América

Un millón de firmas para Bolivia

Cartel original, cortesía de Valeria Barrios

OPINION: Café con Políticas, por favor…

Miércoles 22 de octubre de 2014

Tras leer la Ley 045 es inevitable pensar que bajo el manto de la lucha contra el racismo está encubierto el interés por controlar la libertad de expresión en Bolivia. Existe algo indigno en esta confusión a la que es sometido el pueblo boliviano puesto que es en extremo necesaria una ley que sirva para evidenciar los delitos de apología del racismo, pero la misma perdería su razón de ser si sirve en cualquier medida para perseguir futuras disidencias.



Por ello, es en la lucha por el derecho a no ser discriminado por pertenencias raciales y la libertad de pensar, de expresarse y de tener acceso a todo tipo de opiniones, donde el pueblo de Bolivia está llevando a cabo un debate social cuyo calado final aún no es visible. Este es un pulso más -entre la base del electorado y el gobierno-, con clara vocación de generalizarse, que está recorriendo todo el país y atravesando fronteras. Los contendores son el gobierno -de Morales-Linera- contra la innata pulsión humana de luchar contra la restricción a su libertad.

 

 

En la tensión social que se vive en Bolivia intervienen los profesionales de la radio, televisión, prensa escrita y una parte de la población. Del otro lado se encuentran los periodistas quintacolumnistas –es de esperar que cada vez en menor número-, el gobierno y autoridades acólitas –como el Defensor del Pueblo que defiende al gobierno a la vista de sus declaraciones- y la otra parte de una población acosada por los medios masivos de difusión con anuncios que repiten cansinamente que la ley antirracismo no limita la libertad de expresión.

 

En este ambiente de crispación –originado por la aprobación de la ley 045 de octubre de 2010 por la Asamblea de Diputados y el Senado de mayoría masista- se está produciendo una concentración de tóxicas desinformaciones que confunden y dividen al pueblo. A la cabeza de las reivindicaciones por la libertad de pensamiento están algunos profesionales del periodismo que no aflojan las bridas. Frente a todos ellos está la población cansada que empieza a reclamar más gestión y menos propaganda.

Claramente la discriminación es un amplio concepto que abarca género, religión, edad, etc. Cuando hablamos de raza entramos en una forma de discriminación específica, que en todas las legislaciones es considerada un delito aborrecible contra la humanidad.

 

Discriminar a una persona por sus características raciales es una rémora del pasado histórico que atenaza a las poblaciones, y contra la que hay que luchar sistemáticamente. En este punto no hay debate. Por la misma razón no tiene sentido, en este contexto, que E. Morales salga en la televisión diciendo que “lo más antidemocrático es el racismo”. Insisto, ése no es el debate pues la lucha contra el racismo es de sentido común. Tal vez Evo Morales esté olvidando que ocupa el puesto de presidente de la nación boliviana porque dos tercios le han votado. Esto significa que el pueblo boliviano no es racista ya que evidentemente le han votado indígenas, profesionales, citadinos y campesinos de todos los departamentos de Bolivia. No hubo racismo el 10 de diciembre de 2009 cuando salió elegido por segunda vez. Lo que sí hay en Bolivia es un permanente deseo de cambio, por ello mismo el presidente de Bolivia le podría estar haciendo un flaco favor al movimiento indigenista ya que “más grande que el amor por la libertad es el odio por quienes te la quitan”. Para colmo se trata de una ley que ha sido aprobada con el orgullo de no cambiar ni una coma como dijo el senador Avalos. Cabe preguntarse entonces, dónde esta el orgullo de negarse al diálogo y al consenso en un régimen democrático -salvo que el orgullo se haya transformado en arrogancia-. Así las cosas, en el futuro, cómo explicará el MAS esa rigidez de consigna a la hora de discutir una ley que afecta a todo un país.

 

Toda Bolivia –salvo deshonrosas excepciones- está en contra de la discriminación racial, en este aspecto no hay confusiones, la cuestión es que hay una distancia entre la apología del racismo -o la incitación al odio racial- y el racismo cotidiano que existe por doquier. Otra cosa hubiera sido si la ley hubiera mencionado el delito concreto de apología de la discriminación racial en los artículos de la discordia. El problema radica en la redacción de los artículos 16 y 23 de la Ley. El artículo 16 dice: “El medio de comunicación que autorizare y publicare ideas racistas y discriminatorias será pasible de sanciones económicas y de suspensión de licencia de funcionamiento, sujeto a reglamentación”, contenido que se completa con el art. 23 –irreproducible debido a su extensión-. Cómo llamar al castigo aplicable sobre las ideas sino como una limitación a la libertad de expresión que castiga a una profesión: la del periodismo. Acaso esto mismo no es una discriminación contra los periodistas?. No es sólo que afecta a la libre empresa sino sobretodo se trata de un intento de modelar, de uniformar la capacidad creativa y eso, cómo se llama? Generaciones, en Bolivia, han luchado y han pagado con su vida la defensa de las libertades, durante los crueles años de las dictaduras. Ahora, desde aquí lo que se puede hacer es pedir la solidaridad no sólo con los medios de comunicación sino con una libertad fundamental: la de pensar libremente y de expresarse conforme a esa libertad.

