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12 de diciembre de 2019, 3:53:45
Actualidad

Rajoy Entierra Su Primera Gran Crisis


La sentencia del chapapote: ganadores y perdedores de la catástrofe del Prestige


Los once años que han transcurrido desde el accidente que comenzó a dibujar el declive del último Gobierno de José María Aznar han dividido a los dirigentes que intervinieron de un modo u otro en aquella crisis nacional entre vencedores y vencidos. Mucho antes de que se conociera la sentencia del Prestige este miércoles, que ha absuelto a todos los procesados, la Historia se ha encargado de realizar su propio juicio sobre los gestores de aquel desastre ecológico, considerado uno de los más costosos de todos los tiempos.


Contribuyentes. Los grandes perdedores de la tragedia. La sentencia considera que los únicos tres procesados por el accidente no incurrieron en ningún delito, por lo que no se le puede exigir responsabilidad civil a nadie. La consecuencia más importante es que los seguros del armador no cubrirán los gastos que generaron las labores de regeneración de la costa y de extracción del crudo del interior del casco. La Fiscalía cifró en 4.328 millones de euros los gastos y los daños generados, y reclamó que los responsables del buque se hicieran cargo de ese importe. Pero el dictamen anula cualquier reclamación económica.

Mariano Rajoy. El Prestige fue la primera gran prueba de fuego del presidente del Gobierno, y no la aprobó. Para el recuerdo queda su célebre frase sobre el vertido de crudo, cuando aseguró que el problema se reducía a unos “hilillos solidificados con aspecto de plastilina”. Rajoy, que entonces era vicepresidente del Ejecutivo, tampoco destacó, al igual que el resto del Gabinete, por su capacidad de reacción, pese a su intensa conexión familiar con Galicia. Pero las urnas terminaron enterrando ese episodio nueve años después de que el buque con bandera de Bahamas se fuera a pique. Al menos, en el campo de la política.

La sentencia del Prestige es como aquellos aprobados generales que alegraban a los que iban a catear e indignaba a los que habíamos currado

Arsenio Fernández de Mesa. El actual director general de la Guardia Civil era en el momento del desastre el delegado del Gobierno en Galicia. Su gestión de la tragedia le ha perseguido desde entonces como una sombra pesada, condicionando su trayectoria y su actitud ante los medios. Durante el juicio, aseguró carecer de “capacidad” ejecutiva para intervenir en la gestión del Prestige y no haber dado “ninguna instrucción a nadie”, a pesar de que presidió el “órgano rector” que se creó para responder ante la opinión pública. Tras la sobreexposición de aquella época, Fernández de Mesa se refugia ahora en un medido segundo plano. Aquel bache lo superó gracias a la lealtad de Rajoy, que tras los ocho años de travesía por el desierto de la oposición decidió reconocer el desgaste que le causó ser el rostro de la crisis reservándole un puesto que habitualmente sólo cosecha excelentes noticias.

Anxo Quintana. Fue el político que más rentabilizó el Prestige. Su partido transformó el enfado inicial de los gallegos en una voluntad de cambio democrático. El resultado fue la disolución de la mayoría absoluta del PP y, por tanto, la salida de Manuel Fraga de la presidencia de la Xunta tras cuatro legislaturas consecutivas. PSOE y BNG aterrizaron en el Ejecutivo gallego y Quintana se convirtió en vicepresidente. La referencias del dirigente nacionalista al Prestige fueron continúas durante todo su mandato para tratar de mantener activo el sentimiento anti-PP, pero a los cuatro años del triunfo PSOE-BNG en las urnas, los populares recuperaron el poder con otra mayoría absoluta. Quintana ha dejado la política.

Nunca Mais. El tiempo ha pasado factura a la plataforma que catalizó el sentimiento de agravio por la gestión del Prestige. Sólo una treintena de personas se congregó ayer frente al Palacio de Justicia de A Coruña para aguardar la sentencia sobre la catástrofe, nada que ver con las miles que salieron en su día a protestar en las calles de Galicia exigiendo responsabilidades políticas por el desastre ecológico. El problema, además, no es sólo que el movimiento se ha disuelto, sino que lo ha hecho sin conseguir los objetivos que buscaba. Ni ha habido responsables políticos ni las autoridades han aplicado las reformas que pedían los ecologistas para evitar que otro caso Prestige pueda volver a producirse.  

Fuente: elconfidencial.com - J. M. Olmo - 14/11/2013

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