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15 de septiembre de 2019, 8:15:59
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Cuento: “Historias Urbanas” (X)


Anoche, he visto que moría...

Por J.I.V.



Anoche he visto que moría. Ha sido una experiencia horrible y lo peor de todo es que fue por mi culpa. Llevaba ya algún tiempo pidiendo a las altas instancias, al que está en las alturas que me llevara de una vez. Tenía (y tengo) mis razones para ello: estoy aburrido de ser pobre, de andar peleando a diario los recursos para sacar adelante mis proyectos y dado que nunca he querido traspasar la línea que divide las cosas buenas de aquellas que no lo son tanto, así me va la vida...

Como decía, llevaba varias noches pidiendo que esa fuera la última pero claro al tiempo que pedía esto quería que se hiciera en determinadas condiciones y que fuera durante la etapa más pesada del sueño, la más profunda para así pasar de un estado al otro sin darme cuenta porque una cosa es que uno quiera morir voluntariamente y otra muy distinta es hacerlo con una tremenda carga de sufrimiento o en último caso con dificultad ya que imagino que no será lo mismo morir plácidamente en medio de un sueño que hacerlo en un accidente o por un ataque al corazón qué según me han dicho, suelen ser bastante traumáticos.

Como todas las últimas noches, me acosté muy cansado tanto que apenas tuve fuerzas para meterme en la cama y una vez dentro me acomodé lo mejor que pude y antes de sumirme en la inconsciencia, pedí nuevamente a quién esté arriba que me llevara con él ya de una buena vez y así acabar de manera completa con todos mis problemas que aunque no parecen, lo cierto es que son muchos ya que mi situación financiera es cada día peor y dos de las tres novias que tenía me han dado el carpetazo y a la tercera soy yo quién no haya la manera de deshacerse de ella y para colmo, me estoy haciendo viejo con lo cual ya me dirán Uds. que verdadera razón puedo tener para mantenerme más tiempo a este lado.

Como no tengo el valor suficiente no he pensado ni analizado siquiera, la posibilidad de provocar mi paso al otro barrio ya que por lo que he averiguado todos los sistemas son complicados y tienen sus riesgos y algunos de los medios empleados por aquellos que se atrevieron sólo de pensarlos, me dan escalofríos; por ejemplo: supe de uno que se subió a la azotea del edificio más alto que tenemos aquí en la ciudad y de ahí se lanzó como un pájaro y eso me parece horrible y en mi caso muy poco práctico porque tengo vértigo y no puedo ni asomarme a la ventana de mi casa sin sentir que todo se me da vueltas y así, otros medios más expeditivos me parecen igualmente espantosos como el veneno por citar uno de los más conocidos ya que según me han dicho, provoca un terrible dolor de estómago y unas molestias tremendas y esa sensación de tener náuseas y sentir como se retuercen tus tripas es bien incómoda creo yo, para que lo vamos a negar...

Las armas de fuego me producen pánico y además dicen que las carga el diablo y la sangre (para aquellos que se cortan las venas) no puedo soportar verla y de seguro, me causaría un desmayo. El método de la cuerda en una viga, me parece francamente repugnante por aquello de que hace salir la lengua exageradamente y uno no puede respirar bien (además de otras consecuencias que son un poco vergonzosas y que casi todo el mundo conoce) de manera que si lo vemos objetivamente, no es nada fácil acercarse al otro barrio por cuenta propia. Por ello, decidí que lo mejor era pedirlo eso sí con buenas palabras y explicando claramente todas las razones las cuales por lo demás cualquiera que las escuchara, las entendería plenamente.

Cuando me dormí anoche tuve la sensación de que finalmente mi ruego había sido escuchado y lo último que recuerdo antes de caer como un tronco, agotado por las 14 horas de trabajo que había tenido durante el día era que por fin, mi hora había llegado.

