26JUL25 – MADRID.- Castilla vive unos momentos en el siglo XV, sobre todo en la segunda mitad, en los que la violencia armada, las luchas feudales y los conflictos por el poder que invaden la vida cotidiana, marcan de manera profunda el día a día.
Los enfrentamientos familiares son frecuentes así como los intereses de la sucesión y la legitimidad, como fue el caso de Juana “La Beltraneja” y el dislate o no entorno al rey Enrique IV. Son tiempos convulsos, desapacibles, rebeldes empañados por el temor y los conflictos continuos marcados por la rivalidad entre los grandes, en un espacio político y económico, en transformación constante, donde se imponía para muchos lo efímero de la vida, especialmente para las clases populares.
En este estamento, el de los pecheros y trabajadores se mascaba la soledad, la tristeza y el desánimo de la vida y el temor constante a la muerte. El miedo secuestraba a la gente y la angustia les arrastraba en esa atmósfera de desencanto y patetismo; las vidas de la mayoría (pecheros) eran cortas y difíciles.
En Castilla ha muerto el rey Juan II (1454) que lo fue de este durante cuarenta y ocho años. Su hombre de confianza, Álvaro de Luna (murió decapitado en el cadalso levantado en la plaza del Ochavo de Valladolid, el día 2 de junio de 1453), persona muy importante en la primera mitad del siglo XV, fue quien impuso el equilibrio entre los intereses nobiliarios y el respeto al monarca, a quien condujo victorioso en batallas como la Higueruela(1431) u Olmedo (1445), quien supo proteger los intereses del rey y controlar a la nobleza feudal.
También se formó la Liga nobiliaria: una coalición de gran parte de la nobleza castellana -que pretendían limitar el poder real, atentando contra el condestable don Álvaro de Luna- para proteger sus intereses y privilegios económicos y territoriales.
Ya en tiempos de Enrique IV (1454-1474), el último rey medieval castellano, Castilla va a vivir momentos de mucha incertidumbre por las luchas nobiliarias por el poder.
Se trata de un monarca colmado de apelativos, como “el impotente”, débil y enfermizo, siempre en manos de unos u otros grupos nobiliarios, como los hermanos Juan Pacheco, marqués de Villena o su hermano Pedro Girón, ambos sobrinos del poderoso y turbulento arzobispo Alonso Carrillo.
El siglo XV fue un periodo de crecimiento en la Corona de Castilla y sin embargo las carestías aparecieron de manera recurrente. Un análisis comparado de la gravedad relativa de esas escaseces demuestra que las más severas estaban relacionadas con factores de tipo político, más que intrínsecamente productivos.
Tradicionalmente se ha representado a la Baja Edad Media peninsular como un escenario de pugnas nobiliarias opuestas al asentamiento de la autoridad real. No obstante, y siendo esto correcto, lo cierto es que también fue un periodo de inestabilidad social. Diferentes revueltas de carácter popular y anti-señorial estallaron en los dominios de las Coronas castellana y aragonesa; algunas han pasado bastante desapercibidas.
Las rebeliones sociales fueron una respuesta a la profunda crisis que afectó a los reinos cristianos, marcada por malas cosechas, hambre, pestes y conflictos bélicos. Estas revueltas, tanto rurales como urbanas, reflejaron el descontento popular ante la presión señorial, la explotación económica y la desigualdad social.
Se produjo un amplio escenario de levantamientos y movimientos sociales campesinos, reclamando soluciones ante una situación totalmente desfavorable para ellos, caracterizada por una depresión económica, crisis social basada en la ruptura de las relaciones entre estamentos, medidas fiscales abusivas, hambres y epidemias, etc.
Estas revueltas campesinas y la conflictividad urbana de carácter popular ,fueron también muy frecuentes en toda Europa en la Baja Edad Media, como consecuencia de la crisis provocada por la caída demográfica, los bruscos desajuste entre precios y salarios y la acentuación de las tensiones sociales. Las revueltas campesinas reflejaron asimismo una respuesta a la injusticia del feudalismo.
