09FEB26 – MADRID.- No todos los días Madrid tiene el privilegio de acoger una celebración de esta envergadura. El legendario director de orquesta Zubin Mehta regresa a España para ofrecer una gira de cinco conciertos –Madrid, Barcelona y Oviedo– en el marco de la celebración de su 90º aniversario, y los dos primeros tendrán lugar el próximo fin de semana en el Auditorio Nacional. Se trata, sin exageración, de uno de esos acontecimientos que justifican el sobrenombre de "históricos" que tan a menudo se reparte con ligereza.
Una historia mayúscula
Nacido en Bombay el 29 de abril de 1936, Mehta es la prueba viviente de que el talento, cuando se combina con dedicación absoluta, puede trascender fronteras y culturas. Hijo del violinista Mehli Mehta, fundador de la Orquesta Sinfónica de Bombay, el joven Zubin abandonó sus estudios de medicina a los dieciocho años para formarse como director en Viena bajo la tutela de Hans Swarowsky. Allí compartió aulas con otros gigantes como Claudio Abbado y Daniel Barenboim, una generación dorada que transformaría el panorama musical del siglo XX.
Lo que vino después fue meteórico: ganador del concurso de Liverpool en 1958, director de la Sinfónica de Montreal a los 25 años, titular de la Filarmónica de Los Ángeles durante dieciséis años, y finalmente al frente de la Filarmónica de Nueva York durante trece temporadas consecutivas, el período más largo de permanencia de un director musical en la historia de esa institución. Pero más allá de los títulos y las orquestas prestigiosas, Mehta se ha distinguido siempre por llevar la música al pueblo, por dirigir en lugares de conflicto y por usar la batuta como instrumento de paz.
Una orquesta comprometida
Fundada en 1999 por Daniel Barenboim –argentino de nacimiento pero nacionalizado español, israelí y palestino–, como un taller musical donde jóvenes músicos de Israel y los países árabes de Oriente Medio podían desarrollar sus habilidades musicales en un ambiente de convivencia y enriquecimiento cultural, la West-Eastern Divan Orchestra, protagonista de ambos conciertos, se ha convertido en un referente internacional en la defensa de valores como la paz y la tolerancia a través del lenguaje universal de la música. La elección no es casual: Mehta y Barenboim fueron compañeros de estudios en Viena, y ambos han dedicado sus vidas a demostrar que la música puede tender puentes allí donde la política fracasa. La orquesta, con sede en Sevilla, se ha convertido en un símbolo global de que es posible la coexistencia. No es una orquesta por la paz en sentido ingenuo, como el propio Barenboim ha aclarado repetidamente, sino un proyecto que demuestra que jóvenes de culturas tradicionalmente enfrentadas pueden trabajar juntos, escucharse mutuamente y crear arte de primer nivel.
El legado de un humanista
Zubin Mehta no es solo un director de orquesta excepcional; es un humanista que ha puesto su arte al servicio de causas nobles. Dirigió en las ruinas de la Biblioteca Nacional de Sarajevo en plena guerra de los Balcanes; visitó Tel Aviv con una máscara antigás al cuello durante la Guerra del Golfo; llevó a la Filarmónica de Israel a Bombay después de tres décadas de vacío político entre ambos países. Cada uno de estos gestos dice más sobre el hombre que mil críticas elogiosas sobre su técnica de dirección.
Ahora, a punto de cumplir 90 años, Mehta sigue en activo, sigue comprometido, sigue creyendo que la música importa. Y lo hace acompañado de una orquesta que encarna sus mismos valores: la West-Eastern Divan es el reflejo perfecto de lo que Mehta ha defendido toda su vida.
Regalo de cumpleaños
En este cumpleaños, el sábado 14 a las 19:30, será el maestro Zubin Mehta quien hará el regalo al público ofreciendo el Concierto para violín de Bruch, esa joya del romanticismo que combina lirismo melancólico con momentos de virtuosismo deslumbrante. Le acompañará la brillante violinista granadina María Dueñas, que a sus 23 años ya acumula reconocimientos internacionales y un contrato exclusivo con Deutsche Grammophon. Ver a este joven talento junto a un maestro de 90 años será en sí mismo un diálogo intergeneracional fascinante. Escrito en 1866, cuando Bruch tenía apenas 28 años, el Concierto para violín es un ejemplo perfecto de cómo el romanticismo alemán podía combinar melancolía profunda con momentos de virtuosismo deslumbrante sin caer en la pirotecnia vacía. El primer movimiento arranca con una introducción orquestal solemne que da paso al violín solista en un diálogo de tono noble y apasionado. Pero es el segundo movimiento, el célebre Adagio, el que ha conquistado corazones durante más de 150 años: una melodía de una belleza total que el violín canta sobre un colchón orquestal mínimo. El finale es puro fuego: un Allegro enérgico donde la solista puede lucirse sin perder un ápice de musicalidad.
