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17 de septiembre de 2019, 8:52:54
Opinión

Opinión: “Mi Pequeño Manhattan…”


Cuando la energía se torna materia

Por Germán Ubillos Orsolich

21MAR19 – MADRID.- Este tema esbozado en el libro “Tiempo” a punto de ser presentado en Madrid, podría haber sido muy bien un capítulo del mismo. Esto nos abre a los autores la conciencia de que podría muy bien tener una segunda parte.


El mundo de lo invisible que está más allá de la materia, finita, perecedera, con fecha de caducidad, de la que se han ocupado numerosos autores bajo el signo de la llamada Metafisica, puede identificarse con la fuerza creadora del mundo visible o material, del mundo de las cosas y de las personas.

En anterior artículo he hecho referencia a sus características: La de ser un mundo inmenso, poderosísimo e inmediato, esto es muy cercano a nosotros. También creo haberme referido a la sociabilidad del Ser supremo, creador de la raza de los hombres y mujeres, y de naturaleza Trinitaria : Uno en esencia y trino en persona.

Tendría que añadir que no solo es responsable sino también pendiente y preocupado por sus criaturas, hasta el punto que llegado un momento histórico decide hacerse hombre entre los hombres hasta compartir con ellos la vida y la muerte.

El mundo de lo invisible se abisma y se hace visible merced a la encarnación del Verbo, del Hijo en el vientre de la Santísima Virgen María.

De esa forma el Hijo, Rey del Universo, se hizo carne (esto es materia) y habitó entre nosotros.

La fuerza inefable, omnipotente, omnipresente del Hijo, energía invisible, se rebaja hasta hacerse materia por nosotros y esa materia del cuerpo de Cristo conserva sin embargo el poder de la energía invisible que lo constituía en su origen, lo que se pone de manifiesto con ese poder que llamamos sobrenatural no solo capaz de perdonar los pecados, sino de curar a los enfermos , de resucitar a los muertos, para finalmente resucitar Él mismo a voluntad del Padre, con su Cuerpo transfigurado, un cuerpo capaz de comer y de beber, pero también de atravesar los muros y aparecer en distintos lugares.

El hacerse visible y venir de su Reino, que no es de este mundo, donde posee sin embargo legiones de ángeles y arcángeles a su servicio, de inteligencia y capacidad inimaginables.

Cobra sentido por lo tanto no apegarnos demasiado a los bienes y las cosas de este mundo, por precarias y finitas, pues sabemos del mundo de lo invisible al que vamos irremisiblemente en camino. Un viaje fascinante y a la vez consolador de las penas y tristezas que tanto abundan en esta vida.

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