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Opinión: “La Columna de Prima…”

Cómo ser artesanos sin “diogenizarnos”

Arrancando del Mal de Diógenes* (Un pequeño aporte doméstico, pero un gran aporte social)

Por Primavera Silva Monge (*)
jueves 21 de julio de 2016, 00:05h
Cómo ser artesanos sin “diogenizarnos”

Por Primavera Silva Monge – desde Santiago de Chile

21JUL16.- Cuando nuestros amigos y parientes conocen de nuestra onda recicladora, pasan varias cosas: Una de ellas es que se corre la noticia y toda la familia, todos los amigos, amigos de los amigos y algunos vecinos, llegan con “algo” a esta inusitada “teletón de la basura”, haciendo subir nuestros cómputos a niveles insospechados.

Lo otro que sucede, es que la mayoría de tales aportes, son realmente basura para nosotros también, si es que no tenemos la mente abierta a la creatividad instantánea, un orden y diligencia excepcional o una bodega en terrenos municipales para guardar tanta mierda. Por último, tenemos el temor de decir: “Ya, basta, está bueno, gracias, tengo suficiente”, porque ahí mismo se acaban las donaciones y luego tenemos que andar peleando con los recolectores callejeros por una botellita, un diario o un simple cartón.

¿Cómo hacerlo? Pienso que con lo estrechas que son las viviendas de estos días, sería bueno orientarse y decidir cuál será nuestro reciclaje, eligiendo unos tres ítems transitorios, renovables y variables en el tiempo. Tenemos que hacer esta selección o nos vamos directo al mal del título.

Veamos unos 10 ítems para elegir, que son los de tipo pan de cada día:

1. Los tubos del papel higiénico: Parecieran brotar ante nuestros ojos y con ellos los de toalla de papel. Como no siempre los usaremos en forma tubular ni tan a flor de su piel, una solución es ir dejando hasta unos 10 redonditos y los otros aplanarlos. Por otro lado, en el jardín donde florecen tales tubos, o sea los baños, mantener una tijera cartonera para cortarlos por un lado y guardarlos como láminas de inmediato. Todas las formas pueden ser guardadas en cajas o en bolsas, pero las cajas nos ponen más ordenados. ¿Qué cajas? En un muro, donde no haya mucho movimiento, pueden poner cajas que sean más o menos del mismo tamaño, como haciendo una estantería. Nunca cerradas sin título afuera. Allí van poniendo sus selecciones, que como no pesan mucho, se mantendrán cómodas hasta que nos visiten nuestras respectivas musas artesanales. En este caso, más el del papel, semillas u otros productos naturales, será conveniente rociar de vez en cuando con insecticida, para evitar que los ácaros nos devoren la materia prima o desplacen de nuestra casa.

2. Las botellas y frascos de vidrio o plástico: Está claro que lo mejor es ir lavándolos de inmediato, especialmente las botellas de aceite y de vino. Se hace con agua tibia, desengrasante de cocina o cloro y dentro, cáscara de huevo u otros granos duros dados de baja. Se cierran, se sacuden como un cóctel y se dejan abiertas con agua muy caliente en su interior mientras hacen otra cosa, pero no lo dejen de un día para otro, que luego el agua se pone maloliente y da asco volver a trabajar en el reciclado. No cierren ni sacudan el contenido con agua muy caliente, pues puede explotar con la presión del vapor. Deben sacar las etiquetas y dejar lindos los envases antes de guardarlos, siempre dentro de una caja y no por ahí nada más. No recomiendo en absoluto las bolsas plásticas, pues no ayudan a ordenar y toma tiempo marcarlas, desamarrarlas, volver a amarrarlas y renovarlas si es que eran biodegradables.

3. Las latas de conserva: Especialmente las de mariscos y pescados, lavarlas con desengrasante o cloro de inmediato y sacarles la etiqueta. La tapa filuda, cortada con guantes de goma para evitar resbaladas, más un alicate para la fuerza y mucha precaución, deben doblarlas en cuatro y botarlas dentro de un papel, cartón o bolsa gruesa, para no lastimar a la gente pobre o perritos que hurgan la basura. Las latas a guardar, separarlas por tipo, almacenadas en forma de galletas redondas. No tienen idea de cómo se aprovecha el espacio con este tipo de orden.

4. Las cajitas de jaleas, detergente, avena, cereal, etc: Lo ideal es abrirlas, despegando o rompiendo sus lados, doblarlas y acumularlas con gomas para billetes hasta una cantidad prudente. Hay unas muy firmes, como las de cereales, que se pueden guardar sin romper para hacer archivadores o bolsos de regalo. No junten más de 10 y trabájenlas. Si pasan dos meses sin que las usen, dónenlas a otra gente. Significa que no es lo suyo por ahora. Por los restos de alimentos que nuestro ojo no capta, son atraídos muchos insectos que generan otros cuantos ácaros a los que muchos tenemos alergias que pueden derivar en sarna. Yo me rasco como mono todo el día a pesar de las precauciones.

5. Flores y semillas: Las semillas frutales pueden seleccionarlas limpias, secadas al sol y rotuladas dentro de frascos, luego de cerciorarse de que no pertenezcan a la mafia de Monsanto, es decir, que no sean transgénicas. Luego, guardarlas para una eventual hambruna mundial. Las otras semillas con caparazón, que son tan ornamentales, deben ser rociadas con insecticida para evitar un mosquerío o pudrición mediante sus degradantes naturales. Hay flores que producen mucho mosquito. Preferible no guardarlas. La forma de secar y guardar las flores que no revisten los problemas mencionados, como las rosas, margaritas, etc., se sacan del florero, se les lavan los tallos hasta donde estuvieron sumergidas en el agua, ojalá con un poquito de cloro, se amarran con algo y se cuelgan cabeza abajo en la oscuridad, como detrás de una puerta que siempre esté abierta.

