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18 de julio de 2019, 21:20:13
Cultura


Ponencia literaria de José López Martínez en la Feria Nacional del Vino

  • Crónica de María José López de Arenosa


21MAY19 – MADRID.- Recientemente ha sido clausurada en Ciudad Real la Feria Nacional del Vino (Fenavin), que preside quien también lo es de la Diputación de la mencionada provincia manchega José Manuel Caballero y dirige el periodista y escritor Manuel Juliá Dorado.


Se trata de un gran acontecimiento al que acuden las principales marcas vinícolas de España y de Europa, incluso de otros continentes, participando también intelectuales de renombre como el escritor Manuel Vilas y la periodista Cristina Cubero. Una de las ponencias celebradas el día de la clausura estuvo reservada al crítico literario y director de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, José López Martínez, el cual eligió el tema El vino en la poesía manchega.

José López Martínez profundizó en los panoramas antiguos de La Mancha, tan abandonados siempre por el Estado y las instituciones de España, cuando incluso los propios escritores como Benito Pérez Galdós, Pío Baroja y Miguel de Unamuno, entre otros, dedicaron a la región manchega frases duras. “Tierra seca, inhóspita”, vinieron a decir, de la que sólo salvan apenas la gesta cervantina del Quijote. Y nada digamos de los libros y las crónicas que dedican los literatos que llegan de otros países como Francia o el Reino Unido. Pero las cosas fueron cambiando y la sociedad –la cultural y el propio pueblo español fueron tomando conciencia de que en La Mancha no sólo estaba la inmensa motivación de la mencionada novela cervantina, sino también el patrimonio de un importante bagaje cultural y humano.

Comentó José López Martínez que puede que no exista en Europa un número tan amplio e importante de cantores, de poetas del vino como hoy sucede en la comunidad de Castilla-La Mancha. Sobre todo a partir del renacimiento que mediado el siglo veinte se produjo en dicha región, auspiciado por dos grandes poetas: el valdepeñero Juan Alcalde y el tomellosero Eladio Cabañero. He aquí una muestra poética del primero: “Este majuelo del cerebro. El vino/ de esta sangre inmortal. La borrachera/ que clava en nuestra trágica cantera/ la fiebre del barreno más divino”. Y a ello se une y prosigue el poeta de Tomelloso con su soneto dedicado al vino desahuciado, del que sólo mostraremos el primer cuarteto: “Le han quietado el derecho que tenía/ este vino a cruzar por nuestra pena;/ sin color, turbio y sordo, ya resuena/ en el crisol de la destilería”.

“Sucede”, comentó José López Martínez, “que el vino tiene siempre una infancia maravillosa: su florido nacimiento en los pulgares de las cepas, renegridas por los rigores climatológicos del invierno, reluciendo en los atardeceres floridos de mayo sobre los campos manchegos; poco después, ya en pleno verano, el comienzo de la maduración del fruto, cuando el ángel del vino cruza la llanura dorando los racimos; luego vendrá la vendimia, tan llena de recuerdos folclóricos, y esa especie de transformación teológica que se produce dentro de la tinaja, ya en la bodega. Versos de Juan Alcalde”:

Crucificado sobre el sarmiento, ¡Oh, vino!,

con pámpanos triunfales resucitas

cuando en piedras preciosas resucitas.

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