04JUN26 – MADRID.- En 1976 nació Hispania Nostra como una asociación sin ánimo de lucro cuyo objeto es la defensa, promoción y puesta en valor del patrimonio cultural y natural, dando un protagonismo inédito a la sociedad civil. Eran tiempos de transición, no solo política sino también de sensibilidad social, donde un grupo de visionarios entendió que el cuidado de la riqueza histórica de España no podía quedar exclusivamente en manos de la administración pública. Se trataba de devolverle al ciudadano la responsabilidad sobre sus propias raíces.
Lo que hace verdaderamente excepcional a esta organización es su modelo de supervivencia y éxito. No cuenta con subvenciones públicas directas para su mantenimiento , sino que se financia casi exclusivamente con las aportaciones de sus más de 1.000 socios. El mérito es innegable: ser capaces de sostener un programa de actividades tan dinámico y con presencia en toda la geografía española contando con medios tan limitados es, sencillamente, una proeza de gestión y una lección de independencia.
La dinámica de Hispania Nostra siempre ha dependido de la energía de sus presidentes y de sus equipos directivos, expertos en el arte de obtener financiación para proyectos concretos y en tejer alianzas estratégicas. Con el paso de las décadas, han logrado un respaldo masivo de numerosos arquitectos y profesionales del sector, que ven en la asociación un baluarte contra el olvido de nuestras piedras.
Por su presidencia han desfilado personalidades de enorme peso institucional. El primero fue el Duque de Alba, seguido por nombres que también marcaron época en Patrimonio Nacional o el Ministerio de Cultura, como el Marqués de Santa Cruz o Alfredo Pérez de Armiñán. Esta conexión con las altas esferas de la gestión cultural ha permitido a la asociación mantener un nivel de interlocución privilegiado, sin perder nunca su esencia ciudadana.
Desde 2011, la organización está bajo la batuta de Araceli Pereda Alonso. Su labor es el vivo ejemplo de la entrega: una profesional de la gestión cultural de primer nivel que dedica su tiempo, trabajo y vasto conocimiento a la causa sin recibir compensación económica alguna.
Con motivo de este 50 aniversario, la asociación ha querido dejar constancia de su trayectoria a través de la edición de un libro conmemorativo. Esta obra no es solo un ejercicio de nostalgia, sino un análisis riguroso de la evolución de la protección del patrimonio en España. En sus páginas se narra la historia de la organización a través de artículos escritos por los expresidentes y por la actual presidenta.
El libro desciende a lo concreto: narra casos específicos, éxitos cosechados y batallas que marcaron un antes y un después. Es, en esencia, la memoria colectiva de una lucha por la belleza y la identidad que de otro modo se habría perdido entre expedientes olvidados.
Básico durante este medio siglo ha sido el apoyo de la Casa Real. No se puede entender la relevancia de Hispania Nostra sin mencionar, por una parte, que Su Majestad la Reina es la presidenta de honor y por otra , que forma parte de la red Europa Nostra, compartiendo objetivos transnacionales.
Mi contacto con la organización se remonta a los años 80, cuando ocupaba cargos de responsabilidad en la administración turística, a través de la inolvidable Carmen Ortueta de Salas. Ella fue el alma de la organización y su presidenta durante muchos años, una mujer cuya determinación lograba mover montañas de burocracia. En aquellos encuentros, lo que más me interesó fue la utilización turística de los monumentos. No se trata de restaurar por el mero placer estético, sino de dotar de una "segunda vida" funcional a esos edificios para que sigan siendo útiles a la sociedad.
España se enfrenta a una paradoja dolorosa: poseemos un patrimonio inabarcable en zonas azotadas por la despoblación. En este contexto, la labor de Hispania Nostra es fundamental para dar vida a esas regiones. Un castillo rehabilitado o una iglesia románica rescatada son activos económicos y, a menudo, la única barrera contra la extinción de un pueblo.
Sin embargo, hay que ser realistas: no hay dinero para arreglarlo todo. La magnitud de nuestro legado supera cualquier presupuesto. Por ello, la labor de "triaje" cultural y su famosa Lista Roja son vitales para clasificar las preferencias y actuar donde el impacto sea mayor.
Al cumplir este medio siglo, Hispania Nostra nos recuerda que el patrimonio es el presente que conservamos para el futuro. Su historia demuestra que, cuando la sociedad civil se organiza con rigor, es capaz de proteger lo que nos hace únicos. Felicidades por estos cincuenta años de resistencia y belleza