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25 de mayo de 2020, 22:19:29
Opinión

Opinión: “De Un Ciudadano Cualquiera”


Contagiarse con Ébola: ¿Subir al pedestal de héroe o bajar al infierno?

Por [email protected]


Esto del Ébola es completamente nuevo para todos nosotros y hasta ahora se había mirado como un problema remoto, como uno más de los miles de problemas que tienen en África y por tanto,  no era algo que preocupara excesivamente a los gobiernos de los ricos países europeos.


Con el Ébola en cierto modo, ha ocurrido como con el VIH, el temible Sida (también originado en Africa) que hasta que no hizo estragos en figuras conocidas (especialmente del mundo del cine y el espectáculo,) no comenzó a preocupar de manera seria a la opinión pública de USA y Europa. En el caso del Sida, el rechazo inicial a los infectados se veía fuertemente agravado por el componente de ser presentado como una consecuencia de las prácticas homosexuales entre varones.

En nuestro país, la primera noticia de un religioso infectado de ébola en África generó una gran operación mediática de repatriación (con avión medicalizado y todo) cuyos gastos después de un corto desencuentro de opiniones entre responsables del gobierno, terminaron siendo asumidos por el erario nacional. Como todos sabemos tanto el primer religioso repatriado como el segundo en iguales condiciones, fallecieron sin que se pudiera hacer nada por ellos y lo curioso es que a ningún responsable de los servicios médicos o de la autoridad sanitaria o del gobierno, se les pasó por la mente acusar de irresponsables a estos religiosos por haberse contagiado de la mortal enfermedad y regresar al país, siendo virtuales embajadores del virus. Sin embargo, cuando una profesional de la salud que precisamente, atendió a estos religiosos resultó –desgraciadamente- contagiada, desde las esferas de la salud pública, se le ha acusado de ser la culpable o cuando menos la responsable, de su propio contagio. Es decir los misioneros que se contagiaron en terreno, fueron calificados de verdaderos héroes por el gobierno –por rendir su vida a la causa de ayudar al prójimo- y la auxiliar de enfermería en cambio, ha sido acusada de mentir, ocultar información y encima, contagiarse poco menos que a sabiendas y encima, poniendo en potencial riesgo a toda la población.

Lo que está claro en la opinión pública es que, mientras la repatriación de los dos religiosos infectados fue vendida por el gobierno como una gesta humanitaria con amplio despliegue noticioso, el caso de la auxiliar de enfermería quiso manipularse por los responsables sanitarios como una barrera o maniobra de distracción, frente a la creciente protesta de la ciudadanía  por el desmantelamiento de los servicios de salud pública, especialmente del hospital Carlos III. En este caso, y como en muchos otros, al gobierno le ha salido el tiro por la culata y el torpe manejo inicial de la llamada “crisis del ébola” no ha hecho más que socavar, el ya debilitado prestigio del gobierno como sabedor para enfrentar situaciones de crisis.

Afortunadamente la auxiliar de enfermería se está recuperando y pronto, tendremos la oportunidad de escuchar en sus propias palabras, su versión de los hechos que sin duda, chocará frontalmente con lo inicialmente expresado a los medios, por el consejero de sanidad de la comunidad. Se me ocurre que este hombre aguardará hasta ese momento, para presentar su dimisión, si antes no le cesa el propio presidente de la Comunidad.

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