La segunda parte del programa nos llevará al universo emocional de Chaikovski con su Cuarta Sinfonía, esa obra torturada que el compositor describió como su lucha contra el destino. Conocida por su gran carga emocional y por ser un reflejo de los propios conflictos personales del compositor. Esta sinfonía es puro drama autobiográfico. Chaikovski la compuso entre 1877 y 1878, en pleno colapso emocional tras su desastroso matrimonio y mientras vivía una crisis existencial profunda.
Dos programas, una celebración única
El domingo 15, en sesión matinal a las 11:30 horas, el programa cambia radicalmente de atmósfera. La Obertura "Leonora III" de Beethoven es puro drama operístico condensado. Beethoven escribió cuatro oberturas diferentes para su única ópera, Fidelio (originalmente titulada Leonora). La tercera es la más ambiciosa y dramática de todas, tanto que paradójicamente resultaba demasiado potente para iniciar la ópera: condensaba toda la trama en quince minutos de música tan intensa que dejaba poco espacio para lo que venía después. La obertura comienza con una introducción lenta y misteriosa que establece la atmósfera de la prisión. Luego escuchamos el aria de Florestán (el prisionero) en los violines, seguida de momentos de tensión creciente. El clímax llega con la famosa llamada de trompeta fuera de escena, que en la ópera anuncia la llegada del ministro que liberará al prisionero injustamente encarcelado. Es un momento de puro teatro musical, y la orquesta responde con una explosión de júbilo triunfal. Escucharla en concierto, fuera del contexto operístico, permite apreciar su arquitectura sinfónica en toda su gloria
Después de la monumentalidad de la Séptima, Beethoven sorprendió a todos con esta sinfonía más breve y aparentemente ligera. Él mismo la llamaba "mi pequeña sinfonía", pero no hay que dejarse engañar por su modestia: es Beethoven en su faceta más ingeniosa y sofisticada, más juguetón y clásico, casi mozartiano, mirando hacia atrás a Haydn y Mozart pero con un guiño cómplice al oyente que sabe que ya no estamos en el siglo XVIII. Es Beethoven de buen humor, y eso siempre es un regalo.
“La Grande” casi perdida
El broche de oro será la Novena Sinfonía de Franz Schubert, conocida como "La Grande", una obra de dimensiones épicas que dura casi una hora y que Schumann describió como de "celestial largura". Un programa que combina romanticismo virtuoso con clasicismo beethoveniano y las dimensiones épicas de Schubert. Esta sinfonía es un gigante. Schubert creó una de las obras más ambiciosas del repertorio romántico, aunque él nunca llegó a escucharla: murió en 1828 y la sinfonía se estrenó en 1839 gracias a que Robert Schumann encontró el manuscrito y se lo llevó a Mendelssohn quien finalmente la estrenó en Leipzig con la Orquesta de la Gewandhaus el 21 de marzo de 1839, once años después de la muerte del compositor.
Lo extraordinario de esta sinfonía es cómo Schubert, que había vivido siempre bajo la sombra de Beethoven, consiguió crear algo completamente propio: no intenta la dramaturgia heroica beethoveniana, sino que ofrece una narrativa musical que se despliega como un paisaje contemplado durante un largo paseo. Es música que necesita tiempo y espacio para respirar, y cuando se hace bien —como sin duda lo hará Mehta— el resultado es arrollador.
Mehta ha elegido un programa que muestra diferentes facetas del repertorio que ha dominado durante décadas: el romanticismo virtuoso de Bruch, la pasión eslava de Chaikovski, el clasicismo heroico de Beethoven y el lirismo expansivo de Schubert. Son obras que requieren maestría técnica pero también profundidad interpretativa, exactamente el tipo de música donde un director de 90 años con toda una vida de experiencia puede revelar matices que directores más jóvenes aún no ven. Será, sin duda, una lección magistral.
56 años de buena música
Ibermúsica fue fundada por Alfonso Aijón en 1970, quien se propuso traer a España las mejores agrupaciones sinfónicas del mundo. Desde entonces Ibermúsica, ha evolucionado en concordancia con los tiempos conservando la calidad artística, el rigor y la pasión por el arte y la música. La institución ha trabajado durante 56 años y la relación de artistas que han debutado en España de la mano de Ibermúsica es enorme, gracias a la profesionalidad que ha sido consigna de esta casa. Asimismo, gracias a Ibermúsica se han estrenado en España numerosas obras de compositores tan relevantes como Stravinsky o Shostakovich. De la mano de Llorenç Caballero, actual Director General de la compañía, Ibermúsica sigue apostando por traer a nuestro país la mejor música con los mejores directores, solistas y orquestas del mundo en Madrid.
Quienes estén interesados en adquirir localidades, hay pocas disponibles en: www.entradasinaem.es; tel.: 902 22 49 49 o directamente en las taquillas del Auditorio Nacional de Música.
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