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Hoy 16 de agosto se cumplen 39 años de su fallecimiento

El “Gran Elvis”  8 de enero de 1935 - 16 de agosto de 1977
El “Gran Elvis” 8 de enero de 1935 - 16 de agosto de 1977

Elvis: A casi 40 años de su desaparición

Por Juan Ignacio Vera

Por Juan Ignacio Vera (*)
martes 16 de agosto de 2016, 12:39h

16AGO16.- Aunque han pasado casi cuatro décadas desde su muerte, la figura de Elvis sigue tan viva como el primer día y es que sus seguidores y admiradores aumentan a medida que pasa el tiempo. Miles de personas que no habían nacido aún cuando Elvis murió, integran hoy los millones de “fans” que a lo largo y ancho del mundo continúan disfrutando de su música y de todo lo que Elvis ayudó a crear: la cultura del rock.

Elvis: A casi 40 años de su desaparición

La noche de aquel 16 de agosto de 1977, el entonces presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, apareció en todas las cadenas de TV del país y con rostro compungido, señaló que “algo de América ha muerto” al referirse al fallecimiento ese mismo día de la –probablemente- más universal figura del “show bizz” norteamericano. Para millones de sus admiradores en todo el mundo, aquel 16 de agosto de 1977 marcó una fecha difícil de olvidar. Suponía el abrupto término de una etapa que había comenzado a finales de los años cincuenta cuando el rock, esa nueva música surgida en Estados Unidos, irrumpió arrasando el mundo entero, de la mano de Elvis.

El fenómeno sociológico que supuso Elvis y su música no tiene paralelo en la historia moderna y sin duda puede señalarse como el más importante del siglo veinte ya que pulverizó todo lo conocido hasta ese entonces como un fenómeno de masas que abarcó todos los ámbitos de la sociedad.

Sin embargo el nacimiento del rock es anterior a la aparición de Elvis y aunque esté considerado como el padre del rock, lo cierto es que Elvis no inventó el rock pero aquella corriente musical nunca hubiera llegado al lugar que tiene ahora, sin la participación de Elvis y fue a él a quien correspondió abrir las puertas a un movimiento cultural y sociológico que de cualquier manera, saldría a la superficie por mucho que la puritana, conservadora y “blanca” sociedad norteamericana se opusiera a ello.

Fuera de los Estados Unidos, el rock and roll irrumpió con inusitada fuerza a partir de la exhibición de una superficial y algo anodina película, Blackboard Jungle, (filme que en muchos países, se exhibió como “Semilla de Maldad”) y en la cual un profesor (Glen Ford) tenía que luchar para imponerse a sus rebeldes y ariscos alumnos. Esa película habría pasado sin pena ni gloria de no haber contado en su banda sonora con la que fue en un comienzo posiblemente, la más difundida melodía del nuevo género musical que rompía barreras por doquier: el famoso “Rock around the clock”, el conocido para la posteridad como el “Rock del Reloj”, a cargo del no menos célebre “Bill Haley y sus Cometas”.

El rock and roll era mucho más que un nuevo género musical y el proceso de su gestación había sido lento y nada intempestivo. En realidad, la aparición de la citada película (en 1955) coincidía con la consolidación de un nuevo estilo entre la juventud norteamericana, y con el comienzo de una gigantesca tarea de neutralización emprendida por el establishment como una manera de sofocar un movimiento de dimensión desconocida que amenazaba las bases mismas de la “blanca” Norteamérica.

Estados Unidos venía saliendo, relativamente bien, de todas las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, y a principio de los años 50 en una época de cierta prosperidad económica, los conservadores y puritanos seguidores del tristemente célebre senador McCarthy y su tenebroso “Comité de Investigación de Actividades Antiamericanas”, preconizaban una “América libre y blanca”, a salvo de cualquier manifestación y/o consideración de lo que ellos llamaban la “subcultura negra”.

Entre las fobias que se han mantenido inalterables a través de los tiempos en la idiosincrasia del hombre medio americano, el desprecio hacia el negro debe ser una de las más estables. El odio al negro, fomentado y alimentado por el macarthysmo implicaba la degradación de todas sus formas y expresiones culturales. Sus costumbres, sus creencias y aún su música, eran consideradas subdesarrolladas, infantiles y hasta grotescas.