Estos años fueron determinantes en el asentamiento de la autoridad real sobre el resto de poderes del territorio. Por tanto, es entendible que la Corona castellana se aliara con las villas en su lucha contra la nobleza rural. Destacamos en la Corona de Castilla:
-Los Banderizos vascos: El empuje de las crecientes urbes en la Baja Edad Media puso en cuestión el tradicional poder de la nobleza rural. Las grandes familias no estaban dispuestas a ceder sus privilegios ni rentas en favor de los grupos de poder que vivían bajo el paraguas de las villas. Se sucedieron diferentes episodios de violencia. “Los banderizos vascos se refieren a los miembros de linajes nobiliarios vascos que participaron en las guerras de bandos, también conocidas como guerras de banderizos, durante la Edad Media. Estas guerras involucraron enfrentamientos entre diferentes linajes y sus partidarios, principalmente en Vizcaya, Guipúzcoa y Álava”.
El Movimiento irmandiño: fueron una serie de levantamientos populares, especialmente campesinos, con un característico fundamento social en contra de los abusos de la nobleza gallega. La Revuelta Irmandiña está considera como una de las mayores revueltas sociales del siglo XV. Su foco de actuación principal se centró en Galicia, aunque se extendió hasta tierras próximas. Tuvo lugar entre 1467 y 1469.
Herejes de Durango: Se trató de una de las experiencias heréticas previas a la Reforma en la Península Ibérica. Fueron un movimiento de disidencia religiosa. Su predicador, entre otros, fue el fraile español Alonso de Mella, cuya influencia se materializó en la antigua merindad de Durango, Vizcaya. Su doctrina se caracterizó en la crítica de los sacramentos del matrimonio y la Eucaristía.
En la Corona de Aragón distinguimos:
Revuelta de remensa: El auge de los centros urbanos repercutió en el orden socioeconómico del ámbito agrario. Concretamente, ésta fue una revuelta que enfrentó al campesinado catalán contra los propietarios, desestabilizando las bases del sistema feudal. La crisis bajomedieval en Cataluña hizo que muchos jornaleros y braceros abandonasen el campo para marchar a las crecientes ciudades. Los propietarios, ante el peligro de falta de mano de obra, decidieron recuperar los «malos usos» (abusos señoriales) que reforzaban aquellos lazos que vinculaban a campesinos con la tierra que trabajaban.
Enfrentamiento Biga-Busca. La Biga y La Busca eran los dos bloques políticos principales en que estaba dividida la burguesía barcelonesa durante el siglo XV. Se trata de uno de los conflictos más complejos y difusos de esta época. En la ciudad de Barcelona existían dos grupos de presión: la Biga -compuesta por oligarcas rentistas y comerciantes de lujo próximos al poder- y la Busca -integrada por mercaderes, artesanos y menestrales- Cuando la crisis económica se recrudeció a finales del XIV a raíz de mantener la expansión mediterránea, la convivencia entre ambos grupos se convirtió en una lucha abierta.
Rebelión foránea. Se trató de un enfrentamiento entre campesinos y la oligarquía gobernante de la ciudad de Mallorca que tuvo dos episodios violentos en 1450 y 1454. La causa del descontento radicaba en la presión fiscal que la monarquía ejercía sobre los campesinos.
En el ámbito de estas revueltas y luchas sociales hay una base común que permite comprender la transición desde las monarquías feudales al Estado Moderno en la Península Ibérica. Fue un proceso que culminó con los Reyes Católicos, pero cuyo desarrollo estuvo repleto de pugnas nobiliarias y protestas populares. En el fondo existía una proyección: el de la consolidación de la autoridad real sobre el resto de poderes existentes.
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* En el cuadro se representan arrodillados miembros de la Biga. El retablo consta de una sola tabla, con figuras de tamaño natural, representando a la Virgen con el Niño, sentada sobre un trono de estilo gótico apoyado sobre cuatro leones, dicho trono está pintado con ornamentos de esculturas y se corona con un alto dosel con un pináculo en el centro y otros dos más pequeños en ambos lados. En ambos lados del trono de la Virgen se encuentran San Andrés y Santa Eulalia.