31ENE26 – SEVILLA.- En el centro del Patio de los Naranjos de la Catedral de Sevilla se conserva una fuente cuya función original trascendió lo meramente utilitario para convertirse, con el paso de los siglos, en un elocuente símbolo de continuidad espiritual, cultural y religiosa a lo largo de más de mil años de historia.
El conjunto hidráulico está formado por dos elementos principales, una gran taza de mármol, labrada en un solo bloque, que alberga el surtidor central y se apoya sobre un pilar, y un amplio vaso circular que recoge el agua y la conduce al sistema de riego del patio. Este sistema se completaba originalmente con aljibes subterráneos y, al menos, dos brocales de pozo, de los cuales se conserva uno en la actualidad.
Desde una lectura catequética y simbólica, el agua de esta fuente adquiere un significado que va más allá de su uso funcional. En la tradición cristiana, el agua es signo de vida, purificación y renacimiento, valores que dialogan de forma natural con su anterior utilización en el ámbito islámico, vinculada al rito de las abluciones. Tras la conquista cristiana de Sevilla, este elemento fue respetado y conservado, integrándose en el nuevo espacio catedralicio sin perder su centralidad ni su carga simbólica.