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19 de noviembre de 2019, 8:06:09
Cultura

RETRATOS:


Claudio Bravo, cotizado pintor hiperrealista, chileno generoso con el Museo del Prado y museo de pintura interrumpido por la muerte

  • Este 8 de noviembre de 2019 habría cumplido 83 años de edad

Por Julia Sáez-Angulo

08NOV19 – MADRID (*).- Me contó el crítico de arte Javier González de Vega, que cuando llegó a España en los 60, el chileno pintaba muy bien pero le faltaba bon gout; que el diseñador de moda Carlos Bérges y él lo cogieron por banda y le metieron la pintura del Quatroccento por los ojos, para que se empapara de la fineza italiana y paulatinamente consiguieron que. además de pintar como los ángeles, lo hiciera con las bases y la belleza italiana y española del Museo del Prado. El pintor permaneció en España hasta 1971, pero siempre contó con este país para su reconocimiento y donaciones.


Este va a ser el primer retrato a vuela pluma, semblanza, apunte o perfil –como quieran llamarlo- que hago de un artista ya desparecido, pero que forma parte de la historia del Grupo pro Arte y Cultura o más bien de su fundadora. Está propuesto para Medalla Mayte Spínola in Memoriam.

Mayte Spínola fue de las damas en posar para Claudio Bravo Camús (Chile, 1936 –Marruecos, 2011) en un retrato lleno de sutileza, del que se siente orgullosa y luce siempre en el salón. Con su característico mecenazgo artístico, Mayte llevaba a su familia y amigos al estudio de Claudio Bravo para que le compraran cuadros o le encargaran retratos. Por allí desfilaron los miembros de la familia Barreiros, los March, los Fierro… A Helena Kirby le hizo un bello retrato reclinada; un maravilloso retrato de perro con un conejo para los marqueses de Las Claras Panes… El que le hizo a Javier González de Vega es formidable.

Mayte fue la última en posar para un retrato, después de tres años seguidos yendo por las tardes al estudio de Claudio, acompañando a los presentados al pintor. Fue el último retrato que Claudio hizo, porque al establecerse en Marruecos, dejó de hacerlos. Claudio y Mayte conversaban sin parar, llegaron a quererse como hermanos, y así se consideraban entre ellos. Fue en 1971, en el estudio de Claudio, cuando ella decide ser profesional de la pintura –aunque llevaba pintado desde niña. Claudio la animó a exponer y llevó a cabo su primera muestra en la galería SEM, con Eugenia Niño como directora. Desde aquí, su carrera firme e imparable.

El primer cuadro que yo vi de Claudio fue un Cristo hiperrealista, impresionante de grande y de expresividad en la feria de ARCO, a principios de los 80. Me quedé impactada; según me dijeron fue adquirido para el Vaticano. El pintor ya exponía entonces en la célebre galería Marlborough de Madrid.

El artista me lo presentó Mayte en una cena en su honor, que ella le organizaba, en uno de los viajes que Claudio Bravo hacía desde el Marrakech de su entonces residencia a Madrid, capital en la que él había residido anteriormente, para desplazarse después a Marbella donde la jet set, con María Salamanca a la cabeza, le compraba cuadros y le encargaba retratos uno tras otro. Lo suyo, lo de Claudio Bravo, era avanzar hacia el sur y acabar en África. El éxito y reconocimiento en España fue total; en este país hizo su carrera pictórica y ganó mucho dinero.

Claudio tuvo primero una casa en Tánger, al lado de un cementerio. La segunda, también en Tánger era sobre un acantilado situado entre el Mediterráneo y el Atlántico, con un jardín de varias hectáreas repleto de rosas blancas. Cuando sonó el muecín, los jardineros, vestidos también de blanco, se pusieron de rodillas, momento en que Claudio Bravo arrancó una rosa, le quitó las espinas y, en presencia de su marido Graciliano, se la ofrendó a Mayte: Es lo que tú te mereces, le dijo. Esta casa en Tánger es la que dejó en testamento a su hermana Pilía. Después, otra casa en Marrakech –ésta no la llegó a conocer Mayte- y que dejó en herencia a la emperatriz Farah Diba –a la que también retrató- y finalmente, y finalmente la casa de Tarudan (Marruecos), una copia espléndida de la Alhambra, que visitaron como invitadas la Infanta Doña Pilar y Mayte Spínola, el pintor Rafael Cidoncha y Miguel Ángel Cortés, cuando perfilaban el futuro museo en Madrid y meses antes de su muerte. Claudio dejó un hijo adoptivo, que heredó su última casa.