La música, de profundo calado y arraigo en la cultura negra, era uno de los blancos preferidos de los ataques del buen razonar del ciudadano medio americano. La consideraba grosera, chabacana, vulgar, de mala calidad y para colmo de males, destilaba sexo y erotismo en cada letra y nota. En cada compás y cada verso, era una música pecaminosa, lujuriosa y como tal había que dejarla de lado. Era en suma: “sucia música de negros”.

La gente joven no obstante, no compartía estos criterios y escuchaba con agrado la programación que pequeñas emisoras de radio locales en muchas ciudades del sur, emitían a diario insistiendo en esta música de negros, que se encontraba a la sazón a medio camino en la fusión del jazz clásico, el rhytm and blues de origen negro y las baladas de country & western de los blancos sureños.

Debajo de todo este “mix”, más allá de lo visible a simple vista, se estaba gestando un estilo diferente, algo totalmente nuevo que significaría con el tiempo, la fanática y masiva adhesión de toda la juventud de esa y las siguientes generaciones. En su desarrollo este fenómeno precisaría de una estrella, un ídolo, un héroe, un Mesías, de alguien que en una sola palabra, con un solo gesto sintetizara todas las aspiraciones colectivas y que además de cantar como un negro, fuera blanco, porque si bien la juventud blanca oía con fruición esa extraña mezcla de blues y country, el ideal era la búsqueda de un cantante blanco que cantara como los negros.

Ese profeta que de manera absoluta representaría todas las aspiraciones de miles de jóvenes y que encarnaría como nadie, ese extraño sentimiento de ser un “rebelde sin causa”, (como el protagonizado en una célebre película de la época por el también mítico James Dean) fue Elvis Presley.

Nacido en una humilde familia blanca del sur, cuya estrechez económica y falta de recursos le obligó a trabajar desde los 16 años para ayudar al sustento familiar, Elvis jamás pensó que su voz y su peculiar manera de interpretar ese nuevo género musical llamado rock and roll, marcaría a fuego a toda la juventud de los años 50 en adelante. Su particular expresión corporal (de fuerte trasfondo erótico) electrizaría por igual a jóvenes de todos los rincones donde la liturgia del rock and roll, con su Sumo Sacerdote al frente, se presentaran.

Mucho se ha opinado que Elvis aportó mucho más al fenómeno social del rock and roll que al fenómeno estrictamente musical del mismo, porque cuando él hizo su irrupción, el rock and roll supuestamente, se había consolidado en su estructura musical y ya era la música de los negros que con artistas tan señeros como Fats Domino, Chuck Berry y Little Richard (entre otros) buscaban la figura de un blanco que cantara y sintiera como los negros, como manera de darle carta de ciudadanía al movimiento y les sacara del ghetto sureño, lanzándoles al resto del país.

Lo real es que esta afirmación no es del todo verdadera. No es en absoluto cierto que fueran los cantantes negros quienes buscaban a un blanco que les interpretara su música. Esta preocupación era en todo caso, una búsqueda de los empresarios de las discográficas locales que desde algún tiempo venían advirtiendo el creciente interés de una enorme masa de público joven que gustaba de esta nueva música que precisamente, por no tener un intérprete blanco, corría el riesgo de quedarse en los circuitos locales. A la sazón, ya había cantantes blancos de rock, como Joe Turner o el célebre Carl Perkins, autor de uno de los primeros éxitos de Elvis (Blue Suede Shoes, zapatos de gamuza azul) que pese a ser grabado y compuesto por Perkins, no tuvo éxito y resonancia mundial hasta que lo grabó Elvis.

A más de 60 años de la primera aparición del rock y de Elvis, ambos permanecen incólumes en los gustos y preferencias de millones de personas en todo el mundo y lo que está meridianamente claro es que la feliz confluencia y fusión de ritmos negros y blancos con la participación de Elvis dio como resultado la posibilidad de conocer y disfrutar de la maravillosa magia del más grande cantante de música popular de todos los tiempos: “El Gran Elvis”.

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