con nombres tomados de la Tierra Media de Tolkien, incorporan curvas peraltadas, pasarelas y zonas aéreas de estilo North Shore que sí recuerdan al diseño de los grandes parques norteamericanos, en particular al de Whistler. El acceso se resuelve con la telecabina de Les Pèlerins, que permite encadenar bajadas sin apenas esperas.
A poca distancia, el espacio BTT-FFC de Font-Romeu ofrece una experiencia radicalmente distinta: no hay remontes ni pistas cronometradas, sino más de 500 kilómetros de itinerarios balizados entre bosques y altiplanos, con el macizo del Carlit como telón de fondo. Es la opción para quien entiende la bicicleta de montaña como exploración y no como competición contrarreloj.
La Ariège rara vez encabeza los titulares del BTT pirenaico, y ahí radica buena parte de su atractivo. Guzet concentra uno de los descensos continuos más largos de la región: su pista Maratón supera los mil metros de desnivel y conserva un trazado natural muy apreciado por los puristas del enduro clásico. Monts d'Olmes, en las antípodas, es un dominio pequeño y tranquilo, con escasa afluencia y ambiente familiar. Y Ax 3 Domaines, ya casi en la frontera con Andorra, combina tramos rápidos entre bosques con secciones de raíces que no perdonan un despiste.
En la Alta Garona, Peyragudes se ha convertido en el símbolo de la evolución del mountain bike pirenaico. La telecabina Skyvall conecta la estación con Loudenvielle y da acceso a una amplia red de recorridos de descenso, enduro y eMTB que culmina en la bajada hasta el lago de Génos-Loudenvielle, ya un clásico entre los riders de la región. A escasos kilómetros, Luchon-Superbagnères propone otra manera de entender la montaña: descender desde los 1.800 metros de la estación hasta el casco histórico de Bagnères-de-Luchon, encadenando más de mil metros de desnivel hasta desembocar en una de las villas termales más emblemáticas del macizo.
Saint-Lary es, junto con Les Angles, el otro gran nombre propio del BTT pirenaico: ha figurado entre los diez mejores bike parks franceses según la revista especializada VTT Mag. Su oferta actual, de acuerdo con la información oficial de la estación, se compone de diez pistas de distintos niveles —entre ellas la mítica Woodstock, un flow trail de 4,4 kilómetros con más de 400 metros de desnivel— servidas por el telesilla de Bouleaux, equipado con portabicicletas. Conviene matizar aquí una cifra que circula en algunas notas de prensa: el kilometraje total del dominio ronda los 20-25 kilómetros sumando todos sus trazados, no los más de 40 que a veces se le atribuyen; el dato no resta mérito a una estación que combina zona de iniciación, pistas familiares y descensos técnicos como Razorback o K-Bourre.
En Cauterets el protagonista indiscutible es el desnivel: el dominio permite encadenar hasta 1.500 metros de bajada continua entre las Crêtes, a 2.300 metros, y las inmediaciones del pueblo, con un perfil exigente de marcado carácter "old school" que premia la resistencia física tanto como la técnica. En Barèges-Grand Tourmalet el terreno cambia constantemente: claros de alta montaña con vistas al Pic du Midi se alternan con bosques cerrados de curvas fluidas, lo que convierte a la estación en una de las más completas para grupos de nivel heterogéneo. Piau Engaly, por su altitud, ofrece un paisaje más mineral, con recorridos técnicos y exigentes alejados de los grandes bosques.
Camino del Atlántico, La Pierre Saint-Martin sorprende con un descenso a través de un lapiaz kárstico que da a las pistas un aspecto casi lunar antes de internarse en bosques de pino. Gourette, servida por la telecabina de Bézou, destaca por la fluidez de sus pistas verdes y azules, ideales tanto para quien se inicia como para quien busca simplemente disfrutar de una jornada sin complicaciones, con el circo glaciar homónimo y el mítico Col d'Aubisque como telón de fondo. Y Artouste conserva el carácter más artesanal de todos: senderos pastorales apenas modificados, el perfil del Pic du Midi d'Ossau dominando el horizonte y un acceso singular, el histórico Tren de Artouste, que ya forma parte de la experiencia antes de tocar el pedal.
Lo que distingue al Pirineo francés de otros grandes destinos europeos de BTT no es un único bike park sobresaliente, sino la variedad con la que quince estaciones, de mar a mar, han sabido especializarse sin renunciar a una identidad común: la de una cordillera que ha aprendido a vivir dos temporadas altas en lugar de una. Los datos que difunden las oficinas de turismo conviene siempre contrastarlos los kilómetros de pistas varían de una fuente a otra y de una temporada a otra, como ocurre con Les Angles o Saint-Lary, pero el fondo del mensaje resiste la comprobación: entre junio y septiembre, la misma montaña que consagró al Tourmalet o al Aubisque como leyendas del ciclismo de carretera ofrece hoy un terreno de juego igual de serio para el descenso, el enduro y el flow trail. Para el viajero que combina bicicleta y balnearios, el Pirineo francés ya no es solo territorio de invierno.