Destinos del mundo

La Ruta De La Seda

Rutas de la seda

Caminando por la China profunda. por Susana Ávila

Jueves 28 de mayo de 2026

28MAY26 – MADRID.- Plantearse hacer la Ruta de la Seda puede ser una idea tan atractiva como imposible. Porque no existe “la Ruta”, tendríamos que hablar más bien de las rutas. Jamás hubo un camino fijo, algo que sugiriera un trazado, una calzada como las que hacían los romanos, que uniera Oriente con Occidente por la que además de seda, circulaban no solo otras mercancías, sino pueblos, lenguas, escrituras, religiones y culturas.



El comercio entre Oriente con Occidente se ha practicado desde la antigüedad y para ello se han utilizado multitud de caminos. El origen y destino a que nos podemos referir están a miles de kilómetros a lo largo de tres continentes y varios océanos, caminos que atravesaban cordilleras, valles, desiertos en los que se buscaban oasis, puertos, karavansarai, lugares en los que hacer un descanso. Un camino que además no siempre era el mismo, debido a las inclemencias del tiempo, los procesos geológicos, los bandidos, las situaciones políticas, que iban desviando la trayectoria y había que buscar diferentes alternativas.

No cabe sino plantearse visitar una serie de puntos en los que confluían caravanas atraídas por la existencia de oasis que les permitieran un alto en el camino. Lugares de descanso donde intercambiar mercancías con otros comerciantes y que con el tiempo se han convertido en ciudades con un alto desarrollo económico. Prosperidad que empaña la romántica idea de encontrarnos un karavansarai con sus camellos descansando y ricas mercancías exhibidas sobre mostradores improvisados.

Xi’an, el cabo más oriental de la Ruta de la Seda

Hay que considerar a Xi’an como uno de los extremos de la Ruta de la Seda, punto de partida o destino del tema que nos ocupa. Se puede decir que China nació allí, la antigua capital que en sus orígenes se llamó Chang’an, en las fértiles orillas del río Amarillo. Las primeras dinastías de la Era imperial, las dinastías Qin (221 a.C. al 206 a.C.) y Han (206 a.C., al 220 d.C.), la convirtieron en un importante centro político y administrativo.

Su primer emperador, Qin Shi Huanh (259-210 a.C.), unificó los distintos estados feudales que se distribuían a lo largo de la cuenca del río Amarillo con el fin de formar un estado fuerte, capaz de hacer frente a las continuas incursiones bárbaras y se construyó una tumba a la altura de su grandeza, introduciendo a todo un ejército cocido en terracota para que le acompañara en el más allá.

Uno de sus sucesores, el emperador Wu (141 a.C.-87 a.C.) de la dinastía Han, buscando alianzas para combatir a los bárbaros del norte que seguían dando problemas, envió a un emisario, Zhang Qian, hacia el oeste que pasó todo tipo de vicisitudes a lo largo de diez años, buscando caminos que no existían y sorteando territorios infernales. Las alianzas no las consiguió, pero sí descubrió, en la otra punta del peligroso camino que había seguido, mercancías que se producían en China y que difícilmente hubieran transitado por su ruta. De su informe, el emperador Wu sacó provecho y rápidamente se pusieron en marcha campañas que combinaban la diplomacia con las expediciones militares a las que se iban incorporando comerciantes arriesgados.

Xining, en la altiplanicie tibetana

Xining, situado en la altiplanicie tibetana es un importante cruce de caminos. Por un lado, el que viene de Lanzhou, una de las ciudades tradicionalmente vinculadas a la Ruta de la Seda, fundada durante la dinastía Han (206 a.C. al 220 d.C.) se convirtió en paradigma de riqueza ya que en la zona se encontraron varias minas de oro y, por otro, el de Zhangye, que será nuestro siguiente destino.

