Opinión

Aquel primer beso

Opinión: “Mi Pequeño Manhattan”

Germán Ubillos Orsolich | Lunes 27 de abril de 2026

27ABR26 – MADRID.- Dicen que son las mujeres las que mejor recuerdan y con más frecuencia el primer beso que la vida les ha regalado, pero a veces son los hombres los que motivados por una canción o por una balada escuchada por la radio reviven con toda intensidad el recuerdo y el sabor de aquel primer beso.



Yo lo recibí muy de joven y de labios de Paulina L., mexicana que viajaba por Madrid con sus “travellers cheques” en compañía de su amiga y compatriota María Eugenia C.

Trabajaba yo entonces en el almacén de mercería propiedad de mi padre en la Puerta del Sol, cuando llegó mi amigo de la infancia Juan Z. y me habló de unas chicas mexicanas que había conocido y que se hospedaban en un hostal cercado al Hotel Palace de la capital.

Salí como un relámpago y me presenté en dicho hostal y tuve la ocasión de conocer a Paulina, una delicia de chica muy joven, bueno joven como yo.

Y fue en mi coche, un Austin Mini blanco y con el techo rojo en el que sentado yo en el asiento de detrás con Paulina, mientras conducía delante, Juan, el vehículo en compañía de María Eugenia, y que fue precisamente Paulina quien se tomó la iniciativa de besarme en los labios. Fue un recuerdo que jamás olvidaré y pienso que ella tampoco.

Esos son recuerdos que constituyen los elementos más hermosos e inolvidables de la propia vida, una especie de trozo de cielo en la tierra, un regalo que el buen Dios nos otorga no por nuestros méritos sino por su generosidad, encarnada en el rostro inolvidable de aquella joven mexicana de noble familia.