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25 de octubre de 2021, 4:21:19
Pueblos de España


Calpe y el Peñón de Ifach, señas de identidad de la Costa Blanca

Por Jesús Caraballo –Miembro de FEPET


05JUL17 – MADRID.- El Peñón de Ifach es la imagen más popular de la bella localidad alicantina de la Marina Alta, pero Calpe es mucho más que su Peñón. Historia, cultura, arte, tradiciones, Naturaleza, gastronomía… todo ello unido a su envidiable clima, convierten a la población en destino privilegiado para miles de turistas, que acuden a disfrutar de sus playas y de sus múltiples encantos.


Precisamente sus playas –la del Arenal y la de la Fossa, ésta en el Levante, ambas luciendo orgullosas sus respectivas banderas azules-, son para muchos el principal atractivo. Pero no nos engañemos, Calpe esconde un rico patrimonio, que refleja los diferentes pueblos que aquí han buscado su asiento: desde los íberos, que han dejado restos de su asentamiento en las faldas del Peñón, pasando por los romanos y el yacimiento que muestra la antigua piscifactoría del siglo IV; la torre árabe que vigila el acceso a Calpe desde el Mascarat; la pobla de Ifac –antiguo poblamiento castellano en el Peñón, antes de la incorporación a la Corona de Aragón-, o las murallas y el Torreó de la Peça.

La visita a Calpe no puede pasar por alto la Casa Nova, una masía fortificada del siglo XVIII-; la ermita de San Juan Bautista, también del XVIII; la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, patrona de la villa; el Molí de los Baños de la Reina, donde la tradición dice que se bañaba una princesa mora, o la estación de tren, de estilo modernista.

El paseo por el casco antiguo, con su entramado de calles empinadas, es una delicia y, de paso, se pueden visitar sus innumerables museos: el municipal de arte contemporáneo; el de miniaturas, el del comic, el de Fiestas, el Arqueológico, sin olvidar, la Casa Cocó o museo etnográfico, ambientado en una antigua casa rural tradicional de la zona conocida como riu rau, situado muy próximo al Jardín Botánico.

Además, Calpe dispone de tres puertos, el principal, a los pies del Peñón, que incluye la flota pesquera y un Club Náutico muy activo, con su escuela de vela y sus regatas, siendo la más afamada, la de la Ruta de la Sal, que une la localidad alicantina con Formentera. El Puerto Blanco, deportivo, está a los pies del Morro de Toix. Y el de Les Basetes, al que se puede acceder a pie, a través de una senda ecológica por los acantilados, de gran belleza. En cualquiera de ellos se puede practicar un sinfín de deportes náuticos.

A la cima del Peñón, se puede acceder –respetando los horarios de acceso y los periodos de nidificación de las aves y siguiendo el sendero debidamente señalizado-, para disfrutar de sus incomparables vistas (se dice que en días claros, incluso se alcanza a ver la menor de las islas pitiusas) eso sí, sólo es apto para piernas fuertes. En la ladera, se puede hacer escala en el Museo de interpretación del Peñón, considerado Parque Natural, conjuntamente con las próximas salinas que, hasta hace apenas unas décadas, aún se explotaban comercialmente. Hoy en día son uno de los parajes más bellos para los amantes de la observación de aves, ya que ahí para para reparar energías un buen número de aves y, en particular, de flamencos.

El entorno en el que se encuentra Calpe, en un valle flanqueado por el Morro de Toix, y la sierra de Oltá, que enlaza con la de Bernia, le protege del clima más riguroso del interior. Desde el Morro de Toix, las vistas son espectaculares y no tienen nada que envidiar de las del Peñón de Ifach. Otro tanto cabe decir de las de la cima de la sierra de Oltá, a donde se puede llegar cómodamente andando, no sin antes parar en la ermita de San Francisco.

Calpe es un pueblo festivo como el que más, y en su calendario no faltan las fiestas de moros y cristianos; los bous al carrer; la virgen del Carmen, patrona de la gente del mar; un buen partido de pilota valenciana, o las fiestas de San Juan y su quema de hogueras.

Y todo ello animado con la sabrosa gastronomía local, enriquecida con los productos del mar, y en la que los arroces son los reyes, como el popular arros del senyoret calpino. En la mesa, no pueden faltar las cocas –dulces y saladas-, regadas con un buen vino de la Marina Alta o con moscatel también de la zona.

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