Sus orígenes son muy antiguos y hay que buscarlos en las comunidades neolíticas en las que se desarrolló la cultura Majiayao, esto es entre el año 3300 y 2000 a.C. Se considera la entrada a China desde el Tíbet y allí se construyó el mayor monasterio budista, fuera del Tíbet, el Ta’en. En realidad, se trata de un gompa, que combina las características de fortaleza con su función principal que es la de las enseñanzas y formación. Su estructura y diseño es la de un mandala o recinto geométrico sagrado en el que se distribuyen ordenadamente las distintas capillas y aulas con bancos para que los monjes oren y mediten. Ante la puerta de la sala central, o Templo Dorado, los peregrinos se postran cien veces y el suelo muestra huellas de desgaste donde tocan sus manos y pies. Pero la sala más rica es la que tiene sus muros decorados con paneles realizados con manteca de yak que se conservan en unas cámaras con temperatura constante y aire acondicionado.

Zhangye, los templos en la roca

Al pasar por las montañas Quilian, camino de Zhangye, encontramos unas grutas, excavadas en el siglo V, por los monjes budistas que las utilizaron para su recogimiento y meditación. Se trata del complejo monástico de Mati, nombre que significa literalmente herradura y hace referencia a la pezuña del caballo celestial que apoyándose en una roca dejó su huella y se elevó hasta los cielos. El conjunto total lo forman 70 cuevas, pero algunas están en pésimo estado, sin embargo, el lugar es tan sagrado para los budistas que se afanan en su continua rehabilitación, especialmente de los templos-grutas más importantes, sobre todo el que contiene la piedra con la huella del caballo. Muchas de las cuevas están interconectadas por pasarelas colgantes que ofrecen un asombroso aspecto.

Y en la ciudad de Zhangye no se puede dejar de visitar el Templo del Gran Buda, construido en 1098 durante el dominio de la dinastía Xia. Sorprende el tamaño gigante del Buda yacente bajo techado, el más grande de toda China, con sus 34,5 metros de longitud y orejas de 4 metros, es de sobra conocido en la iconografía lo orejudo que representaban a este personaje. El complejo del templo contiene además una gran biblioteca que contiene una colección de más de seis mil ejemplares de escritura budistas realizadas a mano con polvo de plata y de oro.

Jiayuguan, el final de la muralla

Hay que imaginar la sorpresa del viajero al llegar a las estribaciones septentrionales de las montañas Qilian, nada más dejar atrás los oasis que había encontrado en la zona de Zhangye, cuando ante sus ojos se presenta un arco iris de formaciones rocosas que toman caprichosas formas. Es el Geoparque Nacional de Danxia.

Continuando camino llegamos a Jiayuguan donde en el año 1372 la dinastía Ming (1368-1644 d.C.), reinante en aquel momento, decidió levantar una fortaleza que protegiera la frontera noroeste del imperio y rematar el final de la Gran Muralla que se extendía hasta allí. Se hubiera seguido un camino más al norte o uno más la sur, Jiayuguan era un punto casi inevitable. Rodeado de desiertos, lo convertían en un enclave estratégico, ideal para la defensa de las ciudades del imperio y, en los términos comerciales que estamos tratando era un lugar ideal para actuar de aduana y recaudar los impuestos que propiciaba el intercambio de mercancías.

El Fuerte de Jiayuguan se erige como el último baluarte de la Gran Muralla China.

Dunhuang, la hegemonía del budismo

Dunhuang representa un punto de inflexión en nuestro camino. A 50 Km. de la actual ciudad,está la Puerta de Jade, un bastión considerado como el límite de la China Imperial. Hasta ese punto las caravanas circulaban por caminos imperiales, dotados de paradas de posta y albergues, pero a partir de aquí la protección de las autoridades desaparecía y se aventuraban en un mundo inhóspito, plagado de bandoleros, tribus de las estepas y hasta lobos hambrientos, pero el mayor peligro a que se enfrentaban no se debía a seres vivos, sino al desolado territorio que tenían por delante. Tras abandonar la seguridad de la Gran Muralla, las caravanas se internaban en una de las regiones más áridas de la tierra, una enorme depresión desértica conocida como la cuenca del Tarim.

