14ENE26 - MADRID.- Cuando una pareja decide poner fin a su vínculo, uno de los aspectos más sensibles es la situación de los hijos. La custodia, los tiempos de convivencia y las responsabilidades parentales pasan a ser temas centrales que requieren acuerdos claros y sostenibles. En este escenario, la intervención de un abogado de familia resulta determinante para ordenar el proceso, resguardar derechos y priorizar el interés del menor por encima de los conflictos entre adultos.
En contextos de divorcios en Tenerife, como en el resto de España, la legislación establece que cualquier decisión vinculada a hijos menores debe orientarse a garantizar su bienestar. El profesional especializado cumple un rol clave al explicar el marco legal vigente, las opciones disponibles y las consecuencias prácticas de cada tipo de custodia. Su acompañamiento permite que las familias comprendan el proceso y eviten decisiones tomadas desde la urgencia emocional.
Uno de los principales aportes de estos profesionales es su capacidad para traducir el conflicto personal en términos jurídicos claros. Esto implica escuchar a las partes, identificar puntos de acuerdo y desacuerdo, y proponer soluciones que puedan ser aceptadas por un juez o formalizadas mediante un convenio regulador. En muchos casos, una intervención temprana ayuda a reducir la judicialización y favorece acuerdos más estables en el tiempo.
Existen distintos tipos de custodia previstos por la ley. La compartida es una de las fórmulas más extendidas en los últimos años, ya que permite que ambos progenitores participen de forma equilibrada en la crianza. Este modelo requiere un alto nivel de comunicación y organización, por lo que el asesoramiento legal resulta esencial para definir horarios, responsabilidades y aspectos económicos sin generar ambigüedades.
La monoparental, por su parte, se establece cuando uno de los progenitores asume la convivencia habitual con los hijos, mientras el otro mantiene un régimen de visitas. Este tipo de régimen sigue siendo frecuente y puede responder a múltiples factores, como la edad de los menores, la disponibilidad horaria o situaciones particulares de cada familia. El abogado se encarga de que el régimen de visitas sea claro y de que se respeten los derechos de ambas partes.
También existen situaciones especiales, como las atribuidas de forma temporal o medidas provisionales, que se aplican mientras se resuelve el proceso principal. En estos casos, la actuación del letrado es clave para solicitar medidas urgentes que protejan a los menores ante contextos de conflicto elevado, cambios bruscos de residencia o desacuerdos sobre decisiones importantes.
Más allá del tipo de responsabilidad parental, el profesional cumple una función de orientación constante. Su trabajo no se limita a la instancia judicial, sino que incluye el seguimiento de los acuerdos, la modificación de medidas cuando cambian las circunstancias y la intervención ante incumplimientos. “Esta continuidad aporta previsibilidad y reduce el impacto del conflicto en la vida cotidiana de los hijos”, expresan desde el estudio de Antía González.
Datos del Consejo General del Poder Judicial indican que en España más del 45 por ciento de las sentencias de divorcio con hijos incluyen algún régimen de custodia compartida, una cifra que ha crecido de forma sostenida en la última década. Este dato refleja un cambio en la forma de entender la parentalidad tras la ruptura y refuerza la necesidad de un asesoramiento legal especializado que acompañe esta evolución.
El proceso de divorcio marca un antes y un después en la dinámica familiar, pero no pone fin a la responsabilidad compartida de criar hijos. Contar con un letrado especializado que actúe con claridad, criterio y enfoque en el interés del menor permite construir acuerdos más justos y sostenibles, favoreciendo un nuevo equilibrio que ayude a las familias a reorganizarse con mayor estabilidad.
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