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Crans Montana

"La Cueva del Lobo”

Ignacio Vasallo | Sábado 10 de enero de 2026

09ENE26 – MADRID.- Crans‑Montana ha aparecido en la prensa mundial por un motivo que nadie desea: el trágico incendio en una discoteca donde jóvenes celebraban el fin de año. No fue un accidente de esquí ni un suceso ligado a la montaña. Podía haber ocurrido en cualquier ciudad. Pero sucedió en un lugar donde miles de personas pasan las fiestas de invierno, muchos de ellos jóvenes que viajan con sus padres para disfrutar de unos días de nieve.



He esquiado en cuatro viajes diferentes en Crans‑Montana —pronunciado Cra Montaná, y para los amigos simplemente Cra— .No es una estación de esquí que figure entre las más lujosas de Suiza. No tiene el brillo de Saint Moritz, Gstaad, Zermatt o Lech. Tampoco está entre las más grandes ni entre las más prestigiosas por la calidad de sus pistas, como Verbiero o Davos . Incluso el pueblo, con edificios altos y modernos, podría confundirse con cualquier localidad de montaña sin un encanto especial. Es un lugar práctico, cómodo, con servicios pensados para el turismo, pero sin la imagen clásica de los pueblos alpinos más famosos.

A pesar de ello, Crans‑Montana tiene un papel en la historia del esquí. Desde mediados del siglo XX ha sido sede de competiciones importantes y ha recibido a esquiadores de alto nivel. También ha atraído a personajes conocidos del deporte, la cultura y el cine. En los años setenta se rodó allí parte de una película de James Bond. Roger Moore vivió en la zona durante años y murió allí en 2017. Su presencia dio cierta notoriedad al lugar.

Crans‑Montana es, sobre todo, una estación familiar. Muchas familias la eligen porque ofrece pistas accesibles, un clima agradable y una vida tranquila. Es un lugar donde los padres enseñan a esquiar a sus hijos, donde los grupos de amigos pasan unos días sin grandes pretensiones y donde los jóvenes encuentran bares y locales para salir por la noche. Esa mezcla de tranquilidad y ocio es parte de su identidad.

Por eso la tragedia ha causado tanto impacto. Las imágenes de los equipos de emergencia, las ambulancias y los helicópteros han dado la vuelta al mundo.

La tragedia también ha abierto un debate sobre la seguridad en los locales nocturnos de las estaciones de esquí. Estos lugares reciben a miles de jóvenes que buscan diversión después de un día en las pistas. Algunos expertos señalan que la combinación de aforo elevado, estructuras antiguas y condiciones climáticas frías puede aumentar los riesgos. Otros recuerdan que la mayoría de estos locales cumplen las normas y que sucesos como este son excepcionales. La investigación deberá aclarar si hubo fallos en el sistema de ventilación, en las salidas de emergencia o en el control del aforo.

Mientras tanto, Crans‑Montana intenta recuperar cierta normalidad. Las pistas siguen abiertas, los hoteles continúan recibiendo visitantes, las escuelas de esquí mantienen sus clases y próximamente habrá una nueva competición de la copa del mundo. Pero el ambiente es distinto.

Los medios internacionales han enviado corresponsales para cubrir la historia. Las imágenes de la estación, normalmente asociadas al sol, la nieve y el ocio, se mezclan ahora con escenas de dolor. La prensa italiana, francesa, alemana y española ha dedicado amplios reportajes al incendio. La Repubblica, subraya que muchos de los jóvenes presentes en la discoteca eran turistas italianos que habían llegado para pasar el fin de año. Algunos viajaban con sus familias. Otros formaban parte de grupos organizados. La mezcla de nacionalidades ha hecho que la tragedia tenga un alcance internacional.

Crans‑Montana, que durante décadas ha buscado un lugar propio entre las estaciones suizas, se encuentra ahora en el centro de la atención mundial por un motivo que nadie desea. Seguirá siendo un destino de esquí. Seguirá recibiendo turistas y organizando competiciones. Pero durante mucho tiempo será recordada por este incendio. Y esa es, sin duda, la fama más triste que puede tener una estación de montaña.