6. Bolsas plásticas: Ya habrán aprendido a reconocer las que son biodegradables y que no conviene guardar, sino al contrario, usarlas de inmediato para botar basuras orgánicas. A no ser que su trabajo artesanal sea con bolsas, no recomiendo guardarlas, pues siempre huelen raro y una vez guardadas, casi nunca se usan. Si tienen acumuladas, están muy limpias y no hacen nada artesanal con ellas, pueden usarlas para rellenar unos cojines baratos de esos que se tiran al suelo para que jueguen los niños y las mascotas o para llevarlas a un paseo como almohaditas livianas.

7. Ropa vieja: Si no está lo suficientemente decente como para regalarla a alguna comunidad de ayuda, recomiendo despedazarla. Sacar los botones y guardarlos dentro de una caja rotulada. Sacar lo cierres o cremalleras y guardarlos en una bolsita que diga la medida que tiene y el color si es que no se ve. Corta y separar las partes duras de la prenda y aprovechar el máximo de tela “limpia” de todas las protuberancias de costuras y etiquetas. Doblarlas y seleccionarlas antes de acumularlas, siempre estiradas. Si no hará artesanía con ella, mejor rellenar cojines que nunca sobran o cortar cuadraditos siempre del mismo tamaño, desde unos 20 por 20, para donarlos en invierno o hacer sus propias mantitas, individuales para bandejas de desayuno, bajadas de cama, salidas del baño, etc., todo dependiendo de la textura o grosor. Guarde seleccionado. En una caja clásica de 30 por 30 por 15, pueden caber hasta 10 chalecos de lana, recortados según la explicación anterior.

8. Zapatos y cinturones viejos: Si están decentes, dónelos, de lo contrario bótelos de inmediato. No se tiente con que "el cuerito” a no ser que siempre trabaje con cuero. Por último, recorte las partes y guarde solamente cortes lo más grande posible. Las flores hechas de cuero quedan hermosas, así como los aros y pulseras.

9. Revistas y folletos: De este material, se puede extraer para hacer muchas artesanías diferentes. Si hacemos cestería, bisutería, tarjetería, embalaje, ornamentación, etc. Hay que decidir qué haremos antes de seleccionar, porque a veces vamos a hacer un tubito para cestería, pero vemos un color y trama que podríamos recortar para hacer tarjetas o forrar cajas al estilo “patchwork”. Cuando nos llegan revistas, recomiendo rescatar sin romper, aquellas de decoración, que sirven para inspirarse de vez en cuando. Además, se ven lindas dentro de una cesta o caja en cualquier rincón de la casa o taller y hace bien soñar a través de ellas.

10. Diarios: Una vez recibidos y regresado el donante a su casa, selecciónenlos de inmediato, por lo menos por tamaño. Luego se programan un par de horas para seleccionar todo lo demás. Por ejemplo, dentro de los diarios grandes, por lo general vienen suplementos chicos. Sepárenlos. El diario de economía y finanzas es de color medio rosado en casi todo el mundo (¿Querrán sugestionarnos con que la economía es de color rosa?) sepárenlos, son muy agradables y firmes para trabajar. Luego buscan otras hojas donde haya publicidad muy colorida, recorten esos trozos, guárdenlos en una caja zapatera y vuelvan a dejar ordenado de inmediato el resto del diario. Hay diarios de hasta tres tamaños diferentes y más o menos de hasta tres colores diferentes. Apártenlos de la misma manera, como algo básico.

Por último, si somos ordenados evitaremos desagradar a quienes nos rodean y perder ese amor propio que nos podría llevar al Mal de Diógenes mencionado, que aunque se use para bromas porque parece chiste, no lo es. Conozco gente con mucha cultura y grandes títulos que ha sido sometida a dicho mal. Si no somos flojos y nos esforzamos por ser ordenados y clasificadores, no perderemos tiempo, ni los espacios e incluso, podremos hacer intercambio de materia prima sin problemas. Yo lo hago con mis amigos y es muy divertido.

Espero que les hayan servido mis consejos. Recuerden no postergar la organización o adecuación de su materia prima.

PD: Recordemos que los grandes filósofos, pensadores e inventores gozaban de años de ocio, por lo que nuestros males sociales no provienen del ocio, como tontamente se ha dicho en los últimos siglos, sino que nacen de la flojera: Todos quieren estar de guata al sol sin trabajar y que el alimento les caiga del cielo. Por eso que nos vamos a pique en decadencia. ¡Ayudemos a sujetar lo bueno que queda de nuestra sociedad!

(Prima (Einstein) silva Monge – 21JUL16)

Primavera Silva Monge (*)

(*) Primavera Silva Monge es una escritora chilena, traductora de japonés, ex alumna del prestigioso Instituto Nacional de Santiago de Chile, artesana y socióloga por afición. Sus escritos los redacta referidos principalmente a los temas cotidianos imprimiéndoles una dosis de frescura y cercanía que hacen muy fácil su lectura y comprensión. Su género literario favorito es la novela y el relato o cuento corto.

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