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23 de septiembre de 2019, 1:34:51
Destinos del mundo


Cerdeña, ‘La isla del tesoro’ del Mediterráneo

Texto y fotos: Pedro Grifol –Miembro de FEPET


Cierre los ojos y piense en el mar. El primer color que se le aparecerá es el azul. Ahora piense en el azul…y verá el cielo. Mar y cielo, unidos -¿o separados?- por un trazo horizontal. Nubes algodonadas, crestas de olas, y un barco en la lejanía que se desliza despacio. Todos los barcos que pasan por la línea del horizonte navegan calmos. La calma es el sosiego, y el sosiego es condición necesaria para la contemplación, el recogimiento y el disfrute de ‘il dolce far niente’… que es una forma inteligente de no malgastar el tiempo.


Nuestro barco no es una bulliciosa ciudad flotante, sino una nave con las dimensiones precisas -ni grandes ni pequeñas- para que los pasajeros sientan que hacen un viaje de placer en barco.

Ahora pensemos en una película de aventuras. Lo primero que nos viene a la mente vuelve a ser el mar… porque ‘echarse a la mar’ es una aventura en sí misma; y viajar en barco es la alegoría del viaje. A bordo de un barco se divisaron islas remotas (mucho antes que desde un avión), y a bordo de un barco se descubrieron continentes imaginados.

Ahora pensemos en el Mediterráneo, nuestro mar. Inspirador de sueños y leyendas. Ulises sabía que en sus procelosas aguas existían monstruos, pero también sabía que en los días de bonanza las sirenas se dejaban ver.

El Mediterráneo convirtió a sus pueblos ribereños en navegantes, fue la ‘autovía’ para comerciar entre las poblaciones que bañaba, y fue testigo de los imperios que vio crecer. La esencia mediterránea impregna todo su periplo y unifica el carácter de las gentes que habitan sus costas… desde las Columnas de Hércules hasta el Bósforo. Los romanos llamaron Mare Nostrum al Mediterráneo porque era de todos y para todos.

Ahora pensemos en nuestra responsabilidad: Después de veinte siglos de ‘oleaje’, nuestro compromiso debería ser preservar su biodiversidad y proteger sus mareas para que sigan pintando nuestras costas de azul. Estamos obligados a cuidarle, ya que ha desempeñado un papel muy importante en nuestra evolución, para que pueda brindarnos sin perjuicios su ecosistema primigenio, para que nosotros pudiésemos seguir disfrutando de sus aguas traslúcidas y contemplar altivos los pinos en lo alto de los riscos, ver limpio el amarillo de su genista… y embelesarnos ante sus ardientes atardeceres.

Como en el pasado, viajar en barco es fundirse con el mar. Es sentir el rumor de las olas cerca y percibir la caricia de la brisa marina en el rostro. Y viajar en barco también constituye una forma de colaborar en el desarrollo sostenible de los países de su entorno.

La ceremonia del atraque en un puerto, al ritmo del lánguido eco del silbato del barco, siempre es un momento entrañable que nos invita a pensar. Mientras desembarcamos podemos ir pensando en cómo será nuestro camino en tierra firme… o incluso ir más allá: podemos imaginar que hemos llegado a La isla del tesoro. A fin de cuentas, para viajar a una isla es mejor tener un poco de espíritu pirata.

¿Y todo esto para llegar a Cerdeña?: Sí, porque a las islas es mejor llegar por mar. Y porque Cerdeña -la segunda isla mayor del Mediterráneo- es una isla que debe visitarse sin prisa.

Buscar alguna playa escondida, en vacaciones y sin prisa, es como buscar un tesoro.

El ferry de Grimaldi Lines, que cubre el trayecto entre Barcelona y Roma, hace escala en Porto Torres, al noroeste de Cerdeña. Una vez desembarcados (nuestro coche incluido), sugiero conducir hasta Stintino (29 km.), un apacible pueblo ubicado entre dos puertos, uno de barcos pesqueros pintados de azul, y otro ocupado por yates de recreo. Es un pueblo tranquilo, con casas de colores pastel que le dotan de personalidad y encanto. El lugar se labró una reputación por la tradición de la pesca de atún, que ahora cuenta su historia en el Museo della Tonnara. El relax vacacional tiene nombre propio: Spiaggia della Pelosa, una playa de arena blanca bañada por aguas turquesa y salpicada por fragmentos rocosos que nos remiten al paisaje lunar. Completa el escenario una torre vigía, de piedra y argamasa, en la que rompen las olas a su antojo. Las gaviotas nos sobrevuelan a su aire y algún gato aparece entre las rocas. Los dos kilómetros que separan el pueblo de la playa están salpicados de hoteles, residencias estivales y restaurantes donde se puede degustar las especialidades de la cocina local, como el risotto al nero di seppia.

Stintino es uno de los tesoros sardos que nos encontramos nada más llegar a la isla… cuando llegamos por barco, sin prisa y convencidos de que sentados en una tumbona y frente al Mediterráneo, siempre nos invade un momento de felicidad.

El ‘dolce far niente’ significa llegar a un lugar en el que no hay nada en exceso…pero tampoco falta nada.

Más información

La naviera Grimaldi Lines (www.grimaldi-lines.com) cubre la línea Barcelona-Porto Torres (Cerdeña) cinco días a la semana. Para consultar precios lo mejor es llamar al 902 531 333, ya que las tarifas varían según la disponibilidad de plazas. Pero para esta Semana Santa Grimaldi pone a disposición barco y hotel con la fórmula 7 días / 6 noches, con salida el 21 de marzo y regreso el 27, por un precio a partir de 189 euros por persona, y además puedes embarcar el coche gratis (y si tienes perrito también). De las seis noches, una será en el barco y cinco en hotel en régimen de media pensión.

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