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Opinión. ¡¡“Cuidado con los Humanos”!!

Las dudas y el matrimonio

Por Marta Miguel García

domingo 03 de febrero de 2019, 02:21h

02FEB19 – ZARAGOZA.- Hace unos días debatía con una amiga sobre el estado mental en el que presuntamente se debe encontrar alguien antes de contraer matrimonio. Ella era partidaria de que se debían tener "cero dudas" respecto a que la otra persona era la indicada. “Cero dudas” reafirmaba con énfasis.

Partiendo de la premisa de que creo que absolutamente nada en la vida está exento de duda, charlamos durante largo rato sin que ninguna cambiase de opinión. Decía José Saramago, premio Nobel de Literatura, que el trabajo de convencer es una falta de respeto, un intento de colonización del otro. Pero si todos opinásemos parecido, los artículos de opinión no tendrían cabida. Además, creo necesario pulir levemente esa idea principesca de "cero dudas" respecto a la persona elegida para pasar - en un principio - el resto de nuestra vida.

Pienso que es un ideal establecido en buena parte de la sociedad - sobre todo mujeres - y que provoca más frustración que bienestar. La expectativa de cero dudas no contribuye en absoluto a edificar una relación de calidad. Quizás ayude a erigir altares pero qué fácil es construir castillos en el aire y qué cara resulta su destrucción parafraseando a otro Nobel de Literatura, François Mauriac.

Yo no he tenido cero dudas jamás respecto a ninguna decisión en mi vida. A ninguna. Jamás. Ni siquiera las más banales cuanto menos las más trascendentes. He tenido dudas al elegir carrera, trabajo, frente a destinos de viaje e incluso ante el menú de cualquier restaurante. He tenido dudas respecto a amistades, familiares y parejas y eso no las ha denostado.

Valdría una metáfora anodina para ejemplificar mi argumento: cuando uno va a comprar ropa, no se lleva la tienda entera ni lo rechaza todo. En casi todas las decisiones de nuestra existencia nos balanceamos en escalas de grises. Uno va a adquirir una prenda y puede dudar entre varias parecidas.

Finalmente, se queda la que le convence en un porcentaje más elevado o la que satisface mayor número de criterios: color, calidad de la tela, precio etcétera. Cada uno tiene criterios distintos y por ello cada uno alberga sus dudas, sus elecciones y sus pérdidas. Porque dudar es previo a elegir y elegir es la antesala de una pérdida. Creo que dudar no solo es inherente al ser humano, sino que es síntoma de una mente inteligente, de una mente que se mueve, que valora pros y contras. El ser humano toma decisiones en base a ventajas e inconvenientes en la mayoría de los casos.

Afirmar de forma inequívoca que algo debe carecer de toda duda posible significa afirmar que está pleno de perfección y apostaría fuerte a que nada, absolutamente nada nos convence, nos llena, nos satisface, nos encaja al 100%.

Ni siquiera la madre que nos parió y mira que es complicado encontrar amor más incondicional. Por tanto, si uno de los amores sin condiciones más sublimes de nuestra existencia alberga resquicios para la imperfección, cómo no va a haber dudas al elegir a una pareja que por definición representa un amor condicional. Siempre.

Si una persona en una relación tiene cero dudas, ocurre como cuando los dos están siempre de acuerdo en todo, uno piensa por ambos. No deshecho, por supuesto, la idea de que existan personas que hablen de esa clarividencia respecto a la elección de una persona para el matrimonio. Las habrá, pero creo que si todo mortal debiera esperar a tener esa lucidez preclara ante dicha decisión, la especie muy probablemente se habría extinguido hace días teniendo en cuenta que el matrimonio a día de hoy constituye el modelo de familia hegemónica.

Tener dudas me parece incluso necesario. Qué fácil sería comprometerse ad eternum con una persona que no nos provocara estar dubitativos ni lo más mínimo. Quizás eso suceda en las películas de Hollywood, en los cuentos de Walt Disney y en los best seller de Danielle Steel. En la vida real nada es tan idílico como en las pantallas o sobre el papel. Toda relación tiene sus más y sus menos, sus crisis, defectos y virtudes. Y elegir frente a la duda es lo que más sentido confiere a esa elección.

Se envuelve de un halo de misticismo esa aparición estelar de "él" o "ella" y se adereza con alguna banda sonora de fondo de Ennio Morricone para incrementar el drama pero la realidad es que "él" o "ella" no emerge como caído del cielo mientras una luz cegadora irradia tus pupilas. La vida y las personas somos mucho más complejas que un estallido celestial, irreal y vacuo. Esa certeza absoluta que se pretende inocular sobre "esa persona " que será la indicada es una fantasía, una quimera.

El amor además de sentirse se hace, y se hace todos los días, con hechos no con violines de fondo. El amor se hace con dudas y a pesar de ellas, no con verdades absolutas. Con escalas de grises en muchos más casos probablemente que plagado de blancos o negros. Con problemas y soluciones y no como una balsa de agua estanca que no es perturbada por nada, con el resplandor lunar en su superficie que proporciona poseer la certeza absoluta. El amor está en continuo cambio porque quienes integran una pareja están en continua transformación, ya sea por avatares de la vida, por circunstancias externas o por factores ajenos al sentimiento que se pueda tener.

Cualquier relación y por supuesto la relación de pareja por la intimidad intrínseca que la caracteriza, es mutable por el propio devenir de la vida. Me parece muy ingenuo pretender que al recorrer ese camino no surjan dudas a un componente de la pareja o a ambos. Y no confiero negatividad a ese hecho.

Lo realmente negativo – y por ese motivo estoy escribiendo estas líneas - me parece alimentar amores idealizados y relaciones perfectas. Lo tóxico me parece establecer un estándar inalcanzable para las relaciones entre mortales: la inexistencia de la duda. Las que nunca tienen dudas son las plantas. Permanecen en el mismo lugar siempre, estáticas, invariables. Pero hasta donde yo sé – quizás me equivoque – los vegetales no contraen matrimonio.

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    Últimos comentarios de los lectores (3)

    2659 | Ana - 03/02/2019 @ 21:58:52 (GMT+1)
    Dudo luego existo. Yo tb creo que todos tenemos dudas siempre. Estas personas que se posicionan con enunciados tan absolutos siempre me han dado miedo... Yo creo mas bien, aunque tienen dudas toman una eleccion. Eligo casarme y eligo quererte sin ninguna duda. Es un punto de partida supongo. El articulo me ha encantado Marta!
    2657 | Ana María Zuriaga Sánchez - 03/02/2019 @ 12:19:02 (GMT+1)
    Felicidades una vez más Marta , te superas cada día más , te animo a que sigas escribiendo , cuantos periodistas e incluso escritores , lo hicieran cómo tu lo haces , espero que algún día tengas el lugar qué te pertenece en este ambito , que por derecho propio ya té pertenece. Enhorabuena
    2656 | Elena - 03/02/2019 @ 12:00:38 (GMT+1)
    Absolutamente genial. Quien no tenga dudas probablemente es porque su relación gira entorno a su "yo" y no hacia un "nosotros".

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