España

Día Internacional Del Pueblo Gitano

CASTILLA Y LEÓN

Entre el granito y el mármol de Carrara

Concha Pelayo (*) | Miércoles 08 de abril de 2026

08ABR26 – ZAMORA,. El día amaneció lluvioso para la celebración del día del pueblo gitano. El barrio de Olivares de Zamora organiza una gran fiesta en honor a este colectivo, muy numeroso en la ciudad. Por casualidad, mi paseo me había llevado al cementerio de San Atilano. Nada más entrar en el sagrado recinto, mis pasos inconscientes me dirigieron hasta la tumba del poeta Claudio Rodríguez mientras recordaba la conversación mantenida con Clara, su mujer, hace algunos años.



“Claudio vive conmigo y me habla”. Me acerqué hasta la última morada del poeta para ver si yo también podía oír sus palabras. Cerré los ojos y a mi mente llegó la última conversación que mantuve con el poeta hace ya algunos años, en 1.995, con motivo de una comida en el Restaurante París con unos cuantos amigos. Tuve la suerte de tener a mi lado al poeta y me habló sin parar durante toda la comida. Apenas comió y no dejó de fumar. Hablamos de muchas cosas, aunque él habló mucho más que yo. Se confabularon la ebriedad y la sobriedad. Se confundieron los significados. Se perfilaron algunos versos. Se cuestionó qué era la poesía. Y Claudio me dijo, galante, como un Juan Tenorio del siglo veinte, que era yo. Y volví a escuchar sus palabras junto a su tumba, obra de su amigo y amigo mío, el artista Luis Quico, desaparecido también.

Seguí caminando entre las tumbas, evocando frases que quedaron para la historia como ésta de Gabriela Mistral que dejó escrito en su tumba: “Lo que el alma hace por su cuerpo, es lo que el hombre hace por su pueblo”. Y Camilo José Cela añadió “quien resiste gana”. ¡ay...!

Y yo escribo en uno de mis poemas, /Cementerios, solo sois ruinas humanas/ cobijando ambiciones miserables / pasiones ocultas, vanas.../

Seguí mi camino entre las flores y la frialdad del mármol y el granito de las tumbas. De repente, un hermoso panteón, muy próximo al de Claudio llamó poderosamente mi atención. Un monumento blanco, de cuatro metros de altura y tres de profundidad se erigía entre las tumbas con orgullo gitano. Se construyó hace cuatro años. Desde Italia trajeron el más hermoso mármol de carrara, con el mismo que se construyó el Partenón de Atenas y en él reposan los restos de tres miembros de la familia Salazar Jiménez. Varios familiares rodeaban el monumento dispuesto a pasar allí parte el día, coincidente con el primer aniversario del fallecimiento del patriarca; Ana Bermúdez, la nuera, Antonia Jiménez, su esposa, Ramón Salazar, su hijo, Ramón Salazar, su nieto, además de dos hermosas gitanas de espesas caballeras negras. Habían llegado desde Galicia el día anterior. El próximo día 12 se reunirá el resto de familiares llegados desde toda España para honrar a sus muertos. Los gitanos viven la muerte con la misma pompa que las bodas, aunque sientan el corazón afligido. Hay que compartirlo todo. Todos se reunirán en el cementerio y, después celebrarán una gran comida familiar todos juntos. Comerán una sopa hecha de pan.

La familia Salazar se dedica al comercio. Son ricos. El mausoleo les ha costado tres millones de pesetas. Todo les parece poco para sus muertos. Ana Bermúdez se levantó ayer por la mañana, a las siete y se puso a llorar. La más anciana, Antonia, me dio una magnífica lección de fe. Es “visionaria” y me cuenta que ha visto caminar por el cielo a los tres fallecidos.

Descansen todos en paz.