Senior Plus

Cuida Hoy El Cuerpo De Mañana

Por: Daniel R. Rol*

Viernes 13 de febrero de 2026

12FEB26 – MÁLAGA.- Hubo una edad en la que el cuerpo obedecía sin pedir permiso. Subir escaleras, cargar bolsas, levantarse del suelo, caminar sin pensar en el equilibrio mismo. No era heroicidad: era lo normal. Y, sin embargo, con el paso de los años he visto cómo muchas personas, casi sin darse cuenta, empiezan a vivir como si esa “normalidad” ya no les perteneciera. Y lo más habitual no es que ocurra por un gran accidente. Sucede poco a poco.



Empieza con frases que escucho a menudo: “Yo estoy bien”, “A mi edad es lo que hay”, “Mientras no me duela nada…”. Y, sin embargo, dejan de agacharse. Dejan de cargar peso. Dejan de caminar más de lo justo. No porque no puedan hoy, sino porque empiezan a protegerse en exceso. Y también porque siempre hay un mañana para empezar. Y el problema no es cómo estamos hoy; es cómo estaremos dentro de cinco o diez años si seguimos restando movimiento.

El cuerpo no envejece de golpe; se adapta a lo que hacemos con él. Si lo usamos menos, se vuelve más frágil. Si lo estimulamos con criterio, responde. Y responde siempre, incluso después de los sesenta.

Después de cierta edad, la fuerza no es cuestión de estética; es cuestión de libertad. Es levantarte del sofá sin apoyo. Es entrar y salir de la ducha con seguridad. Es caminar sin miedo. Es reaccionar si tropiezas. Es sentir que tus piernas te sostienen y que tu espalda no te traiciona.

Y hay algo fundamental que muchas veces olvidamos: los huesos también necesitan trabajo.

A partir de los sesenta años, si no reciben estímulo, tienden a perder densidad. El hueso, como el músculo, necesita carga. Necesita que el cuerpo se mueva, que soporte peso, que trabaje contra cierta resistencia. Cuando entrenamos la fuerza de manera adaptada y progresiva, no solo fortalecemos los músculos: reforzamos también la estructura ósea. Eso significa menos fragilidad, menos riesgo de fracturas y mayor seguridad ante una posible caída.

No hablo de levantar grandes pesos ni de hacer cosas imposibles. Hablo de ejercicios bien pensados, adecuados a cada persona, realizados con supervisión y progresión. Hablo de trabajar piernas, caderas, espalda, equilibrio y coordinación con sentido común. Y todo eso puede hacerse en casa.

En el propio domicilio, en un entorno donde la persona se siente tranquila, sin desplazamientos innecesarios, sin comparaciones, sin presión. Con un profesional que guíe, corrija y adapte cada ejercicio. Porque no se trata solo de moverse; se trata de moverse bien, de fortalecer de verdad, por fuera y por dentro.

He visto personas que empezaron diciendo: “Estoy bien, no me hace falta”. Y meses después me decían: “Ahora sí estoy bien de verdad”. Se sienten más firmes, más seguras, más estables. Duermen mejor. Caminan mejor. Viven con menos miedo.

Nunca es demasiado tarde. El cuerpo tiene una enorme capacidad de adaptación, también el hueso. Lo que realmente lo debilita es la inacción mantenida en el tiempo.

Envejecer no debería significar volverse frágil; debería significar volverse más consciente. Pensar en el futuro, incluso cuando en el presente uno se siente bien. Porque la mejor prevención empieza antes de que aparezca el problema.

No se trata solo de sumar años; se trata de poder vivirlos con energía, autonomía y dignidad. De poder decir, con serenidad y sin miedo: sigo siendo capaz.

-----

*Daniel R. Rol nació en Málaga, ciudad donde reside actualmente tras haber vivido en lugares como Valladolid, Vitoria y Huelva, entre otras ciudades de España. Ha trabajado durante años en el Ejército y en la Administración pública, forjando una disciplina que hoy aplica a su labor profesional. Deportista desde la infancia, con trayectoria en atletismo y diversas artes marciales —especialmente en Tae-Kwon-Do—, mantiene un firme compromiso con la salud y el movimiento. En la actualidad centra su vocación en las personas mayores y es fundador de un proyecto de entrenamiento funcional a domicilio orientado a prevenir caídas, fortalecer la autonomía y mejorar la calidad de vida de quienes superan los sesenta años.

(Enviado por José Antonio Sierra)