En 2000 Claudio Bravo, había ya donado a la gliptoteca del Museo del Prado una soberbia colección de esculturas greco-romanas adquiridas por él en las subastas de Nueva York, por las que recibió la Medalla de Oro a las Bellas Artes de manos de su Majestad el Rey Juan Carlos, en una acto ex profeso de nuestra primera pinacoteca. Era como un reconocimiento al país que le acogió y reconoció su arte y una presencia real que reconocía aquel gesto en nombre de los españoles. La Infanta Doña Pilar tuvo mucho que ver en esta decisión de Claudio, al igual que Miguel Ángel Cortés, el que fuera secretario del Estado de Cultura.

Seguidamente Claudio quiso crear un museo con su pintura en la Comunidad de Madrid y Miguel Ángel Cortés se lo comentó de nuevo a la Infanta Pilar –mujer de gestión eficiente. Doña Pilar y Mayte Spínola viajaron de incógnito, a Tarudan, pero el rey de Marruecos, bien informado, les puso una escolta casi invisible y les invitaba a almorzar, cada vez que iban a pagar la factura en el restaurante. Las dos, junto a Claudio. perfilaron la idea del futuro museo en la Comunidad de Madrid; la presidenta madrileña Esperanza Aguirre esteaba de acuerdo acuerdo en encontrar un lugar adecuado.

Una mañana de domingo Doña Pilar, Mayte, Luis Silva y yo, viajamos a conocer unos edificios nobles en Chinchón, la Casa de la Cadena (una de esas en las que pernoctan los Reyes de España y tiene derecho a esa cadena exterior) y a Alcalá de Henares, donde un céntrico y antiguo cuartel pudiera servir para el querido museo que Claudio Bravo estaba dispuesto a adquirir para su obra. Ya he dicho que era rico.

En ello estábamos. El proyecto era apasionante, cuando nos llegó la noticia imprevista del fallecimiento de Claudio Bravo. Nos quedamos afectados y estupefactos, especialmente Mayte que había convivido mucho con él en su estudio acompañando a las damas amigas, que no solían acudir solas a posar para un artista. El proyecto del Museo Claudio Bravo en la Comunidad de Madrid, con harto sentimiento, quedó truncado. El propio artista quería sufragarlo.

Mayte Spínola perdió un amigo, un pintor que se atrevió a romper delante de ella un retrato suyo porque a él no le convencía –a ella sí y se enfadó- con la promesa de hacerle otro mejor, digno de un museo. El artista cumplió su palabra.

Mi recuerdos de aquella noche en la cena con Claudio Bravo en casa de Mayte no pueden ser más gratos. Claudio era guapo y elegante, un caballero en el trato, con voz aterciopelada como Cyrano de Bergerac y conversación amena sobre el arte. Era un hombre exquisito, hijo de terratenientes que se educó en los jesuitas. Se le notaba y se agradecía la cortesía que emanaba. Fue un ser humano que se cruzó una vez en tu vida y no se olvida, felizmente ha dejado decenas de testimonios en sus cuadros. ¡Qué pena que el Museo Claudio Bravo se interrumpiera así! Fue la miel en los labios. Mayte y yo lo hemos lamentado muchas veces, pero la vida manda en todo con sus avatares e imprevistos.

De la parte humanitaria de Claudio Bravo hay que destacar las escuelas para niños que financió en Marruecos, así como diversas enfermerías. Un hombre rico de gran corazón.

Más información

https://es.wikipedia.org/wiki/Claudio_Bravo_(pintor)

https://elpais.com/diario/2000/05/25/cultura/959205604_850215.html

http://www.wallpapers.cl/pintores/biografia_claudio_bravo.php

http://www.claudiobravo.com/biografia_1.html

(*) artículo publicado originalmente el dia 11SEP18

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