30NOV25 – MADRID.- A lo largo del tiempo, los juguetes han sido una ventana privilegiada para observar los cambios sociales, culturales y educativos de cada época. Más que simples objetos de entretenimiento, reflejan las ideas dominantes sobre la infancia, el aprendizaje y, en gran medida, los roles de género. Durante décadas, la industria juguetera estuvo marcada por la clara división entre “juguetes para niñas” y “juguetes para niños”: muñecas y utensilios domésticos para ellas, soldaditos, autos o juegos de acción para ellos. Sin embargo, en las últimas décadas esa visión ha cambiado radicalmente.
Hoy hablamos de juguetes inclusivos, adaptados al desarrollo cognitivo, pensados para todas las edades y orientados a acompañar —y no a condicionar— el crecimiento individual de cada niño. En este artículo exploramos esta transformación y su impacto en el aprendizaje infantil.
De las muñecas y soldaditos a una nueva mirada sobre el juego
Hasta finales del siglo XX, la mayoría de los juguetes reproducían estereotipos estrictos sobre lo que se esperaba socialmente de niños y niñas. Las muñecas no eran solo un objeto de juego: se comprendían como una preparación temprana para la maternidad y el cuidado del hogar. Por su parte, los soldaditos, las armas de juguete o los vehículos simbolizaban fuerza, acción y liderazgo, atributos culturalmente asociados a lo masculino.
Esta división se reforzaba con colores, empaques y estrategias publicitarias muy marcadas: rosa para niñas, azul para niños. Incluso la disposición de los juguetes en las tiendas replicaba este orden, promoviendo un consumo claramente segmentado.
Sin embargo, a medida que nuevas generaciones comenzaron a cuestionar estos roles y la pedagogía moderna puso el foco en el desarrollo integral del niño, surgió una demanda por juguetes que no limitaran las posibilidades de juego por el género.
La revolución pedagógica del juego: creatividad, exploración y aprendizaje
A partir de los años 80 y 90, corrientes educativas como Montessori, Waldorf o Reggio Emilia impulsaron una idea más abierta del juego: este debía permitir la exploración libre, la creatividad y la expresión individual. Bajo esta mirada, los juguetes pasaron a considerarse herramientas de aprendizaje, no simples réplicas de labores adultas.
Surgieron entonces juguetes unisex basados en la manipulación, la lógica, la construcción y la experimentación:
bloques de madera,
rompecabezas,
materiales sensoriales,
juegos simbólicos más abiertos,
figuras sin roles asignados,
kits de arte, ciencia y manualidades.
Este cambio no eliminó los juguetes tradicionales, pero amplió el panorama para que todos los niños pudieran acceder a experiencias de juego que no respondieran a expectativas sociales restrictivas.
La era de la inclusión: juguetes para todos y todas
En el siglo XXI, la idea de inclusión comenzó a ser un eje central del diseño de juguetes. El enfoque actual busca que los productos reflejen la diversidad real del mundo y permitan que cada niño se vea representado.
Hoy encontramos:
muñecas con diferentes tonos de piel, cuerpos diversos y características físicas variadas,
juguetes adaptados para niños con movilidad reducida o necesidades sensoriales específicas,
figuras que representan profesiones no estereotipadas,
materiales de juego sin una asignación de género,
juguetes colaborativos que fomentan valores como el trabajo en equipo y la empatía.
Lejos de ser una tendencia superficial, esta diversidad promueve que los niños crezcan con una visión más plural y respetuosa, entendiendo desde pequeños que el mundo es múltiple y que todas las realidades son valiosas.
El juego como motor del desarrollo cognitivo
Uno de los avances más significativos en la comprensión del papel de los juguetes es el reconocimiento de su impacto en el desarrollo cognitivo. Hoy sabemos, respaldados por la psicología del desarrollo, que jugar tiene una función determinante en la adquisición de múltiples habilidades.
Los juguetes actuales, especialmente los educativos, buscan fortalecer pilares esenciales:
1. Desarrollo lógico y matemático
Rompecabezas, juegos de clasificación, bloques, construcciones y kits de robótica enseñan relaciones espaciales, secuencias y pensamiento lógico.
2. Lenguaje y comunicación
Las historias interactivas, los juegos simbólicos y las marionetas enriquecen el vocabulario, la expresión oral y la comprensión narrativa.
3. Creatividad y pensamiento crítico
Los juguetes abiertos —aquellos que pueden usarse de muchas maneras— estimulan la imaginación, la resolución de problemas y la autonomía.
4. Motricidad fina y gruesa
Desde encajables y plastilina hasta triciclos y pelotas, los juguetes contribuyen al desarrollo físico y la coordinación.
Lo significativo es que estas habilidades se desarrollan de manera natural, a través del disfrute, sin que el niño perciba que está “aprendiendo”.
El precio no define el valor del juguete
En tiempos donde abundan juguetes tecnológicos, electrónicos o altamente especializados, es habitual pensar que un mayor precio implica un mejor producto. Sin embargo, eso no siempre es cierto.
El valor real de un juguete radica en la curiosidad, el interés y la motivación que despierta en el niño, no en su costo.
Un juguete simple —como una cuerda, una caja, unos bloques o una pelota— puede ofrecer una experiencia de juego más rica y prolongada que uno muy sofisticado, cuya función está tan definida que no deja espacio a la creatividad.
Además, muchos juguetes costosos se vuelven obsoletos rápidamente o limitan el juego a una única interacción posible. La imaginación, en cambio, es infinita: un objeto sencillo puede transformarse en miles de cosas distintas dependiendo del contexto y la creatividad infantil.
Por ello, el desafío para padres y educadores no es comprar el juguete más caro, sino reconocer cuál objeto permite que el niño explore, cree, imagine y se desarrolle.
Diversidad de juguetes: una respuesta a las etapas del desarrollo
La variedad actual de juguetes permite que cada niño encuentre objetos adecuados a su edad y capacidad. La evolución de la industria ha hecho posible ofrecer opciones específicas para cada etapa del crecimiento:
en la primera infancia predominan los juguetes sensoriales y de motricidad básica;
en la etapa preescolar aparecen los juegos simbólicos, la construcción y las actividades creativas;
más adelante surgen los juegos estratégicos, científicos y tecnológicos.
Esta segmentación no busca limitar, sino acompañar mejor los procesos evolutivos individuales. Asimismo, facilita que los niños avancen a su ritmo, eligiendo juguetes que se ajusten a sus intereses personales y no a expectativas externas.
La evolución de los juguetes refleja, en muchos sentidos, la evolución de nuestra sociedad. Pasamos de una visión rígida y estereotipada del juego —muñecas para niñas, soldaditos para niños— a una perspectiva más abierta, inclusiva y centrada en el desarrollo infantil.
Hoy, los juguetes no solo entretienen: educan, acompañan, representan y estimulan. Son herramientas fundamentales para el crecimiento cognitivo, emocional y social de los niños.
En un mundo que avanza hacia la diversidad, la igualdad y el respeto, los juguetes se han transformado en aliados esenciales para formar adultos más creativos, empáticos y libres. Y, a pesar de la sofisticación tecnológica actual, no debemos olvidar una verdad simple: el mejor juguete no es el más caro, sino aquel que despierta en un niño la ilusión de jugar, imaginar y aprender.
(CN-09-JI)