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6 de diciembre de 2021, 3:39:07
Internacional


Duterte promete acabar con los yihadistas filipinos y "comerse su hígado"


09MAY17.- La reaparición del grupo Abu Sayyaf intenta ser la respuesta a la eliminación en abril de su líder, Muanmar Askali


Abu Rami, nombre de guerra de Muanmar Askali, el líder del grupo yihadista filipino Abu Sayyaf responsable de la decapitación de dos canadienses y un alemán el pasado año, resultó muerto en abril, cuando tropas de élite del Ejército filipino acorralaron a un grupo de diez terroristas en Napo (Inabanga), una localidad costera de la isla de Bohol.

“Seis de los diez miembros del comando fueron abatidos en tres casas de aldea de Napo donde se habían refugiado, después de un intenso tiroteo y fuego desde helicópteros, en el que también murieron tres soldados y un policía", informó el general Eduardo Año, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas filipinas.

El Ejército asegura haber identificado plenamente el cadáver de Abu Rami, uno de los principales dirigentes del grupo y jefe del comando que en 2016 decapitó a los canadienses John Ridsdel y Robert Hall y al alemán Jurgen Kanter. Los dos primeros fueron secuestrados en un resort turístico de la isla de Samal (Mindanao) en septiembre de 2015, junto con el noruego Kjartan Sekkingstad y su novia filipina Marites Flor, mientras que Kanter lo fue cuando navegaba en su yate por aguas de Sabah (Malasia), acción en la que su esposa fue asesinada al defenderse de los terroristas.

Los tres rehenes fueron decapitados el pasado año y en febrero de 2017, después de que el Gobierno canadiense y sus familiares no pudieran pagar el rescate exigido. El grupo yihadista aún mantiene a 29 extranjeros cautivos en las junglas del remoto archipiélago de Sulu.

Abu Sayyaf, un grupo que ha jurado lealtad al ISIS y del que se calcula que agrupa a unos 400 miembros armados –después de que varias decenas hayan sido abatidos por las fuerzas de seguridad en los últimos meses-, tiene sus cuarteles generales en las islas situadas más al sur de la conflictiva provincia de Mindanao: en Basilán y sobre todo en Joló y el archipiélago de Sulu.

En el pasado el grupo ha protagonizado sangrientos golpes de mano no sólo contra policía, ejército y civiles filipinos, sino en lujosos resorts turísticos, como en la isla de Palawan en 2001 o, su golpe más osado, en un exclusivo hotel para buceadores en la malaya isla de Sipadan en los años noventa.

Ataque a la isla turística de Bohol

Esta vez los comandos de Abu Sayyaf han cruzado otra línea roja, pues nunca habían actuado tan al norte de sus bases y en una isla tan turística y apacible como la hermosa Bohol, situada enfrente y a solo dos horas en ferry de la más grande de Cebú, donde los indígenas al mando del caudillo Lapu Lapu acabaron con la vida de Magallanes cuando los españoles desembarcaron en 1521.

Los cuatro miembros huidos del comando que desembarcó en Bohol desde unas lanchas rápidas llegadas sigilosamente de Sulu fueron neutralizados durante la semana pasada, detenidos vivos o muertos poco después, como el caso de Saad Saman Kiram, alias Abu Saad, arrestado en la madrugada de este viernes y muerto “cuando intentó escapar de su custodia”, según un portavoz policial.

No solo Bohol o las islas de Mindanao están en alerta, sino también Cebú y las también muy turísticas Palawan o Corón, al oeste del archipiélago de Filipinas y en principio muy alejadas del lugar de los hechos y donde los ferries navegan estos días con protección del Ejército.

Uno de los sectores más afectados por la última tentativa de los Abu Sayyaf es, lógicamente, la industria turística, en un país donde sólo la llegada de visitantes españoles ha aumentado en un 120% en los dos últimos años. “Ha habido muchas cancelaciones esta Semana Santa de turistas que venían a Bohol y no sabemos qué sucederá en los próximos meses”, dice Lourdes Laim, propietaria de un lujoso resort en la pequeña isla de Panglao, unida a Bohol por dos puentes y donde el comando yihadista tenía planeado secuestrar a docenas de turistas en su acción frustrada.

El pasado Viernes Santo Laim tuvo la feliz idea de invitar a alojarse en su hotel –aislado y absolutamente abierto a la playa- a diez miembros de los SWATS, las tropas de elite antiterroristas, diez rambos de negros uniformes y potentes subfusiles que Manila envió a proteger el aeropuerto de Bohol durante los preparativos de la cumbre de la ASEAN, que coincidió con la intentona terrorista, por lo que los huéspedes –la mayoría filipinos adinerados, pero también varios turistas europeos- durmieron esas noches más tranquilos.

El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, que no se distingue por el uso moderado de la fuerza, ha ordenado el envío de tropas de élite, helicópteros y patrulleras de la Armada a la islas del sur para reforzar la seguridad y ha recordado su promesa de acabar con los insurgentes, que se oponen también a los acuerdos de paz y la creación de una autonomía, Bangsamoro, con mayores poderes decisorios para la mayoría musulmana en las zonas oeste y sur de Mindanao y aceptados por la mayoría de los antiguos grupos insurgentes.

Los Abu Sayyaf sólo aceptarían la creación de un Mindanao independiente y yihadista, aunque para la mayoría de los filipinos y muchos analistas internacionales no son sino un grupo de delincuentes que utilizan la religión como una coartada para enriquecerse con los secuestros de extranjeros.

Pero esta última provocación al estado de orden que pretende imponer Rodrigo Duterte en el país parece que le ha enervado especialmente: “Voy a acabar pronto con todos vosotros y os voy a comer el hígado, sólo necesito que me den un poco de vinagre y sal y no tendré problema”, declaró el presidente la pasada semana, refiriéndose a los militantes de Abu Sayyaf.



Luis Mazarrasa

eldiario.es

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