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13 de agosto de 2020, 4:46:42
Opinión

Opinión: “Desde Acá Mafer...”


“Un respeto sin respeto”

Por Marcelo Fernández Romo – desde Santiago de Chile

Por Marcelo Fernández Romo (Mafer)

16NOV19.- No sé si estaré bien en mi percepción de la realidad. Pero creo que lo que está ocurriendo en nuestro país, ya no obedece a un fenómeno político-social; yo creo que esto va más allá de eso, lo veo como un fenómeno socio-psico-cultural.


Creo que nuestra conocida posición de país “desarrollado”, dentro “del sub desarrollo”, no concuerda con tanto poder de destrucción y vandalismo.

¿Tanta gente mala vivía entre nosotros? Y no quiero ser peyorativo al decir “gente mala”, es que no se me viene a la mente otra denominación.

Porque esa manera de ensañarse con los bienes públicos y privados, pareciera que no estaba en el ADN de los chilenos. Sólo atisbos en los consabidos y tristemente célebres desmanes de Plaza Italia, que hoy parecieran chiquilladas en relación a lo vivido desde hace casi un mes.

¿A partir de que mitosis comenzó dicha metástasis de crueldad?

Esto ya no obedece al “descontento” del pueblo, esto ya adopta ribetes psiquiátricos.

Y creo que también algo tiene que ver el momento en que los padres fueron perdiendo autoridad frente a sus hijos. Como padres sintieron culpas y las transformaron en permisividad. A sus hijos les potenciaron más el “tener” que el “ser”. Día a día veo como en una actitud casi “populista” le van permitiendo todo a sus pequeños: se quiere tomar el remedio?... se quiere comer el almuerzo?... se quiere poner los zapatos?... Todo se lo preguntan, nada lo están decidiendo los adultos. Si a los 3 años le permiten todo, no esperen que a los 12 años lleguen todas las noches a dormir a casa.

Los padres han –y muchas veces dándose cuenta- perdido autoridad sobre sus hijos. Equivocadamente no han sabido demarcar la línea divisoria entre la confianza y el respeto. Hace pocos días le decía a un joven padre que en ninguna parte he visto escrito que uno debe “caerle bien a sus hijos”, pero sí, hay que educarlos bien.

Y a parte de todo eso, hoy se ofrece a los más pequeños video juegos en que el objetivo final es la destrucción. La aniquilación del contendor. ¿Podrán racionalizar aquello a los 4 ó 5 años? Más aún cuando es frecuente escuchar a sus padres diciéndoles: “mátalo, mátalo… dispárale… que no te vea, escóndete, dale por la espalda… arriba, cuidado derriba ese avión… con esa hacha rompe la puerta… tírale pronto la granada”. Hay, como te extraño Waltt Disney.

Y en nuestra sociedad de a poco comenzaron a perderse normas, costumbres, respeto. Incluso esto se puede graficar en lo observado en un simple viaje en metro. Normas: desde que se permitió el primer vendedor ambulante al interior de los vagones. Costumbres: desde el primer padre que no quiso que su hijito cediera el asiento a un adulto. Respeto: desde aquel primer joven que subió al metro con su mochila colgada en la espalda y su patineta amarrada a ella.

Cero empatía por el prójimo.

Cero respeto por lo ajeno.

Cero educación cívica.

Y así se le perdió el respeto a la autoridad y a las instituciones. Aunque al parecer, previamente las autoridades e instituciones ya le habían perdido el respeto a la gente (corrupción, robos, impunidad, abusos, encubrimientos instalados como variables de gestión).

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