09ENE26 – MADRID.- La obra de Pieter Brueghel el Viejo que representa la peste es "El Triunfo de la Muerte" (c. 1562), Museo del Prado en Madrid, mostrando un paisaje apocalíptico donde esqueletos liderados por la Muerte arrasan con todas las clases sociales, reflejando el terror y la inevitabilidad de la Peste Negra, con claras influencias de la tradición medieval de la Danza Macabra y El Bosco.
La crisis demográfica de finales de la Edad Media se acentuó a partir de la terrible mortandad de la Peste Negra. Sus catastróficos ataques redujeron a la mitad la población mundial. Se originó en Asia y se propagó por Europa, a través de la fachada mediterránea transmitida por pulgas de ratas, causando una mortalidad del 30-60% de la población en algunas áreas. En 1351 se calcula que, en un período de tres años, entre un cuarto y un tercio de la población europea, había desaparecido. En este período se expandió por la Península Ibérica.
La primera epidemia de peste (1348-1350) parece que afectó de una manera bastante uniforme a todos los grupos de edad y a ambos sexos, pero no adquiriendo fuerza decisiva hasta finales de la centuria, cuando la repetición de la epidemia dio lugar a la formación del ciclo infernal peste-muerte-hambre-peste, causando graves estragos, arruinando ciudades populosas, desarticulando el trabajo agrícola e sensibilizando de forma contundente la fe de las multitudes, el aumento ininterrumpido de precios y salarios, la disminución de la mano de obra y el agio de los poderosos, sin desdeñar las grandes perturbaciones sociales y políticas.
La Peste Negra tuvo, pues, una repercusión decisiva en la vida social y económica, siendo uno de los factores que explican la crisis bajomedieval.
Muchos campos fueron abandonados, quedando gran número de aldeas despobladas-El descenso de la población significó también un descenso de la mano de obra, tanto en el campo como en la ciudad, a pesar del proceso migratorio a los núcleos urbanos.1
En el año 1348 se abría una nueva era en la historia europea. Una oleada general de peste segaba la vida de gran parte de la población de sus campos y ciudades, y provocaba muchas otras profundas alteraciones demográficas, sociales, económicas, culturales y psicológicas. La expansión de la peste fue muy rápida y contundente Por ejemplo señalar que entró en Castilla de forma masiva en 1348, tras haber devastado previamente la Corona de Aragón.
Un monje francés dejó en el siglo XIV una crónica muy expresiva: «Los más escupían sangre, otros tenían en el cuerpo manchas rojas y oscuras y de estos ninguno escapaba. Otros tenían apostemas o estrumas en las ingles o bajo las axilas y de éstos algunos escapaban (…) y hay que saber que estos enfermos eran muy contagiosos y que casi todos los que los cuidaban morían, así como los sacerdotes que recogían
las confesiones» La llegada de la Peste Negra en el siglo XIV supuso la muerte de un tercio de la población.
La población debilitada y desprovista de defensas frente a las enfermedades, fue presa fácil de esta epidemia devastadora. Recordemos que el pan era la base de las dietas medievales a lo que afectó los bajos rendimientos agrícolas y las malas cosechas de cereales, que mantuvo a los pueblos en un estado crónico de subalimentación.
El pánico ante la posible llegada del morbo fue un sentimiento colectivo permanente en el mundo occidental, del que pueden encontrarse numerosos y elocuentes testimonios en las crónicas, en los textos literarios, en los escritos de los médicos y, sobre todo, en la literatura religiosa de la época, donde se pone de relieve el carácter habitual que pronto llegó a alcanzar tan temible plaga, considerada un castigo enviado por la divinidad a causa de los pecados de las gentes, echando a veces la culpa también a los judíos de lo que sucedía.
Al comenzar el siglo XV, las mortandades provocadas por el morbo pestífero eran ya algo común, un mal siempre acechante.
Uno de los predicadores más representativos y universales del momento, el valenciano Vicent Ferrer, aludía con frecuencia, en sus famosos sermones , a esta terrible realidad y a sus causas, siempre asociadas por él al pecado, a la ofensa a Dios.
La verdadera realidad era el azote permanente de la peste bubónica, con bubones y fiebre, y se propagaba rápidamente por las malas condiciones higiénicas medievales y la deficiente alimentación, atacando a todos los miembros de las distintas clases sociales sin distinción, originando una acentuación de la lucha de clases que afectó a la organización de la vida rural.
La Peste trajo la muerte masiva, provocó crisis religiosas y sociales. Las autoridades eclesiásticas concedieron perdones para animar a la penitencia, como se ve en documentos de la época, siendo las más completas y fidedignas las depositadas en el Vaticano, así como en algunos archivos parroquiales, municipales y catedralicios, y el Becerro de las Behetrías, para entender los efectos demográficos y económicos desperdigados por los ayuntamientos, monasterios e iglesias de los pequeños pueblos de Castilla2
Se produjo una reestructuración del suelo que repercutió en el sistema de roturaciones, la propiedad y la producción. Si observamos un mapa de usos del suelo antes y después de la peste, vemos una reducción drástica de las tierras de labor. Ante la falta de manos, muchos campos se transformaron en pastizales para el ganado, una actividad que requería menos personal y era más rentable en tiempos de crisis. Pero en su conjunto, la epidemia contribuyó a acentuar el contraste entre ricos y pobres. Este acoso endémico, pestilente y devastador produjo un gran impacto en el paisaje quedando muchos pueblos y aldeas abandonados o casi desérticas poblacionalmente..
1 En Castilla el Becerro de las Behetrías, libro que se confeccionó en 1351-135233, registra numerosos despoblados o yermos, sólo apenas unos años después de la aparición de la peste
2VACA LORENZO, A.(990). La Peste Negra en Castilla. Nuevos testimonios. Studia Historica. Historia Medieval, 8. Ediciones de la Universidad de Salamanca.