Opinión

Un hombre ejemplar

Opinión: “Mi Pequeño Manhattan”

Germán Ubillos Orsolich | Jueves 11 de junio de 2026

11JUN26 – MADRID.- A los medios informativos siempre he procurado tratarlos con extrema delicadeza, primero por la labor tan compleja e importante que desempeñan en la vida nacional y en segundo término por la cuenta que me trae a mí mismo por mi profesión de escritor.



A Juan Ignacio Vera le conocí hace ya varios años por no decir muchos y en curiosas circunstancias, él a mi modo de pensar muy de izquierdas y yo de centro por disimular que soy de derechas por herencia familiar.

En estos momentos en que la visita del papa León XIV invade la vida nacional, tengo que recordar que todo clericalismo excesivo es perjudicial en muchos órdenes. He conocidos socialistas, agnósticos y ateos dotados de cualidades y virtudes humanas de solidaridad y de justicia social que no tienen muchos cristianos, que el juicio de ese Dios -del que se llena la boca ahora de tantos - va a sorprender a la hora del llamado juicio personal y del juicio universal.

En este sentido la amistad creciente que nos fue uniendo al director de este periódico digital y a mí mismo nos evidenció que lo que la política divide y distancia, la cultura acerca y une.

Juan Ignacio es chileno y viene de un mundo muy diferente al mío, pero he de reconocer que posee unas cualidades o virtudes que quizá yo no poseo y que poca gente posee, y que son: Una extraordinaria capacidad de comprensión; Una paciencia extraordinaria con todos y especial conmigo; y en tercer lugar Una extraordinaria capacidad de perdón, de perdonar al prójimo. Esto le hace resplandecer con una luz interior difícil de igualar.

El testimonio de J.I. Vera, ahora que me encuentro en la vejez, lo agradezco de veras más que nunca. Este es el verdadero amor que Jesús irradiaba a cuantos le rodeaban, su paciencia y su capacidad para perdonar.

Muy diferente a mí, muy fuerte físicamente y con su coleta hippie me induce a que le quiera de una manera muy especial y sobre todo que le admire.

Conste que debo mucho a todos los medios, mucho más posiblemente de lo que yo merezca, pero de una forma especial albergo en mi corazón siempre el recuerdo de ese editor chileno afincado en Madrid, cuya preciosa casa conservo en mi memoria, llena de recuerdos internacionales, con el cuadro fotográfico de su primera esposa de exultante belleza y de la actual, gran compañera inimitable y cocinera maravillosa cuyos platos exquisitos he tenido el privilegio y el honor que degustar.