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30 de noviembre de 2021, 1:13:28
Cultura


Mª Jesús de Frutos clausura el curso de la Tertulia Peñaltar 2016 -17

Por V. R.


27MAY17 – MADRID.-

La pintora María Jesús de Frutos ha clausurado el curso de la Tertulia Peñaltar 2016 -17, dirigida por Rosa María Manzanares. El acto, presidido por Anunciación Guil, ha tenido lugar en el Hogar de Ávila en Madrid, con una conferencia de la crítica de arte Julia Sáez-Angulo sobre la artista.


Estuvieron presentes Mayte Spínola, directora del Grupo por Arte y Cultura al que pertenece la pintora y numerosos miembros del citado Grupo como Marga Núñez, Pablo Reviriego, Puri Gazón, Adriana Zapisek, Ana Vivas, Maica Noïs, Pedro García Molano, Soledad Fernández, Amparo Ayllón, Guía Boix, Mercedes Ballesteros, Cem Ates, Ángel Salamanca, Alfonso Sebastián, Pepa Miranda,…

La conferenciante dijo entre otras cosas:

“Decía Camilo José Cela, en su revista “Papeles de Son Armadans”, que unía textos literarios de escritores con ilustraciones o reproducción de obras de artistas, decía: “De los artistas no me interesa tanto su llegada, como su permanencia”. Algo que desde luego piensan todos los coleccionistas que adquiere obras de un pintor o escultor.

Para que la tertulia Peñaltar haga un homenaje a un artista, este ha de tener una trayectoria firme y constante, como es el caso de María Jesús de Frutos. Como pintora, empezó pronto, y a formarse de modo profesional en los 80, pero a exponer a principios de los 90 y lo hizo repetidamente en la galería CC 22, situada en la calle Claudio Coello 22, donde vendía todo, absolutamente todo, en aquellos tiempos en que el mercado y la alegría de los coleccionistas era una realidad por la que muchos artistas sienten hoy nostalgia. Par que se hagan idea, aquella galería de éxito, no solo por vender pintura de María Jesús Frutos, sino también de otros artistas –una galería que apostaba por el color-, cerró, como hicieron otras cuantas.

Pues bien, nuestra artista segoviana residente en Madrid siguió pintando y exponiendo, porque cuando hay un vocación profesional se busca el modo y manera de cómo hacerlo. “Si hay un porqué para vivir, se acaba encontrando el cómo”. Por aquí pasó el artista Cejudo Nogales y me confesó que en tiempos de crisis no había dejado de pintar, pese a vender menos, porque acumulaba obra que estaba seguro algún día las cosas cambiarían. La vida es cíclica. Juan Fernández, que también pasó por aquí contó había dejado la docencia para entregarse por completo a la pintura en el taller y le pilló la crisis con la disminución de ventas.

Vuelvo a la cita de Cela: “De los artistas no me interesa tanto su llegada, como su permanencia”, ahí radica el código de coherencia de un pintor, de una pintora como María Jesús de Frutos, que desde principios de los 90 ha seguido cultivando su carrera pictórica exponiendo periódicamente y así lo ha hecho hasta llegar a foros importantes como el Torreón de Lozoya (2007), Club de Información de Alicante, la Casa de Vacas en Madrid (2015) o el Museo Municipal de El Pósito en Campo de Criptana (2017), dentro de las jornadas cervantinas, dirigidas por la célebre Lola Madrid, una animadora cultural, célebre en La Mancha.

Pintura figurativa no realista

Como buena pintora figurativa, María Jesús de Frutos cultiva todos los géneros: figura (humana en el retrato y en la danza como en “Colores de milonga”, una serie sobre el tango, el music-hall y el cabaret, que expuso en Casa de Vacas. Una serie que pintó después de viajar a la Argentina. Son escenas a veces de gran formato, en dípticos o trípticos que cobra a veces el valor de mural. La admiración por Toulouse Lautrec y sus ecos se aprecian en esta obra. Una serie en la que el trazo parece hacerse expresionista). Vemos en esta obra escenas de burgueses con una copa en la mano disfrutando de mujeres enjoyadas y artistas del music hall, con cierto paralelismo a las que pintara el germánico George Grosz en tempos del nazismo, como crítica a esa sociedad satisfecha y ciega ante lo que ocurría a su alrededor.

Paisaje, estilo cezanniano, construido, escalonando geométricamente los planos (Segovia por los cuatro costados. Allí ha expuesto en el Pabellón de Lozoya). Ha pintado cerros, trigales, choperas, ermitas, caserías… Pintora que más parece mediterránea que castellana. Lo suyo no es precisamente la sobriedad en el color, sino el vitalismo llevado al trazo grueso para marcar las formas, el contraste para marcar el color.

