España

Feijóo galopa de nuevo

“La Cueva del Lobo”...

Ignacio Vasallo | Miércoles 16 de julio de 2025

15JUL25 – MADRID.- Alberto Núñez Feijóo ha encontrado una fórmula que, a primera vista, le ha dado réditos políticos y mediáticos: la sobrecarga de datos y acusaciones en un corto periodo de tiempo. Lo hizo en el debate electoral con Pedro Sánchez el 10 de julio de 2023. Lo ha repetido dos años después, en la sesión del Congreso del pasado 9 de julio .



El método tiene nombre: el galope de Gish. Es una técnica que consiste en lanzar una cascada de afirmaciones y datos — ciertos o no— a tal velocidad que el oponente no tenga tiempo material para refutarlos. Quien lo practica parece dominar el tema, mientras que quien recibe el aluvión queda en posición defensiva, atrapado en el esfuerzo imposible de desmontarlo todo.

En el debate electoral del 2023 mientras Sánchez intentaba responder a un dato o a una acusación, Feijóo ya había soltado otras tres. El líder del PP mezcló cifras económicas con decisiones del gobierno, nombres propios, titulares y frases cortas. Algunos datos eran inexactos o sacados de contexto. Otros directamente falsos. Pero el formato del debate no permitió al presidente rebatir más de uno o dos. Feijóo se negó a participar en un segundo cara a cara, consolidando así una estrategia que no daba espacio a la réplica.

Los medios hicieron lo que no pudo hacer Sánchez. Periodistas como Xabier Fortes, y Silvia Intxaurrondo, se tomaron el trabajo de desmontar, las afirmaciones del líder popular. Algunas se revelaron como invenciones. Otras, como medias verdades. Pero el debate ya había tenido sus efectos.

Dos años después, en la comparecencia del presidente ante el Congreso , el líder del PP volvió a intentarlo. La sesión giraba en torno a los presuntos casos de corrupción en el gobierno. Era un terreno propicio para la oposición, pero esta vez el caballo se desbocó . En su última intervención, sin posibilidad de réplica por parte del presidente, lanzó una serie de acusaciones personales contra Pedro Sánchez y su entorno familiar:

¿Va usted a explicar en algún momento por qué su mujer ha estado intermediando en contratos públicos con empresas beneficiadas por su gobierno? ¿Por qué su hermano aparece vinculado a negocios opacos en el extranjero con empresarios próximos al PSOE? Para rematar: ¿de qué prostíbulos ha vivido usted? Quiere ilegalizar la prostitución y es participante a título lucrativo del abominable negocio de la prostitución

El problema no fue solo el contenido —una mezcla de rumores sin pruebas, datos descontextualizados y afirmaciones no contrastadas—, sino el momento elegido.

La maniobra provocó un revuelo inmediato. Pero no en la dirección que convenia a Feijóo.

Los medios de comunicación, los analistas y hasta los pasillos del Congreso dejaron de hablar de la corrupción institucional y centraron su atención en las acusaciones . Varios periodistas y juristas señalaron que el líder del PP no aportó ni una sola prueba .

El propio PSOE reaccionó con rapidez. La portavoz socialista, Pilar Alegría, habló de una táctica indigna: cuando no hay propuestas, se recurre al fango. Hoy Feijóo no ha buscado la verdad, ha buscado el lodazal.

Pero lo más relevante fue la reacción de los socios parlamentarios del Gobierno. Aunque algunos de ellos habían mostrado incomodidad con ciertos casos y no descartaban revisar su apoyo, las palabras de Feijóo sirvieron como pegamento político. ERC, Junts, Bildu, el PNV y Sumar coincidieron en rechazar las formas y el contenido del ataque.

Gabriel Rufián lo resumió en su estilo habitual: Feijóo no quiere convencer, quiere ensuciar. Y cuando solo tienes barro, todo lo que tocas se mancha, incluida tu propia credibilidad. La portavoz del PNV, Maribel Vaquero criticó el uso político del honor de la familia de un presidente: es una línea roja en política que nunca se puede traspasar.

La jugada, en lugar de erosionar al Ejecutivo, cerró filas a su alrededor. El foco se desplazó hacia la estrategia de oposición del PP.

Muchos se preguntan si Feijóo se equivocó de registro. Lo que funcionó en un debate electoral televisado, con escasa posibilidad de verificación inmediata, no parece surtir el mismo efecto en el Congreso, donde los grupos parlamentarios y la prensa tienen herramientas para matizar y desmentir.

La escena final dejó una sensación extraña: el caballo al galope de Gish se había desbocado y no sabemos si puede ser controlado.