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31 de mayo de 2020, 3:32:43
Madrid

Celebrado el recital de piano a 4 manos por el dúo Juan Mendívil-Dimitar Kanorov


Entrevista con el pianista Juan Mendívil

Por Aristo Quirós


Siguiendo con la serie de recitales de piano a 4 manos, que en diferentes escenarios culturales viene desarrollando el dúo de pianistas Juan Mendívil-Dimitar Kanorov, el pasado día 21 de Octubre en el auditorio del centro Cultural Galileo de Madrid, tuvo lugar un brillante recital con obras de J.C. Bach, Johannes Brahms, Gabriel Fauré, Claude Debussy y Maurice Ravel.

Aristo Quirós, buen conocedor de la música que interpretan estos artistas y de la trayectoria de cada uno de ellos,  entrevistó en la ocasión, a Juan Mendívil.

 


Pregunta. Un recital más; esta vez en el Centro Cultural Galileo. ¿Qué tal?

J.M. Satisfechos por tocar para un numeroso público, ávido, hambriento de música.

P. ¿De donde viene tanta avidez?

J.M.  Creo que el incuestionable atractivo de la buena música está potenciado en el momento social actual, por tanta incertidumbre, desasosiego, crisis económica y también moral.

P. ¿Y la música es un antídoto eficaz?

J.M. La música es un valor cierto, un refugio seguro, que serena el ánimo al entrar en contacto con la belleza. Así que, calma el hambre espiritual, aunque sea por poco tiempo.

P. ¿Alguna anécdota en este recital?

J.M. La persona que nos presentó al público, Alfredo Terraza, eligió un divertido y acertado símil taurino, al afirmar que el piano a 4 manos es comparable a la lidia al alimón: dos toreros lidiando juntos al toro con un solo capote.

El símil taurino es correcto. Podríamos, imaginativamente, decir, que un gran animal negro, el piano, con tantos pitones como teclas, cita a los pianistas en el ruedo del escenario. Sales allí, y el respetable te obsequia cortésmente con unos aplausos de bienvenida en espera de formar opinión. La corrida ha empezado. Ahora hay que lidiar los toros: las 6 obras del programa. Y naturalmente puedes ser cogido de gravedad. Y si eso sucede puedes morir de tristeza. O, si las cosas van bien, salir, tras haber cumplido, y entre aplausos, por la puerta grande por la que llegaste al escenario.

Liszt, el mítico pianista, llamaba a los jóvenes estudiantes pianistas que le seguían por toda Europa, jóvenes toreadores. Así que la cosa viene de lejos.

P. ¿Así de peligroso?

J.M. Ciertamente exige mucho trabajo de coordinación y compenetración, lo que conlleva una dificultad añadida, y también un encanto que el público aprecia.

P. ¿Proyectos?

J.M. Pues en la medida que lo permita la crisis, seguir, porque es un verdadero privilegio poder hacer música para los demás. Un trabajo efímero, pero glorioso.

A.Q. Pues que sigan las corridas, quiero decir, los recitales.

J.M. Muchas gracias, y Vd. que lo vea.

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