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13 de julio de 2020, 19:15:25
Opinión

Opinión: “Mi Pequeño Manhattan…”


Las ventajas del coronavirus

Por Germán Ubillos Orsolich

14MAR20 – MADRID.- Cuando de pronto, sin esperarlo nadie, aparece un hecho que conmueve los cimientos de la humanidad, primero no damos crédito a lo que nos acontece, para pasar después hacernos una idea de la capacidad de supervivencia y armar la defensa del don más sagrado y más valioso, la propia vida. La humanidad en bloque se enfrenta a su supervivencia o a perecer así, tan tontamente.


Amor, muerte, paso del tiempo, los tres temas centrales de mi dramaturgia; tres de los más importantes temas de la aventura del vivir.

Ahora de pronto uno de los tres temas, el tema de la muerte, salta a la palestra. Es como una película de cine, como un filme de terror, pero donde los protagonistas somos nosotros mismos, yo, sin ir más lejos.

Me invitan a que escriba, pero a escribir el qué, ¿mi propia defunción? ¿No hay formas más útiles de utilizar las últimas semanas, los últimos días, los minutos postreros?

Mi mundo ha sido siempre el mundo de lo invisible, el mundo de las ideas, el mundo de los argumentos. He hablado con una de mis “alumnas itinerantes” más queridas, hija de una de las familias también más queridas; se da la casualidad de que ella vale mucho, es ingeniero, pero “nos hemos encontrado”. Dios en el que creo sabrá por qué. En una ocasión se iba con sus padres mientras yo tocaba el piano en el Hotel, el Vista Alegre para más señas, ella lo recordará.

Miren, necesitamos a Dios que nos consuele de tanta penuria, de tanta miseria, porque como decía Albert Camus “los hombres mueren y no son felices”, y los hombres somos todos, vosotras y nosotros.

Ahora que se descorre el velo y que caminamos con pasos vacilantes, llenos de temor, trastabillando incluso como Gary Grant en el filme de Hitchcock “con la muerte en los talones”.

Por favor no miremos hacia atrás, caminamos hacia un mundo nuevo, el mundo de verdad, para el que hemos nacido, donde vamos a reunirnos con nuestras abuelitas y yo con Pepi, mi maestra adorada.

Esa es la realidad, no intentemos adherirnos más a ésta miseria, mi amiga, mi alumna que intuye lo que todos vosotros estáis deseando, caminamos hacia un lugar donde el sufrimiento no existe, ni tampoco la muerte.

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