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29 de enero de 2020, 11:45:40
Cultura

Ópera


El holandés errante” en el Teatro Real de Madrid

Por Concha Pelayo (*)


19DIC16 – MADRID.- De todos es sabido que, en general, los grandes creadores, ya sean de la literatura, de la pintura o de la música, los avalan grandes sufrimientos: hambre, miseria, tragedias familiares, guerras, incluso catástrofes naturales.


Todas estas circunstancias hacen al hombre vulnerable y sensible y le obligan a aferrarse a su propio interior para fortalecerse y poder sobrevivir. Es aquí, cuando los artistas extraen lo mejor de sí mismos y crean maravillosas obras de arte como regalo a humanidad. Así contemplamos obras de los más importantes pintores de la historia, disfrutamos con dramas en los mejores escenarios, nos deleitamos con las mejores creaciones literarias y asistimos a las mejores óperas. Tal es el caso de "El holandés errante" de Richard Wagner, una de las piezas más bellas e inquietantes del compositor.

Al respecto, Wgner dejó escrito en su autobiografía, en 1870, que para escribir esta ópera se inspiró en un tormentoso viaje por mar desde Riga hasta Londres cuya travesía navegando por un mar amenazante hizo que el barco, a punto de zozobrar en muchas ocasiones, llenara de pánico al pasaje. Sin embargo, Wagner también se inspiró en un relato de Heinrch Heine, cuyo tema central es la redención a través del amor.

El holandés errante se estrenó en España en diciembre de 1885 en Barcelona y en 1896 en Madrid en el Teatro Real. El estreno sudamericano sería en La Plata en 1886 y en Buenos Aires en 1887.

Wagner huye de Riga a Londres para intentar hacer fortuna pues le acosan sus acreedores por las numerosas deudas que había contraído. Le acompaña su esposa Mina que está embarazada y que abortaría posteriormente. A Wagner se le ha confiscado el pasaporte y tiene que viajar a escondidas atravesando bosques o durmiendo en tascas que encontraban por el camino, en las más ínfimas condiciones y siempre ocultándose. Por fin se embarcan en el Thetis, un barco viejo con una tripulación de siete marineros. Deben esconderse en el lugar donde se guardan los cables y las amarras. Pese a estar en el mes de julio, durante 24 días no cesarán las tormentas lo que obliga al capitán a refugiarse en un fiordo en las costas noruegas. Desde allí, parece que se divisa una embarcación que pudiera ser la del holandés errante. Y allí se generó el germen de esta ópera pues Wagner recordó a los marineros del norte de Europa del siglo XV lo que corroboran sus propias palabras : "El viaje a través de los acantilados noruegos hizo una maravillosa impresión en mi imaginación; la leyenda del holandés errante que los marineros verificaron, tomó un colorido distintivo y extraño que solo mi aventura por mar podían haberle dado"

Y así nos introducimos en El holandés errante que se estrenó este sábado 17DIC en el Teatro Real de Madrid.

Allex Ollé, director de escena, considera esta obra de Wagner como una de sus grandes obras maestras y al mismo tiempo define a su creador como polémico e ideólogo radical, un revolucionario de la estética.

Nos manejamos en conceptos como el amor, la muerte, la pasión, el terror, y había que buscar indefectiblemente lo contrario. Para él, el mar era lo infinito, lo que llevaba a la muerte y se encontraba en esa línea del horizonte de fusión con la tierra.

Cabe preguntarse, según Allex Ollé, si hoy pasaría algo semejante, si existirá ese lugar, aquella gente, si habrá algún infierno parecido. Y añade, ¿puede un padre vender a su propio hijo por dinero? Aquí y ahora, diríamos todos a coro. Pero la respuesta, la encuentra Wagner en el puerto de Chittangong, un lugar denominado "el infierno de la tierra".

Son tres actos trepidantes en los que el cielo se oscurece, el mar se entenebrece mientras el capitán Daland es condenado por Dios cuando blasfemó al doblar el Cabo de Buena Esperanza. Para redimirse de su condena tendrá que conseguir el amor de una mujer que encuentra en Senta la que quiere conseguir pidiendo su mano al padre que por codicia se la concede. Senta, enamorada de Erik consigue escapar y se arroja al mar.

El espectador que contemple esta ópera afrontando la realidad actual, sin tapujos y sin esconder la mirada, será consciente de que el drama de Wagner lo vivimos a diario porque nos han embarcado en ese barco cuyo capitán y su tripulación son los mismos que lo hacen zozobrar porque "navegamos en un barco embarrancado en un desierto de surrealismo industrial", porque en definitiva, los fantasmas de este holandés errante, son el alma de la sociedad capitalista embarrancada en los escollos del siglo XXI".

Teatro Real de Madrid

Fechas: 17,18,20,23,26,27,29,30 de diciembre y 2, 3 de enero.

Música y libreto: Richard Wagner

Equipo artístico

Director Musical: Pablo Heras-Casado

Director de Escena: Alex Ollè (La fura dels Baus)

(*) Concha Pelayo es escritora y miembro de AECA

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