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10 de agosto de 2020, 9:32:44
Aviación y Turismo

Impresiones viajeras


Oficinas Salitreras de Atacama (Chile)

Por José Martos y Juana Mª Rodríguez- Miembros de FEPET


01FEB17.- Los que circulábamos por las carreteras españolas en los años setenta y anteriores, aquellas carreteras llenas de baches, estrechas, muchas veces sin asfaltar y que cruzaban por el centro de todos los pueblos, recordamos unos grandes anuncios sobre chapas metálicas, colocados en las paredes de algunas casas, en la que se recortaba la silueta de un hombre con sombrero y a caballo sobre fondo amarillo, y debajo un texto que decía: “Abonad con Nitrato de Chile”.


Esa imagen repetida en no sé cuántas carreteras, pueblos y paredes de casas, llegó a fijarse en nuestra memoria de tal manera que, muchos años después, en un viaje al país de aquel nitrato, sentimos la curiosidad de saber más, de conocer los lugares de donde se extraía el polvo que alimentaba nuestras tierras para que diesen mejores cosechas, de cómo era la vida de aquellas gentes. Así conocimos las llamadas oficinas salitreras.

Situadas en lo que los chilenos llaman el Norte Grande, en el desierto de Atacama, cruzado el Trópico de Capricornio cerca de Antofagasta, se encuentran una serie de recintos que aúnan pueblos con todos sus servicios, las zonas extractivas, las necesarias industrias para tratarlo y los cementerios donde los cadáveres no se descomponen, se momifican. Todo un mundo reducido a pocas hectáreas en la gran extensión desértica, conocidas como oficinas salitreras. Pues el nitrato de sodio y potasio, que eso es el Nitrato de Chile, también recibe el nombre de salitre.

Comenzaron a desarrollarse finales del siglo XIX, tras lo que la leyenda cuenta que fue su descubrimiento por dos nativos aymaráes que hicieron una fogata y se asombraron al ver que la tierra ardía. Al igual que con la tantas veces mostrada por el cine fiebre del oro, también la riqueza del salitre atrajo a gentes en busca de fortuna. Pocos la encontraron, pero al menos muchos sí un modo de subsistencia aunque a costa del trabajo duro. Escribe Sergio González Miranda: “… los derripiadores, que dejan sumida su huella en el mango de madera de la pala, toda la huella de sus manos”

Son fantasmagóricos lugares, mezcla de un mundo urbano e industrial muy curioso. Junto a fábricas sin techo pero con toda la maquinaria perfectamente conservada porque en Atacama, donde la humedad es cero, los hierros no se oxidan, se hallan las viviendas, los parques con sus templetes de música y los teatros, que conservan escenario, palcos y plateas, dando la impresión de que todo se ha preparado para que la vida surja de nuevo. Pero nunca surgió.

Sí la muerte, porque algunas de estas ciudades que un día fueron florecientes llegando a acuñar su propia moneda de uso interno, se convirtieron durante la dictadura de Pinochet en campos de reclusión y exterminio. Miles de prisioneros políticos fueron torturados y asesinados lejos de todo, sin que nadie supiera ni de su dolor ni de su muerte. Por eso, al visitar estas oficinas salitreras se tienen dos sentimientos opuestos: el disfrute de admirar una obra única de unión entre el trabajo y la vida comunitaria, y el dolor por las atrocidades de un asesino.

Tras la primera Guerra Mundial se inició la decadencia del Nitrato de Chile por la fabricación del salitre sintético, con el que no podía competir en precio. Poco a poco se fueron cerrando las oficinas salitreras y sus muchos trabajadores de diversos países europeos y americanos tuvieron que regresar a sus lugares de origen o dispersarse por pueblos y ciudades chilenas en busca de un nuevo modo de ganarse la vida. Desde el 2004 algunas de ellas están declaradas como Patrimonio de la Humanidad y por ello protegidas.

El escritor chileno y antofagastino Andrés Sabella dedica un poema a los trabajadores del salitre: “En esta pampa fatigué las manos / me tutearon el combo y la barreta / Era mía la boca de la grieta / mío el viento de labios casi humanos”

Nota de los autores: Derripiadores, quienes rompen las piedras / Combo, doblar el cuerpo / Barreta, herramienta para abrir la tierra

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