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9 de abril de 2020, 6:20:51
Opinión

Opinión: “Mi Pequeño Manhattan...”


Nana para cantar a cualquier hora

Por Germán Ubillos Orsolich

01ENE20 – MADRID.- Niño que abres los ojos en tu alcoba cada mañana para ir al colegio, ese rayo de luz que entra a través del alfeizar de la ventana, soy yo, lo que queda de mí.


Esa algarabía que oyes en el patio de los juegos y el silencio que queda cuando todos se han ido, soy yo, lo que queda de mí.

Ese sorber la sopa de tu padre, ese ligero vaho que se eleva del plato y en el que tanto te fijas diariamente, soy yo, lo que queda de mí.

Ese sonido monocorde del autobús que te lleva al colegio, soy yo, lo que queda de mí.

Esas sábanas frías y esa botella de agua caliente que te pone mamá en las noches de invierno, no te confundas, soy yo, lo que queda de mí.

Esas montañas azules e inmóviles hacia las que tu padre dirige veloz el coche los fines de semana, soy yo, lo que queda de mí.

Ese viento tan suave, apenas perceptible, que viene de las montañas y que ondula tu pelo, soy yo, lo que queda de mí.

Niño, ese juguete roto que intentas componer sobre el blanco mantel mientras tus padres comen, soy yo, lo que queda de mí.

Esa extraña energía que sientes raras veces cuando sabes que te vas a aburrir, soy yo, lo que queda de mí.

Ese paisaje enorme que parece envolverte de prados, de montañas, de cielo; incluso de tus padres que hablando al fondo no les oyes; soy yo, lo que queda de mí.

Niño querido, ese sueño que parece invadirte cuando llega la noche, no te engañes, soy yo, que queda de mí.

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