Euromundo Global MADRID EDICIÓN DIGITAL
8 de abril de 2020, 12:59:27
Opinión

Opinión: “Mi Pequeño Manhattan...”


Navidad, Depresión y pérdida del sentido de lo sagrado

Por Germán Ubillos Orsolich

31DIC19 – MADRID.- Hacia la década de los años setenta del siglo pasado recuerdo haber compartido página del extinto diario YA con el filósofo Xabier Zubiri y un servidor, ambos colaborábamos en dicho diario. Mi artículo trataba acerca de las condiciones mínimas exigidas para que un hombre y una mujer formaran pareja con ciertas garantías de supervivencia y quiero también recordar que esas eran dos: Poseer el mismo “concepto de la vida” y las mismas “pretensiones de vida”.


Era por aquel entonces un Madrid navideño lleno de una iluminación exuberante, una muy extensa clase media – creación de la dictadura – muy, pero que muy bien educada y con unos conocimientos culturales también considerables.

Gonzalo Fernández de la Mora - que fue ministro – acababa de sacar su librito, un ensayo que corría de mano en mano, “El crepúsculo de las ideologías” en el que venía afirmando que éstas estaban en trance de desaparecer, ¡cuán equivocado estaba!. Si con ello añadimos que el Jefe del Estado de entonces llamaba a los partidos políticos - a los que detestaba – “el circo de las pulgas”- pueden imaginar la paz celestial o mortuoria que gozábamos los españoles de aquellos años, eso sí, bien nutridos y por qué no, envidiados por ciertas potencias extrajeras…

El supercompetentemente preparado Opus Dei nutría las filas del Consejo de Ministros con figuras claves y señeras como Laureano López Rodó o Gregorio López Bravo, si a ello añadimos un par de Abogados del Estado, algún que otro notario o registrador de la propiedad y del consabido monstruo de las seis o siete grandes oposiciones sacadas con el número uno, que llevaba el Estado entero en su cabeza, don Manuel Fraga Iribarne, al que tuve el gusto de conocer al concederme y hacerme entrega del Premio Nacional de Teatro que en última instancia tuvo algún problemilla como aquello de “militar que no mata jardín sin flores” o “si el pueblo pide mierda denle mierda”, frases más de un enfant terrible que otra cosa, pero que pienso que a Fraga le encantaban para lucir su imagen progresista y liberadora de la oprobiosa dictadura de aquel general encerrado en el Palacio del Pardo.

Pero bien, en aquel magma de la burguesía culta y adinerada, parecida quizá a la alemana de Thomas Mann, - descrita magistralmente por Álvaro Pombo en uno de sus últimos trabajos –, comenzaron a florecer las depresiones como las florecillas de Edelweiss en las verdes montañas alpinas. Bregar con unas de ellas a pesar o quizá debido a mis abundantes lecturas profanas ( las ya consabidas ocho horas diarias durante ocho largos años), eso que curiosamente envidian los empresarios y políticos de medio pelo y rápida factura, eso que desesperaba a mis padres por aquel entonces.

Bien lo de la depresión fue de ole, pero a decir verdad también aprendí muchas cosas. Conocí a galenos eximios, con quienes entablé verdadera amistad como por ejemplo Juan Antonio Vallejo Nájera, o el neurólogo Varela de Seijas, o a Carlos Carbonell, o al inefable y orondo Juan Rof Carballo, académico de la Real Española y también de la de Medicina, que firmaba las terceras de ABC, el ABC de los Luca de Tena, y que mis padres leían con fruición, sí ese Rof que habiendo conocido y tratado a Sigmund Freud, había trabajado con Charcot.

( Continuará)

Euro Mundo Global.  Todos los derechos reservados.  ®2020   |  www.euromundoglobal.com