Bodegones y naturalezas muertas, con cerámicas, frutos, flores y floreros, textiles… Ella pinta unas copas de flores grandes y fantásticas… Es en este género, donde yo creo que María Jesús de Frutos entona su mejor do de pecho. Aquí refleja el lujo del color, la suntuosidad de la vida, la alegría de la existencia, el placer de la fruta, la sensualidad de los sentidos en definitiva. “Lujo, calma y voluptuosidd” que diría Matisse en su conocido cuadro. “¡Esa dulce y salvaje necesidad de mirar y de crear!”, que diría Hermann Hesse.

Meninas o Infantas de España. Una serie que va desde el casi monocromo de la figura, al estallido de color, con un gran sentido ocupacional del cuadro con el miriñaque.

Composición. La pintora tiende a la ocupación total del espacio del cuadro, como si sintiera el horror vacui, el horror al vacío. Deseo de colocar el color en cada uno de los rincones. Lo ocupa de modo ordenado, escalonado y paralelo en algunos paisajes, ritmo circular en algunos bodegones…

Técnica. La autora que nos ocupa pinta sobre lienzo o papel y con pigmentos indistintamente de óleo, acrílico o técnica mixta. También la acuarela, y ha participado en la última bienal de “20 Pintores unidos por la Acuarela”, que comisaría Pablo Reviriego. Una acuarela muy dibujada, para nada la abstracción de atmósferas que a veces se extrae de la acuarela, sino más bien con los parámetros que a vece requiere una témpera.

Relato. La pintura como relato, que entrelaza dibujo, color, pincelada, técnica, untuosidad de la materia y el aplique, aromas del pigmento, sentimientos, imaginación, fantasía, vida… “Luz, color, sombras…” dice la autora en un escrito que es toda una declaración de intenciones y que valdría la pena leerlo.

Ha pintado también ilustraciones para revista de cine como Nikel / Odeón y también hizo carteles de cine como el de “La leyenda de un beso” de José Luis Garci, con el que sostiene una buena amistad y de hecho él le ha escrito alguna presentación de sus exposiciones en el catálogo.

El color como móvil y protagonista

El color es lo primero que resalta de la obra de esta pintora (M J. Frutos), un color bravo, atrevido valiente. Una paleta vivaz que registra todos los tonos y resaltan la figura o las formas de modo contundente. Un cuadro de Frutos tiene presencia en el muro, en la pared. Les aseguro que cuando se va a una casa y hay un cuadro de ella, la mirada se va poderosamente a la pintura. Colores armonizados y vibrantes al mismo tiempo. A veces con ciertos acentos ácidos, como cuando refleja las sombras verdes de la figuras, al estilo van Dongen... Un color, que en mi opinión está emparentado con el fauvismo, es decir, cierta libertad para aplicarlo sobre las cosas que se representan, en algunos casos con cierto expresionismo formal. “Casas encendidas” se llama uno de sus cuadros, con título bien expresivo. Algunos críticos hablan de “violencia del color” en su obra.

El color es tan protagonista y potente que exige dosificar la presencia de cuadros en las exposiciones para que el espectador no se emborrache.

Yo diría que la manera de entender el color de M. Jesús de Frutos conecta más con la escuela de París, el expresionismo de Toulouse Lautrec, el Matisse fauvista, van Dongen y otros… que con la escuela mediterránea que le ha señalado algún crítico.

“Apaga el gris de tu vida y enciende los colores que llevas dentro” Pablo Picasso.

Tiene un estudio muy grande en San Martín de Valdeiglesias, donde se retira determinados días a pintar intensamente sin interrupción alguna. Ella confiesa que allí se queda absorta pintando y pierde la noción del tiempo, que allí olvida preocupaciones o penas, porque lo que los clásicos llaman el “rapto de inspiración” lleva a la autora a un estado de concentración total en la pincelada. “Una queda agotada, pero lo hace a gusto”, confesaba en una entrevista.

También destaca en su obra, cierto aumento de escala para poner de relieve visual la forma de sus figuras, en los retratos, ambientes o bodegones, lo que los hace más vistosos y llamativos. Es como si para ella, la pintura fuera un realce de la realidad, un plus que la hace más visible.

Los que conocemos su estudio tan estupendo, sobre todo los artistas, piensan que si allí no se pinta bien sería para matarla. El espacio amplio suele ayudar a los artistas, sobre todo para almacenar sus cuadros, aunque hay algunos que su mundo es una caja de cerillas.

Para finalizar quiero recordarles a ustedes la afirmación de Borges, de que la mejor crítica de arte, más que palabras, es aquella que invita a acercarse a la emoción y al misterio que emana de las obras del artista”.

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