25DIC25 – MADRID.- El discurso tradicional de su majestad Felipe VI la noche de noche buena, a parte de su contenido integrador y ejemplarizante me ha sorprendido por hacerlo solo y en pie, en el salón de columnas del Palacio de Oriente vestido con sencillo traje de chaqueta y corbata.
Como monarca de todos los españoles tenía un derecho más que justificado, si no al menos a aparecer sentado en un trono, al menos en una sencilla butaca. Lo ha hecho sin duda Felipe VI en pie, en un acto de humildad ante la prepotencia de muchos políticos españoles que no son ni mucho menos jefes del Estado.
Felipe VI siendo el jefe del Estado ha preferido estar en pie ante las cámaras de televisión para que como otro rey, siendo el rey del universo, nació hecho niño envuelto entre pañales, en un pesebre entre pajas destinado a ser comedero de una vaca y un buey, sea un ejemplo.
Gran decisión y ejemplo el de nuestro Jefe del Estado, que sabe desposeerse de sus atribuciones y derechos y presentarse como un vulgar ciudadano.
El que no crea o no sienta este pequeño gran detalle es que no comprende la grandeza y la enorme fortuna de tener el monarca que poseemos, por el hecho de ser españoles, y que a mi modo de ver es sin duda alguna un don, un regalo del altísimo.
Que España y los españoles sepamos reconocerlo como tal.