 

Para colmo de males, el artículo 7 prevé la creación de un comité nacional que juzgará los hechos racistas y discriminatorios, y que “estará bajo la tuición del Ministerio de Culturas”. Es decir que, en última instancia será el propio gobierno quién decidirá sobre los casos de racismo y discriminación. En un país en el que ha desaparecido la institución del Tribunal Constitucional, no resulta acaso evidente que es demasiado riesgoso dejar al propio gobierno la decisión sobre qué casos serán un delito de racismo y discriminación, especialmente teniendo en cuenta pequeños “detalles” como que cuando los obreros y obreras fabriles, pidieron la cabeza de la ministra del trabajo, Morales los acusó de discriminar a una mujer. El canal estatal no cubrió entonces la huelga de hambre de los fabriles. En este escenario, qué lugar ocupa la clase trabajadora? Con el tiempo, no será la más perjudicada?

 

A pesar de todas las apariencias, es el pueblo llano el que sufre finalmente cualquier limitación a la libertad de expresión. Con mayor motivo ahora, que fuertes grupos indigenistas y departamentos –como sucede con el de Potosí- están en clara oposición al gobierno de Morales. Si las cosas están así, no sería posible que los medios de comunicación masivos no pudieran apoyar a las clases más desfavorecidas a menos que contaran con los parabienes del ministerio de Culturas? –“y de la Santa Censura” dicho con todo respeto por la labor cultural que se lleva a cabo entre sus paredes…..- Es este un modelo del socialismo del siglo XXI? No sería mejor atacar los quistes de pobreza y de explotación capitalista que se respiran por todo el país como una medida de fondo para luchar contra el racismo? No olvidemos que discrimina el que puede.

 

Así las cosas, mientras Evo Morales está defendiendo públicamente los parabienes de una “Ley contra el racismo y toda forma de discriminación”, el pueblo está exigiendo que se implementen medidas sociales que consideran necesarias –entre ellas la protección a la libertad de expresión que sí se ve afectada por la ley 045- quizás porque se está instalando el temor a que el proceso de cambio se esté estancando. No sería lo más adecuado que un presidente de cambio garantice las libertades y no que diga que las libertades deben tener una medida pues, desde cuando una libertad con limites es una libertad?

 

En este momento, sobre la espalda de los medios de comunicación descansa la lucha por la libertad de pensamiento. Esto es algo que en toda Bolivia se ha entendido muy bien, más allá de que existan periodistas que ejerzan su profesión con amarillismo o incluso con cierta deshonestidad. Parafraseando a Berthold Bretch esta ley primero les puede afectar a los periodistas, luego a los fotógrafos, luego a los artistas plásticos, luego a los diseñadores gráficos, luego a los estudiantes a punto de egresar… ya que a partir del momento en que sabes que te pueden encarcelar por ser un discriminador, automáticamente la capacidad creativa se bloquea. En este sentido, es aconsejable no perder de vista que el Derecho Penal no es el método más eficaz ni más justo para abordar los problemas sociales y prevenir los delitos. Existen medios en el ámbito administrativo y civil que no implican penas de prisión y protegen mejor a las víctimas.

 

Además algo importante que hay que hacer notar es que la discriminación no desaparecerá por que se apruebe una ley ya que discrimina el que puede, de tal forma que el esposo no pierde la costumbre de discriminar a la mujer tal como lo hace hasta ahora el indígena originario a la vista de que no hay mujeres en los cargos de autoridad entre los pueblos originarios. Será interesante constatar si esta ley se aplicará sobre las autoridades originarias… O quizás simplemente estemos presenciando un proceso de domesticación social por parte de un gobierno al que Bolivia le ha dado la mayoría absoluta en las urnas.

