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14 de diciembre de 2019, 20:21:55
Aviación y Turismo


Almería quien te viera…

Por José Martos y Nani Rodríguez. Miembros de FEPET


18NOV19 – MADRID.- … y tus calles paseara. Así dice, y dice bien, la letra de uno de sus fandangos, el palo flamenco que más se identifica con esta tierra seca, periférica y esquinada llamada Almería. Quizás haya sido su situación geográfica, la desidia de los políticos hacia un lugar del que se decía que estaba lejos de todo, o también el carácter poco reivindicativo de sus gentes de entonces, lo que hizo que fuese una tierra olvidada. Y junto al olvido, la pobreza.


Claro que eso ha cambiado radicalmente. Hoy Almería goza de una de las rentas económicas más altas, aunque desigualmente repartida, de España gracias sobre todo a dos factores: la agricultura intensiva y el mármol de la comarca del Almanzora. Ese paso retardado de la pobreza, que se mantuvo hasta la década de los cincuenta del pasado siglo, a la prosperidad actual ha hecho que sea un lugar que aún mantiene sus raíces, sus costumbres y su idiosincrasia más arraigadas que en otras zonas. Algo que se nota en esas calles que hay que pasear, pero sobre todo en su gente: abierta, acogedora, “en Almería no serás un extraño” se decía, amantes de los gozos que brinda la vida y especialmente el de la comida. Porque en Almería se come, y se come muy bien. Eso ha hecho que haya merecido durante este año que está próximo a finalizar el título de Capital Española de la Gastronomía, durante el que se han dado a conocer y se han puesto en valor los productos que le proporcionan su tierra y su mar. Un impulso que le va a permitir continuar y aumentar esa oferta que hace las delicias de nativos y foráneos, tanto en los platos servidos formalmente en sus restaurantes como en los platillos degustados de manera informal en las barras de sus bares. Porque si hay un lugar en este planeta, lo repito, en este planeta, donde el platillo, la tapa, alcanza su zénit, ese lugar es Almería.

Actualmente la palabra “tapa” o su plural “tapas” nos la encontramos no sólo en cualquier bar de España sino de cualquier país y escrita así “tapas”. Creo que es la palabra de origen español que más han adoptado otros países, pero donde tomó carta de naturaleza tanto en calidad como en variedad es Almería. Recuerdo hace años salir de bares con un grupo de amigos y al pedir las bebidas y preguntarnos qué queríamos de tapa las elegimos todas diferentes, lo que no causó sorpresa en el camarero pero sí en mí, pues era la primera vez que vivía tal situación. Diferentes tapas para cada cliente, todas de cocina y elaboradas en el momento, me parecía inaudito. Al extrañarse de mi asombro, los amigos me argumentaron que porqué iban a tomar todos lo mismo si a cada uno le apetecía algo diferente. Eso para ellos era lo normal, pero para mí reflejaba un respeto hacia los gustos del cliente que no había visto en otros lugares.

Claro que como no se va a pasar uno todo el día entre bares y restaurantes, aunque en Almería pueda apetecer ser un Pantagruel moderno para comer sin pausa desde los gurullos o el trigo hasta una cuajadera o un tabernero, por no hablar de sus pescados y mariscos, la ciudad ofrece otros atractivos. Para mí, que reconozco mi gusto por caminar, lo es perderse por sus barrios históricos perfectamente delimitados y así cumplir lo de “tus calles paseara”. A los pies de La Alcazaba, la fortaleza árabe mejor conservada, el barrio musulmán, la Medina, con su arteria principal, la calle Almedina. Contigua a éste la Almería medieval y cristiana, donde se ubican la Catedral, también fortaleza, la cruz y la espada, y el Ayuntamiento de la Plaza Vieja en cuyo centro se levanta el monumento a los Mártires de la Libertad, popularmente conocidos por “Los Coloraos”. Eran 49 ciudadanos españoles, liberales, que desembarcaron en la playa el 6 de agosto de 1824, durante la llamada Década Ominosa con la intención de restaurar la Constitución de 1812 y con ella las libertades arrebatadas por Fernando VII. Llegaron procedentes de Gibraltar en un bergantín inglés y vestidos con el uniforme rojo de la Real Armada Británica. De ahí el apelativo de “Los Coloraos”. Sobra decir que no consiguieron su objetivo y fueron apresados y fusilados días después. Esta Almería medieval se urbanizaba a ambos lados de su eje principal, la calle Real, que une la parte alta de la ciudad con el puerto.

Más hacia el este, siempre hacia el este que es la única posible zona de expansión de la ciudad, rodeada de mar y montaña, nos encontramos la Almería moderna que concentra la los más bellos edificios y el mejor comercio. Especialmente en su principal vía, una atractiva avenida, ancha y arbolada, conocida simplemente por el Paseo. Su nombre oficial siempre ha ido seguido de otras palabras, como por ejemplo de la República, del Generalísimo, de la Constitución y actualmente de Almería. Pero siempre ha sido el Paseo. Sin más.

Con el último desarrollo urbano ha surgido otra gran avenida. Como nombre oficial ostenta, muy merecidamente, el de Federico García Lorca, pero me temo que quedará eclipsado por el de la Rambla, pues eso era hasta hace unos años, antes de ser desviada, esta avenida.

Otro día les hablaré de su provincia, que ofrece ejemplos magníficos de prehistoria, espectáculo y naturaleza. Hoy me despido de esta ciudad, Almería, la al-Mariyat árabe, espejo del mar, con unos versos de Antonio Zapata: El fandango de Almería / es azul como las aguas / de la mar de su bahía / que brilla como la plata / al anochecer del día.

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