26ENE26 – MADRID.- El té tiene su origen en China, hace más de 5,000 años. Según la leyenda, el médico Shen Nong descubrió el té de manera accidental cuando unas hojas de la planta Camellia sinensis cayeron en agua caliente que estaba hirviendo. Desde entonces, el té se integró profundamente en la cultura china y, con el tiempo, se expandió a Japón, India, Medio Oriente y Europa gracias al comercio y las rutas marítimas.
De origen ancestral, rico en propiedades y cada vez más presente en la vida moderna
Hoy en día, el té es una de las bebidas más consumidas del mundo, solo después del agua. Existen numerosas variedades —como el té verde, negro, blanco, oolong y pu-erh—, todas derivadas de la misma planta, Camellia sinensis, pero procesadas de manera diferente, lo que les otorga sabores, aromas y beneficios únicos.
El té es un descubrimiento de la civilización china y su historia se remonta a más de cinco mil años. Existen registros que indican que, desde la sociedad primitiva, era considerado una bebida casi milagrosa, asociada a la salud y al bienestar.
La leyenda atribuye su hallazgo a Sheng Nung, el primer médico legendario chino, quien probó cientos de hierbas para estudiar sus efectos medicinales. Tras experimentar con plantas que contenían más de sesenta tipos de venenos, descubrió que el té actuaba como el antídoto más eficaz, superando ampliamente a todas las demás hierbas.
En las hojas de té se han identificado más de trescientas sustancias beneficiosas, entre ellas proteínas, lípidos, aminoácidos, hidratos de carbono, vitaminas, teína, cafeína y aceites aromáticos. Muchos de estos componentes son indispensables para la salud del cuerpo humano y generan importantes efectos nutritivos y terapéuticos.
Aunque el té no es tan popular como el café en muchos países, cada vez son más las personas que reconocen su alto valor nutricional y sus propiedades únicas. Su sabor puede variar desde intensos y robustos hasta suaves y delicados, con aromas sutiles que conquistan a nuevos consumidores.
Numerosos estudios recientes han demostrado que el consumo regular de té produce efectos directos y beneficiosos para la salud.
El té, especialmente el verde y el negro, contiene potentes antioxidantes que ayudan a combatir los radicales libres, responsables del envejecimiento celular y del deterioro de los tejidos. Además, favorece el buen funcionamiento del hígado y los riñones.
Diversas investigaciones señalan que el té puede inhibir la mutación celular y ejercer un efecto protector frente a ciertos tipos de cáncer, como el de pulmón, esófago, páncreas, hígado, mama y colon.
El té contribuye a reducir el colesterol, regula la presión arterial gracias a su bajo contenido en sodio y a la presencia de potasio, y ayuda a mantener un ritmo cardíaco saludable.
Su alto contenido en antioxidantes mejora la circulación sanguínea, beneficia la salud de la piel, fortalece el sistema inmunológico y ayuda a combatir la retención de líquidos.
Los aceites naturales del té estimulan el flujo de jugos gástricos, facilitando la digestión. Por esta razón, es habitual consumirlo después de las comidas.
El té mejora la concentración y la agilidad mental, reduce la fatiga y mantiene la mente despierta. A diferencia del café, su efecto estimulante es más suave y equilibrado.
Tradición, sabor y salud se unen en una sola taza. El té no solo es una bebida milenaria, sino también un aliado natural para el bienestar diario.
Así que, estimados amigos… ¡a tomar té!