15JUL25 – ALICANTE.- Luchon, oficialmente Bagnères-de-Luchon, se sitúa al sur de Francia, en pleno corazón de los Pirineos, muy cerca de la frontera con España. Desde Barcelona o Zaragoza, se puede llegar en coche por la A-2 o la N-230, pasando por Vielha y cruzando el túnel de Vielha hacia Saint-Béat y Montréjeau. Desde Madrid, el trayecto es de unas seis horas y media en coche. La opción más cómoda es entrar por el Valle de Arán y continuar por carreteras de montaña escénicas.
Día 1: Llegada y sumergirse en la Belle Époque
El viaje comienza con la llegada a Luchon, una villa termal con aire señorial, enclavada entre cumbres verdes y nieve perpetua. El alojamiento elegido es el hotel La Rencluse, pequeño y familiar, donde destacan la amabilidad del personal y el desayuno casero con productos locales: panes artesanos, confituras de frutos rojos, mantequilla de montaña y quesos de leche cruda.
Por la tarde, realizamos una visita guiada al casco antiguo de Luchon, descubriendo su época dorada: la Belle Époque. Entre fachadas art nouveau y bulevares arbolados, aprendemos cómo Luchon atrajo a nobles, escritores y reyes gracias a sus aguas termales. El Casino, todavía en funcionamiento, es un vestigio vivo de aquellos días, con su sala de espectáculos y un bar estilo años 20.
La jornada culmina con una cena en La Tute de l’Ours, restaurante de cocina pirenaica moderna. Recomendamos el magret de pato con salsa de arándanos silvestres y la garbure, una sopa tradicional del sudoeste francés con col, patata y confit. El postre: una crème brûlée de miel de tilo local.
Día 2: Naturaleza viva, vapor de azufre y miel premiada
Tras el desayuno, nos calzamos botas de montaña. Nos guía Sophie, experta montañera y narradora apasionada. La ruta de senderismo parte del Valle du Lis. Son 5 km con un desnivel de 380 m (2h30), una caminata ideal para quienes buscan naturaleza sin excesivo esfuerzo. A mitad del camino, el Gouffre d’Enfer —una garganta profunda por donde se precipita el agua— nos deja sin palabras. La cascada que brota de la roca negra es una postal perfecta.
Almorzamos junto al lago de Badech, en el restaurante La Guinguette, con ambiente relajado, comida casera y vistas al aeródromo. Aquí se pueden ver parapentistas surcando los cielos.
Por la tarde, nos espera una visita muy especial: La Cité des Abeilles. La familia Rougé, apicultores desde hace tres generaciones, nos recibe con trajes de protección y una sonrisa. Descubrimos el proceso de recolección, extracción y maduración de la miel. La más famosa de la zona es la miel de acacia, clara y perfumada, pero también destacan la de castaño y la de montaña, con notas florales intensas. Han sido galardonados con dos medallas en el Salón de la Agricultura de París 2025, un reconocimiento de prestigio nacional.
Finalizamos el día con dos horas de puro relax en el espacio termolúdico 'Ressources & Vous', dentro de las Termas de Luchon. El Vaporarium, único en Europa, es una cueva natural de vapor sulfuros, ya conocida por los romanos. A ello se suman piscinas de agua caliente, duchas sensoriales, un muro de hielo y una piscina panorámica en la azotea con vistas a las montañas.
Cena en el restaurante L’Escale, con platos como trucha del Nistos en papillote, milhojas de verduras de temporada y una carta de vinos del suroeste que sorprende.
Precios orientativos:
- Entrada al espacio termal: 20-25 € / 2h
- Cena media en restaurante: 25-35 €
- Noche en hotel tipo La Rencluse: 60-90 € con desayuno
Día 3: Lago de Oô, un espejo entre pinos
El tercer día comienza con un desayuno en el hotel, donde el pan de centeno y las mermeladas artesanales ya son ritual. Nos volvemos a encontrar con Sophie para una ruta más exigente pero aún familiar: el sendero al Lago de Oô (3h, 420m D+). Este lago glaciar a 1507 metros de altitud está rodeado de pinos, cascadas y acantilados. Las aguas reflejan el cielo como un espejo y es habitual ver marmotas si se camina en silencio.
Tras la caminata, comemos en Le Mailh d’Astau, en Les Granges d’Astau, al pie del sendero. El menú del día incluye tartiflette, ensalada de cabécou caliente y bizcocho de maíz con miel local. Ideal para reponer fuerzas.
Tarde libre para pasear por Luchon, comprar recuerdos (quesos, miel, jabones termales) o simplemente sentarse en una terraza frente al Casino, viendo pasar bicicletas y nubes.
Día 4: Regreso a casa con alma renovada
Después de un último desayuno en el hotel, iniciamos la vuelta a España con la sensación de haber vivido un viaje completo: historia, gastronomía, naturaleza y bienestar. Luchon no es solo un destino termal. Es un lugar donde la Belle Époque convive con lo salvaje, donde el vapor huele a azufre pero también a eucalipto, y donde una cucharada de miel encierra todo el paisaje pirenaico.
Epílogo: ¿Por qué volver a Luchon?
Porque en cuatro días se saborea, se respira, se camina y se aprende. Pero siempre queda algo pendiente: una feria, un baño más largo, una miel que no probaste, una nueva ruta entre los picos. Luchon es uno de esos lugares que no se agotan en una visita. Y eso, en tiempos de turismo exprés, es un lujo.