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18 de agosto de 2019, 12:45:16
Cultura


Ginés Liébana entre ángeles, bestias y acordes de duende suserrailista

Por Julia Sáez-Angulo

13ABR19 – MADRID.- Ha recibido recientemente la Medalla de Oro Mayte Spínola y a continuación el Museo de la Casa de la Moneda le ha ofrecido una exposición de su obra a sus 98 años. Una muestra que es como el traslado de su casa barroco/abigarrada a dos salas del museo, con sus cuadros de pequeño y mediano formato, que es la manera en la él trabaja desde sus comienzos en la ilustración en la revista Cántico.


Dibujos, oleos, collages, acrílicos... Ginés Liébana (Torredonjimeno. Jaén, 1921) está feliz por este tardío reconocimiento, cuando su trayectoria artística ha sido larga y fecunda en la ilustración y la pintura sui generis, fuera de moda y de temporada, en las ciudades artísticas de Roma, Venecia, París, Río de Janeiro... de su trabajo plástico han salido ángeles, bestias, mujeres de largos cabellos arrastradas en el aire por su cabellos y retratos de Federico García Lorca, Antonio López, Nuria Spert, Lucía Bosé, Francisco Umbral... y su propio autorretrato de joven apuesto que utiliza en el catálogo reciente, más bien un libro atemporal sin biografía alguna del artista, para desesperación del lector que quiere saber.

Su casa situada en el norte de Madrid tiene ese aire enriquecido y espeso de los viejos palacios, conventos y tabernas de la vieja Córdoba –como él describe-, ciudad que él adoptó como suya y que la ciudad a su vez hizo lo mismo, al nombrarlo hijo adoptivo. Córdoba, Villar del Rio y Torredonjimeno han tenido su presencia y representación en la exposición de la Casa de la Moneda, con Toni Lara a la cabeza.

En su casa han tenido lugar tertulias prolongadas, interminables, por donde desfilaban escritores, periodistas, pintores, escultores, diletantes... Francisco Umbral era uno de los habituales, al igual que Antonio López el pintor, o mujeres como la actriz Nuria Spert o la modelo Lucía Bosé... También pintores emergentes como Pedro García Molano...

Muy suyo él, Ginés Liébana tiene un aire de viejo chivo con barbas, que se ríe y tiene humor para sus carcajadas, que habla y se interpreta a sí mismo sin intervención ajena alguna en la película que abrió la inauguración. La comisaria de la muestra Mónica Ede lo dijo muy claro: “no siempre ha sido un placer preparar la exposición con Ginés Liébana”. El tour de force fue un hecho.

Los ángeles pintados o llevados a la escultura de Liébana son bellos, extraños, suspendidos, voladores... al igual que sus bestias, contrapuntos de aquellos. San Rafael con el pez como atributo se repite, es una constante de su iconografía surrealista, onírica más que conceptual. Cromatismo matizado, imágenes que se doran, envuelven y empastan. Mujeres hermosas e irreales al mismo tiempo. Grato de ver, intemporal como su catálogo.

Ginés gusta de la belleza decadente de los prerrafaelitas y el eco de aquella resuena en su obra, Suyo y maniático detesta los adjetivos, sobran. Las cosas son como son y eso basta.

NOTA BENE.-Trescientos ciudadanos tuvieron que esperar media hora a que comenzara la inauguración, porque en la Casa de la Moneda apareció una vicepresidenta de Gobierno cordobesa, que quería ver la exposición y saludar al maestro Ginés ella sola; tenía otro acto a continuación. ¡El resto que espere! Ya se sabe que estamos en campaña electoral. ¿pero como se puede tolerar esa pérdida de tiempo de los ciudadanos -150 horas en total-, por un baranda que aparezca a deshora? La puntualidad es la cortesía de los grandes; una asignatura pendiente Solo la Fundación March y la Universidad de Deusto la cumplen a rajatabla en sus actos, con cortesía y respeto como los suizos., algo que agradecemos los que seguimos eventos culturales. Los demás: ¡puntualidad andaluza!

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