 

Cómo pueden gozar los bolivianos de una libertad castrada? Cómo pueden vivir los periodistas pensando en lo que no pueden decir y según quién? Un reglamento que aún no ha sido escrito qué les garantiza? Qué tipo de ojos juzgará quién y cómo discrimina? Y si resulta que el que lo va a determinar es una persona que tiene cierto grado de resentimiento por alguna discriminación sufrida? Porqué deben los periodistas estar sometidos a ese juicio?

“Ley mordaza” artículos de la discordia 16 y 23

Los problemas de discriminación son permanentes y siguen de actualidad; nunca hay que aflojar la lucha por las libertades sociales e individuales. Ceder un poco de libertad a cambio de darle poder a un gobierno o a un modelo de estado es extremadamente peligroso para el individuo pues es así como se forman los lideres totalitarios, absolutistas, los dictadores elegidos inicialmente por el voto de las urnas.

En un país en el que la riqueza está distribuida desigualmente, donde la libertad a menudo consiste en decidir si trabajas en lo que sea, aguantando las condiciones dadas o te mueres de hambre, parece un tanto absurdo discutir por la libertad de expresión. Es posible que parezca que este debate trata sobre una libertad para las sociedades avanzadas, lujosas… porque se presupone que allí donde hay un cambio es preferible defender a los que están a la cabeza a cualquier precio. No es así, la libertad de pensar es el medio fundamental para el desarrollo de un país, está mucho más allá de las ideologías y de los intentos de ideologizar un país. No se trata sólo de una democracia que al fin de cuentas es sólo uno de los modelos de país, es que la libertad es algo difícil de definir, adaptarla a cada circunstancia o grupos social sólo es una forma de desvirtuarla, las libertades son como el oxigeno, cuando nos lo restringen hay que defenderlas y hay que tener claro que es una lucha irrenunciable.

 

En este sentido los periodistas de Bolivia no están empuñando armas, ninguna bala se ha disparado, están recolectando libros de firmas, están en huelga de hambre y es emotivo verlos en la televisión salir en camilla al grito de ¡periodistas unidos, jamás serán vencidos! Para a continuación declarar que reponen fuerzas y vuelven, que no abandonan la huelga. Estas firmas de unos cuantos son las que pretenden terminar en una rectificación de la “Ley contra el racismo y toda forma de discriminación”, una lucha que unos cuantos hacen en nombre de todo un país hasta en favor de los quintacolumnistas del periodismo que opinan que la ley no dice lo que se lee en ella…todos los ciudadanos se beneficiarán a futuro de la lucha de unos pocos. Quizás Hans Dietrich Genscher tenía razón cuando dijo que “la prensa es la artillería de la libertad” pues qué duda cabe de que la libertad de expresión es una arteria fundamental por la que circulan los pensamientos ciudadanos.

 

Por otra parte el gobierno se empeña en explicar una ley, como si una persona medianamente letrada no supiera leer y entender. El racismo es aborrecible de la misma forma que la falta de respeto es irritante cuando el gobierno de Bolivia se empeña en mantener que no hay limitación a la libertad de expresión, basta leer la Ley 045. Quizás si hubieran consensuado hubieran conseguido elaborar una ley que respondiera a las intenciones que tenían cuando la concibieron. Sin embargo se produjo una cerrazón a la hora de dialogar.

 

Ahora resulta que el pueblo de Bolivia está manifestándose por las calles, entrando en huelgas de hambre por todo el país y haciendo largas colas en defensa de su libertad de expresión. Efectivamente este problema está siendo politizado, pero también se lo puede judicializar, sociologizar, psicologizar, ideologizar, etc…. Lo que queda claro es que el deseo por defender la libertad de pensar, de expresarse está subsumido en el inconsciente popular que busca defender esa libertad a toda costa, no será que la libertad de expresión es un intangible que está presente en todos los ámbitos de la vida?. Que el presidente de Bolivia se conforme con que no le planteen diariamente graves conflictos sociales –como ha sucecdido enn gobiernos pasados- ya que ese empeño que tiene por ideologizarlo todo no parece sano. De hecho, el pueblo ya está cansándose de enfrentamientos raciales, quiere luz, comida, mejores sueldos, etc…le esta pidiendo a Morales más capacidad de gestión y menos enfrentamientos sociales.

 

Como dijeron unos escolares cuando fueron preguntados a propósito de la ley antirracismo: “esta ley no funciona como una inyección”, efectivamente, bendita la sabiduría popular que intuye lo que es más saludable para ellos. Estas personas son las mismas que tomaron conjuntamente la decisión de terminar con los presidentes de “la rosca”. No despreciemos la sabiduría del pueblo, enfrentarse a ellos nunca ha tenido buenos resultados como demuestra la historia. Pareciera que Bolivia es un país que no esta dispuesto a arrodillarse ni ante caudillos ni dictadores ni rodillo alguno.

