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2 de abril de 2020, 21:42:47
Opinión

Opinión:


¿Es posible otro mundo?

Por José Olivero Palomeque


20ENE20.- Aunque como ser humano nunca pierda la esperanza de otro mundo posible, ante tanta oscuridad en lo referente a las relaciones entre gobiernos de diferentes países o de grupos armados y apoyados por otros gobiernos, disputándose injustos y macabros intereses, en lugar de estabilizar la paz entre los pueblos y el respeto por todo lo que representa la vida, provocan guerras y confrontaciones bélicas que matan y destruyen seres humanos y ciudades. No se aprende de la historia. Es verdad, la historia de la humanidad está sobrecargada de estas mismas experiencias.


Cuando aparecen líderes políticos o de pensamientos que llevan a cabo acciones con una visión de servicio y de desarrollo humano, desde una concepción pacífica y de respeto a la vida, la sociedad crece en todas las dimensiones humanas: sociales, culturales, económicas, científicas, industriales…Es cuando el pensamiento y la voluntad se ponen al servicio de las personas.

En este siglo XXI estamos viviendo una época de la historia demasiado cargada de todo lo contrario de ese pensamiento y esa voluntad de servicio a las personas; aparecen nacionalismos radicales, las ambiciones de poder, la acumulación de riquezas en pocas manos, los intereses geopolíticos impuestos desde la demostración de la fuerza bruta e indiscriminada; es, de alguna manera, una idea de globalización que, en lugar de lograr la estabilidad y el desarrollo de los pueblos en igualdad de oportunidades, los grandes se imponen y se aprovechan de los pequeños y más vulnerables; además, a esos procederes se les une la corrupción política que desacredita esta responsabilidad humana. La teoría de que el grande se come al pequeño. Resulta lamentable que esa teoría se aplique a la convivencia humana y al desarrollo de los pueblos.

Vivimos una involución caótica y brutal en nuestra historia cuando vemos la extrema violencia que se aplica en los focos de confrontaciones bélicas en el mundo actual. Siria, por citar uno que ya escandaliza a la humanidad, donde diferentes potencias extranjeras: EEUU, Rusia, Francia, Gran Bretaña, Arabia Saudí, distantes geográficamente de este país, hacen la guerra más sucia que podemos imaginar, pero lejos de sus propios países, provocando víctimas y éxodos masivos en la población civil, entre ellos quienes son más vulnerables: niños, mujeres, ancianos, enfermos. Ahí están los datos que facilitan las ONG internacionales, que hablan de centenares de miles de muertos y heridos y de millones de refugiados y desplazados. Los países fronterizos con Siria como Irak, Turquía, Líbano y Jordania son receptores de millones de estos refugiados y desplazados sirios. Y también a través de sus fronteras entran grupos armados de terroristas y mercenarios que se integran en una espiral de violencia criminal sin sentido; o el propio gobierno sirio mostrando una respuesta brutal y dictatorial contra su propio pueblo. Es una locura desenfrenada y generalizada que acaba con la vida.

La interrogante es, ¿por qué no se pone punto final a esta locura? ¿Qué impide acabar este genocidio tan brutal? Porque ya comenté en otro artículo que no sólo es Siria, hay muchos otros países que sufren estas mismas penalidades de guerras, terrorismo, corrupción. ¿Está, entre otros, el negocio de la venta de armas detrás de estos intereses sin escrúpulos? Un negocio para destruir la vida es un sinsentido que escandaliza al mundo. Habría que invertir esa acción maléfica transformando las armas en arados, como decía un profeta, y en instrumentos de creación y desarrollo de los pueblos. Invertir en esto es mucho más humano que las armas. Este deseo, aunque parezca iluso e ingenuo, creo que es el deseo de la mayor parte de nuestra humanidad. Esa humanidad que desea vivir en paz, sin miedos y con la dignidad de personas, valorando la vida por encima de cualquier otro interés.

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