Dunhuang fue una ciudad muy importante dentro de la antigua Ruta de la Seda y hay que mirarla no solo desde oriente, por donde hemos llegado nosotros, sino también desde occidente, punto que alcanzaron pueblos, lenguas, religiones y culturas a los que los avatares de la historia desplazaron de sus orígenes.

El hallazgo de un increíble número textos, preservados casi milagrosamente en cuevas gracias a la extrema sequedad de la región, evidencia la penetración de una gran cantidad de pueblos que llevaron consigo su influencia cultural y religiosa. Allí, en las Cuevas de Mogao, se identifica el centro fundamental en la expansión del budismo hacia China.

El Oasis Yueyaquan (literalmente, Lago de la Media Luna) es uno de los más famosos que abastecieron de agua a los viajeros y mercaderes que transitaban por la Ruta de la Seda y hoy aún se puede ver y disfrutar.

En la cuenca del Tarim, las ciudades de Turfan y Ürümqi

A partir de Dunhuang se extiende el desierto de Taklamakán, del que se pueden decir todo tipo de barbaridades. Es uno de los más secos y extensos del mundo, con dunas que oscilan entre 100 y 300 m de altura, con una amplitud térmica que va desde 50ºC de máxima hasta -40ºC de mínima. No es de extrañar que los viajeros que llegaban a tan inhóspito lugar bifurcaran sus caminos, bien por el norte o bien por el sur, creando dos ramales en la principal Ruta de la Seda.

Yendo por el norte alcanzamos Turfán, una ciudad que prosperó gracias a la gestión que hacían del fértil oasis junto al que se habían establecido, pues ingeniaron un sistema de canales, llamado karez, que suministraban agua abundante con la que alimentaban sus cultivos y nutrieron a la población local y a los viajeros que pasaban. Consistía en una serie de pozos verticales que recogían la nieve derretida de las montañas y la conducían mediante canales subterráneos hasta el oasis evitando su evaporación.

Muy cerca de ella, se encuentran las ruinas de Jiaohe que fue capital del reino tocario de Jushi, desde el año 108 a.C. hasta el 450 d.C. y fue mencionado por Zhang Qian, aquel emisario-explorador que envió el emperador Wu.

La siguiente ciudad que encontramos es Ürümqi, capital de la región autónoma de Xinjiang y núcleo económico de la misma. Su museo conserva una gran cantidad de momias encontradas en la cuenca del Tarim, perfectamente conservadas de manera natural, sin seguir los complicados rituales de ultratumba de la cultura egipcia. La razón está la extrema sequedad del ambiente que propició la conservación de los cuerpos, incluso la de sus vestiduras y accesorios, muy elaborados y coloridos, con un amplio sentido estético.

Kashgar, la puerta a Asia Central

Y alcanzamos el punto final de nuestro recorrido, Kashgar, la puerta oeste del China, donde las dos ramificaciones que se habían producido al llegar al desierto de Taklamakan volvían a encontrarse, o no. En cualquier caso, es una parada crucial en la Ruta de la Seda, que la comunica ya con Asia Central.

Kashgar es un microcosmos de ese macrocosmos que supone el conjunto laberíntico que sería la Ruta de la Seda en su tramo por China. Una ciudad moderna y funcional pero que conserva su casco histórico con todo el sabor que podíamos esperar en nuestra imaginación y que no habíamos encontrado a lo largo el camino. Encerrado en el perímetro de sus murallas, parece que se ha detenido el tiempo, donde todas las construcciones, los mercados y hasta la gente es de otra época.

Kashgar es el final de nuestro viaje, no solo por ser la última ciudad y un enclave muy importante en la Ruta de la Seda sino porque también es, con toda seguridad, “una ciudad especial”.