Un millón de firmas

Desde que la iniciativa de abrir los libros de firmas en contra de la integridad del texto de la ley antirracista comenzara, ya se han reunido más de 250.000 firmas lo cual para una población votante de cuatro millones de habitantes ronda el 6.5%, teniendo en cuenta los días con los que se ha contado para reunirlas. No es una cifra despreciable aunque no llega al objetivo que hay que alcanzar.

 

Al amparo del artículo 109 de la nueva constitución política del Estado Boliviano, que indica que “los derechos fundamentales son directamente aplicables” -lo que quiere decir que forman parte de la estructura de una democracia directa y participativa por lo que el argumento de Alvaro Garcia Linera en contra de esta iniciativa no se sostiene-, se está pidiendo la participación popular para llenar los libros de firmas. Es decir que esta recogida de firmas no es ilegal y no se la puede acusar de desacato como intentó hacer Wilfredo Chávez –viceministro de coordinación gubernamental- ya que no necesita de la redacción y aplicación de ningún reglamento –que por otra parte aún no existe ya que aún no ha sido redactado- para surtir todos sus efectos legales. En este sentido, la obstrucción a la acción popular es casi abusiva teniendo en cuenta que la Constitución y la Ley del Régimen Electoral reconocen la legitimidad de este pedido de los periodistas que el pueblo apoya con sus firmas para que sea tratado en la Asamblea Legislativa por mandato constitucional. Falta que ahora que se reúnan un millón de firmas y que toda la tramitación se lleve a cabo siguiendo los trámites correctos. Esto garantizará que los ciudadanos organizados, al margen de los partidos, puedan iniciar una acción popular semejante.

 

Dos caminos son viables a partir de este momento o bien la ley no se aplica nunca en cuyo caso la motivación del gobierno que la impulsó queda clara o bien sobre un periodista y/o medio se le aplican los artículos que se quieren suprimir y el enfrentamiento entre el pueblo y el gobierno se dispara. De todos modos el pueblo boliviano seguirá en pos de conseguir ese millón de firmas para que se deroguen los artículo 16 y 23 de la Ley. Para este mundo globalizado seria un mensaje interesante que de España, Estados Unidos, Argentina, Suecia, Francia… llegaran libros de firmas a Bolivia en apoyo de la rectificación de la “Ley contra el racismo y toda forma de discriminación”.

 

Terminada esta ardua labor para la que se reclaman apoyos desde fuera -ya que muchos periodistas ven la causa tan perdida que creen que sus esfuerzos serán inútiles-, es de esperar que lleguen apoyos desde el exterior que rechacen taxativamente todo recorte a la libertad de expresión y por ende, de pensamiento. A partir de ese momento será exigible a la profesión del periodismo –que está movilizando y concienciando a la opinión pública- que responda a las expectativas haciendo un periodismo de investigación, de crítica profunda y constructiva, de oposición al poder y de independencia de pensamiento. Esperemos que la noble profesión del periodismo ocupe finalmente el lugar que en la sociedad le corresponde, ese cuarto poder de los estados que las elites temen.

 

Hay un trasfondo en todo este conflicto por encima del hecho de conservar o cambiar la propiedad de los medios de comunicación al tiempo que se toca la libre empresa –algo de lo que el gobierno de E. Morales, en todo momento ha negado afectar-, y eso es la libertad bidireccional de pensar y de expresarse. Encontramos que más allá de una actividad que el gobierno tacha de algarada mediática y que por tanto trata de deslegitimar, de contestar, de minimizar y de obstaculizar, lo cierto es que cada ciudadano tiene el derecho de leer una crítica –que no sea apología del racismo- del mismo modo que todo periodista tiene el derecho de escribir algo que disguste fervientemente a un grupo de personas con mayor o menor poder.

Ahora queda en manos de los bolivianos de todo el mundo saber qué hacer a continuación y cómo pensar sin tener en cuenta ningún otro color más que el de la bandera nacional pues como el del himno nacional dice: “¡Bolivianos! El hado propicio coronó nuestros votos y anhelos, es ya libre, ya libre este suelo, ¡ya cesó su servil condición!”.

 

Finalmente, no queda más que una disculpa por un artículo tan largo que parece una falta de respeto por el lector, pero es que inevitablemente está en mi ánimo intentar llevarles al debate… por lo mismo me permito recordarles unas palabras de Mahatma Gandhi “Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en él”.