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17 de septiembre de 2019, 8:43:20
Inmigración


Migración africana: ¿De dónde salió la deportación masiva que Israel acaba de frenar?

  • El Gobierno israelí anunció un acuerdo con el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que implica cancelar el controvertido plan para deportar a miles de inmigrantes africanos.


03ABR18 – MADRID.- el gobierno israelí anunció este lunes la anulación de un polémico proyecto de expulsión de migrantes africanos y firmó un acuerdo con la ONU para trasladar una parte de esos migrantes a países occidentales.


"El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados e Israel llegaron a un acuerdo que permitirá el traslado de al menos 16.250 migrantes africanos hacia países occidentales, mientras que el Estado de Israel solucionará la situación de los que se queden", indicó un comunicado de la oficina del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

El 15 de marzo pasado, la Corte Suprema israelí suspendió el plan gubernamental que preveía la expulsión de miles de migrantes africanos que entraron ilegalmente al país.

Tras la apelación de organizaciones de defensa de los migrantes, el alto tribunal dejó en suspenso el plan hasta el 26 de marzo, y dio al Estado hasta esa fecha como plazo para argumentar su defensa.

En los últimos años la cantidad de personas procedentes de países africanos que llegan a Israel en busca de asilo han abrumado a las autoridades. Según las cuentas del Ministerio del interior, 65.000 personas llegaron a Israel en busca de refugio entre 2006 y 2013, la mayoría de ellas procedentes de países africanos.

Israel tiene una larga historia acogiendo refugiados. A finales de los 70, el primer ministro Menache Begin le dio asilo a 66 personas vietnamitas que habían sido rescatadas en el mar por un barco israelí y más recientemente, en 2007, Ehud Olmert le dio permisos de residencia a cerca de 500 sudaneses que habían llegado a Israel huyendo del conflicto en su país. Las cosas han cambiado mucho desde entonces.

Además de acusar a los inmigrantes de tomar sus empleos, los israelíes culpan a los refugiados del deterioro de la seguridad en el país, lo que se ha visto agravado por casos ampliamente magnificados por los medios como la presunta violación de una mujer de 82 años por un refugiado de Eritrea en 2012.

-Un problema de vieja data-

La difícil relación entre el gobierno israelí y los migrantes afircanos se puede ejemplificar con un episodio de 2012, cuando Miriam Regev, quien hoy está al frente de la cartera de Cultura, se dirigió a un grupo de personas que protestaban por el alza en la criminalidad en Tel Aviv. Para ella, los refugiados africanos: “son un cáncer para nuestro cuerpo”.

Después del discurso de Regev, varios de los asistentes atacaron a periodistas y migrantes africanos además de saquear establecimientos relacionados con personas que habían llegado a Israle por la inestabilidad política de sus países de origen.

Lo que vino después no mejoró las cosas. En lugar de pedir excusas a los inmigrantes sudaneses, a quienes iba dirigido su polémico comentario, Regev optó por pedirle perdón a los pacientes con cáncer y, a pesar de condenar los actos de violencia dijo entender “la rabia y le dolor de los residentes y las familias que viven allí.

Con la tercera reelección de Benjamin Netanyahu como Primer Ministro israelí, las dificultades de los refugiados africanos, la mayoría de ellos procedentes de Sudan y Eritrea solo empeoró.

En 2014, el Ministro del Interior Eli Yishai llegó a afirmar que mientras Israel no fuera capaz de deportar a los inmigrantes a otros países “los enceraría para hacer sus vías miserables”. La promesa del ministro Yishai se hizo realidad a tevés de un centro de detención construido en medio del desierto del Négev.

Según Foreign Policy, el centro de reclusión administrado por el servicio penitenciario israelí, tenía cerca de 3.000 detenidos en junio de 2017.

Desde allí, las autoridades israelíes empiezan a presionar a los inmigrantes para que dejen el país ofreciéndoles dinero y promesas falsas de trabajo en Ruanda y Uganda.

Una vez llegan esos países, los emigrantes son víctimas de redes de tráfico que buscan llevarlos a una tercera nación donde, por lo general, se les pierde el rastro

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