A poco de quedarme dormido supongo, oí que algo en mi interior me decía que dentro de breves segundos estaría muerto y la verdad es que me sentó mal entre otras cosas porque pese a que anduve corriendo de un lado a otro durante el día, hubo gestiones que no alcancé a terminar y tampoco se trataba de ir así dejando cosas a medio hacer pero ya no había tiempo y de repente, sentí que mi espíritu, de un color verdoso se salía de mi envoltura mortal y aquí tuve mi primera sorpresa: siempre imaginé que los espíritus eran de color azulado o de celeste suave pero éste, el mío, el de anoche, era verdoso con tintes oscuros y la verdad es que cuando me vi fuera de mi cuerpo mortal que seguía por lo visto durmiendo sin darse cuenta de nada, me acometió un miedo tremendo y traté de gritar pero comprobé que no me salía ningún sonido y en un primer momento pensé en llamar al resto de las personas que habitan mi casa, pero fue imposible: no podía gritar ni tenía modo alguno de avisar lo que me estaba pasando de manera que haciendo un tremendo esfuerzo, me deslicé hacia la puerta de mi habitación saliendo al pasillo y me di cuenta que en la planta baja había una luz en la cocina y como pude me dejé caer por las escaleras casi rozando los peldaños porque comprobé con creciente terror que no tenía una forma definida y era como si de pronto, hubiera perdido mi consistencia. Al pasar por el rellano de la escalera miré un gran espejo que tenemos ocupando una buena parte de la pared y que ayuda a la sensación de agrandar el espacio existente, y me di cuenta que el cristal no reflejaba absolutamente nada con lo cual mi terror aumentó al extremo de sentir que tenía el corazón a punto de salirme por la boca aun cuando -pensé en ese momento-, que era una sensación muy rara puesto que el corazón debía estar todavía, en mi cuerpo yaciente en la cama.

Haciendo un esfuerzo tremendo, conseguí acercarme a la puerta de la cocina donde seguramente estaba mi novia (la “número tres”, esa a la cual no encuentro manera de perder de vista) dando los últimos toques antes de irse a dormir y puse lo que creía era mi mano sobre la manija para abrirla pero no conseguí asirla y para mi sorpresa, me di cuenta que podía atravesar la hoja de madera y efectivamente allí estaba ella, ajena a todo lo que me estaba ocurriendo sin saber que hacía apenas unos segundos, yo había pasado a mejor vida y que seguramente esta última acción que ahora mismo estaba haciendo, era la inmediatamente anterior a mi viaje final y en ese momento, me pareció la criatura más adorable del mundo la única que en tan difícil trance podía ayudarme.

Intenté gritarle, quise asirla de un brazo para pedirle que fuera rápidamente escaleras arriba a verme pero nada, no me hizo el menor caso ni conseguí llamar su atención y no supe si era debido a que no me escuchó por el ruido del lavavajillas o porque como siempre, no prestó atención a nada de lo que dije.

Fue entonces –para mi desilusión-, cuando me di cuenta que nada de lo que siempre me habían contado acerca de los instantes previos a la muerte se estaban produciendo: no había allí ni túneles de luz, ni sensación de paz, ni ángeles y muchos menos, visiones de mi vida pasando rápidamente ante mis ojos. Lo único que sentía era una tremenda angustia y sobre todo, la desesperación de querer salir de la situación en que ahora mismo me encontraba y fue en ese momento cuando en mi cerebro o lo que fuera, surgió en el último instante el deseo de querer volver a mi atormentada envoltura carnal que con todos sus problemas, achaques y años, era después de todo la mejor morada para este estado de espíritu de feo color verdoso en que me había convertido.

Como puede y reuniendo todas las fuerzas de que disponía en ese instante y sintiendo que mi tiempo a este lado se acababa, me deslicé escaleras arribas y pude conseguir desesperado después de un jadeante esfuerzo, acercarme a mi cuerpo que ajeno a todo –al menos a simple vista- parecía dormir. En ese instante, cuando vi mi vieja y querida armazón mortal un incontenible deseo de volver a ella me asaltó por completo y justo un momento antes de presentir que mi tiempo para estar fuera había terminado, alcancé a entrar y en ese instante, mi cuerpo se despertó y tuve la angustiosa sensación de sentir que mi corazón latía tan alocadamente que por un momento, creí que no podría serenarlo nunca más.

Soñoliento y con la cabeza dándome vueltas, respiré hondo varias veces para conseguir aplacar la creciente oleada de latidos que sentía en mi interior. Pasaron algunos angustiosos minutos en los que mi corazón golpeaba con fuerza en las paredes internas de mi pecho cuando con mi mente todavía aturdida, me dije que a la hora de pedir algunas cosas, hay que tener cuidado y pensar en las consecuencias que pueden acarrearnos el que nuestras peticiones sean satisfechas.

Hoy mismo por la mañana, a pesar de mis problemas financieros, de esa novia a la que no quiero volver a ver y al montón de años que tengo encima, lo cierto es que me siento contento de estar vivo y he decidido que no volveré a pedirle al “jefe” que me lleve con él. Seguramente, hay gente que lo merece más que yo y por otra parte creo que después de todo, lo mejor que puedo hacer es vivir plenamente porque para viajar al otro lado, ya habrá ocasión cuando de verdad sea tiempo de hacerlo. De momento, mejor me resigno a vivir...

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