Euromundo Global MADRID EDICIÓN DIGITAL
10 de julio de 2020, 21:47:50
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TESTIMONIO


Se llamaba Kira, una historia de amores perro

Por "Polofox" –desde Santiago de Chile


Hace varios años, Erika Hermann me regaló una bella cachorrita....esta es su historia: Durante los largos años de mi vida, he criado a muchos bellos canes, una de ellas fue Kira, una hermosa ejemplar de doberman canela y fuego (los café)


Era una perrita muy regalona, recuerdo que siempre espantaba a quien fuera, y después corría a esconderse entre mis piernas, tenia muchas gracias, una de ellas era reírse, para ello le decía...una risita Kirita... y ella toda coqueta como buena perrita que se precia de tal, pues movía su cola choca y me mostraba su perfectos caninos... como verán amigos, una perra que me llenaba que daba gusto...pero ya cuando llegaba a sus edad otoñal, un cáncer le agarró sus tetitas y una mastitis desgraciada se enquista en un maléfico cáncer... se me enflacaba día a día...pero ella no dejaba de comer, inquieta como en sus años de cachorra, en fin, hasta el último de sus días me enseñó que frente a lo inevitable, pues todo era cuestión de actitud.....y así, la miraba y veía que se me consumía más y más… hasta que notaba que era para ella un gran dolor...todas sus tetitas duras, enquistadas..y flaca que daba pena, pero igual comía mis comidas, como diciendo...papi… aun me como todo....agradecida de todo y de nada...

Recuerdo una vez, cuando estaba preñada de Panzer, un bello mestizo de labrador, amarillo como el oro, por esos días vivíamos en calle Tanennebaum, y Kira, con una panza que ya explotaba de llenita de cachorritos, llegaba yo a la hora de almuerzo, y se me echaba al suelo y me mostraba toda su pancita..y no había para ella máximo placer que le hablara y le rascara su guatita...solo así me dejaba tranquilo y podía seguir con lo mío...

Un día final, me la llevé al veterinario, era su hora, no soportaba mas verla así...mientras le hablaba las ultimas palabras de consuelo, el doc le afeitaba su patita para clavarla y la inyección de sobredosis de pentotal sódico a sus venitas... sus ojos amigos... sus ojos clavados en los míos mientras llegaba su fin... esos ojitos color verde, aun chispeantes, pero entregada a mis brazos, entregada a mi resolución... sin cobrar nada, sin quejas ni lamentos, solo una mirada agradecida… que lentamente se puso gris, difusa como la muerte misma... mis lágrimas me cubrían la mirada, y el veterinario frente a tal situación no era menos... la mirada enrojecida, dando el adiós a una bella doberman... se llamaba Kira… y se que en mis brazos se fue, para que en el día que me toque, ella salga nuevamente a mi encuentro moviendo su choca cola y mostrando esos bellos caninos....

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